www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Penitencia para Zapatero

jueves 15 de mayo de 2014, 19:44h
La legislatura ha doblado sobradamente el cabo de los vientos y, casi dos años después de la caída del zapaterismo, la gran mayoría de los discursos del Gobierno siguen girando sobre la desgraciada herencia recibida. Cualquier crítica es inmediatamente contestada mentando “la bicha”.

Aunque, como al protagonista de la novela de Vila Matas, le hubiera gustado desaparecer, Zapatero no consigue hacerse invisible. Es cierto que los de su partido no le convocan ni siquiera para pegar carteles ni por supuesto, a ningún meeting o reunión de comité alguno, ofreciendo la sensación de que, como a algún otro jarrón chino, le consideran poco menos que apestado. Hemos conocido de boca de quien fuere su ministro de Cultura, César Antonio Molina, que: “Zapatero dijo que necesitaba una chica joven y más glamour”, y que por eso le cesó sin el mínimo rubor, y estas citas, desde luego, no contribuyen a mejorar su imagen.

Está demostrado que su libro, que tituló “El dilema”, no lo leyó ni su círculo familiar más íntimo y que su editor está buscando trabajo en Corea del Norte por lo que igual, en efecto, nuestro personaje opta por contar estrellas del cielo. En fin, cuando acude a algún acto más o menos institucional me dicen que apenas encuentra a alguien con quien pegar la hebra, más allá de algún camarero misericorde o de alguna señora, de canapé en mano,tan despistada como miope.

No está, sin embargo, demostrado que los versos de Puskhin se inspiraran en su persona: “Y leo mi vida con desprecio y repugnancia. Me maldigo y me estremezco. Me estremezco de horror y de espanto. ¡Señor, qué he hecho!. ¡Maldigo mis hechos crueles y vergonzosos, mis pecados mortales!. Y ya no miro a los demás, sino a mí mismo, a mi propio alma: allí sólo veo manchas negras que ya jamás se pueden borrar ni lavar con nada. Y siento vergüenza. Y un sentimiento nauseabundo me embarga y me da vueltas a la cabeza… Y de pronto me invade un espantoso dolor y una tristeza mortal, se me nubla la vista y está a punto de dar un grito”.


Pero el personaje despierta. Es otra vez la misma pesadilla Kafkiana que no le deja dormir, que le persigue día a día, noche a noche, que convierte su mirada en disjunta y perdida. Deambula errático como penitente encadenado a su pasado que no puede borrar, ni le permite desaparecer… como pretendería.

Enrique Arnaldo

Catedrático y Abogado

ENRIQUE ARNALDO es Catedrático de Derecho Constitucional y Abogado. Ha sido Vocal del Consejo General del Poder Judicial

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+
0 comentarios