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La Liga Hispánica

José Antonio Ruiz
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jantonruytelefonicanet/9/9/20
viernes 16 de mayo de 2014, 19:47h
"Pase lo que pase, las gambas se las siguen comiendo los mismos después de pelarlas con una sola mano". (…) Puede que la frase de Enrique el quiosquero no sea un alarde de complejidad argumental, ni dé lo suficiente de sí como para construir una tesis doctoral; pero describe de una manera muy clarividente el estado de opinión (entre la resignación y el encabronamiento) de buena parte de los parroquianos que asistimos, incrédulos, a la Misa Negra de España.

Los candidatos nos vuelven a sobar el lomo, como si fuéramos jumentos como el Platero juanramónjimeniano, con toda suerte de arrumacos y promesas inquebrantables a cuenta de Europa, la joven princesa que se trajinó a Zeus, lo amansó hasta convertirlo en un cabestro dócil, y se lo llevó asido por los pelos a la isla de Creta donde ambos dos se entregaron a la coyunda y a la procreación. Y nosotros nos dejamos acariciar, como el chucho de mi vecino, que no tiene rabo, como el perro del hortelano.

¡Cuánto daño han hecho a las libertades, en igual medida, los bipartidismos y los frentes populares, desde Sagasta hasta nuestros días, desde Manolo Azaña hasta las últimas falsas primaveras perrofláuticas!

Buscando el primer fotograma de Ben Affleck disfrazado de Batman en la secuela de Man of Steel, me tropiezo con un tal Felipe, que ha tenido la ocurrencia de proponer la constitución de un gobierno de concentración PP-PSOE para hacer frente a las dos grandes amenazas que se ciernen sobre esta cosa llamada España: el cantonalismo catalanista y aberchaloide, y el ocaso del bipartidismo a manos de las cofradías populistas nacientes.

Es lo que tienen los ex presidentes: que andan sobrados de tiempos muertos y de pronto a uno le da por ojear los libros de Historia de la estantería del casoplón de Velázquez y se tropieza con el trienio liberal de Pedrojota y con la restauración borbónica. Y corre el riesgo de pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor.

Está visto que este país nuestro no escarmienta ni en cabeza propia, pues parece haber perdido la memoria hasta el olvido de no recordar cómo acabaron ambos episodios: el uno, con la ejecución de Riego, a quien colgaron por el pescuezo en la horca de la Plaza de la Cebada de Madrid que durante un tiempo hizo las veces de Matadero de la Villa y Corte; y el otro, con el abuelo de Juan Carlos, Alfonso XIII, saliendo por piernas de España, gritando ¡Viva Cartagena! camino del exilio. El único que se lo montó divinamente fue el general Martínez Campos, otro salvapatrias con más estrellas que en el cielo, que sigue subido a lomos de su caballo, relinchando y trotando por el Parque del Retiro las noches de luna llena.

FG fue primero con el cuento al Rey, a ver si bendecía la idea y respaldaba su candidatura al Premio Emprendedor Joven del Año. Y a la salida de Zarzuela, hizo lo que José Mota: ahora, vas y lo cuentas. Tal cual más o menos se ha gestado la matraca de la gran coalición, casualmente cuando puede que la supervivencia del bipartidismo y de los Borbones vaya incluida en el mismo paquete.

Sólo habrá pacto entre sociatas y peperos cuando ambos dos se vean simultáneamente con la soga al cuello. Lo malo es que para entonces puede que sea demasiado tarde, porque estará Amadeo, el verdugo de Berlanga, esperando para darles garrote en el corredor de la muerte.

Las coaliciones políticas siempre han sido fruto indeseable de la debilidad. Las más de las veces han fraguado in extremis, como último recurso, a regañadientes, porque ninguno de los miembros de la santa alianza tenía el suficiente apoyo electoral como para gobernar en solitario y mandar a tomar por el saco a su contrincante en lugar de tener que aguantar sus impertinencias en el Consejo de Ministros.

El señuelo de la estabilidad y el argumento del voto útil suele ser la cantinela de los regímenes bipartidistas. Casamientos de conveniencia. Pocos lienzos resultan más empalagosos que el de La Libertad guiando al pueblo de Delacroix, el del sombrero de copa, la imagen onírica de los burgueses oprimidos que se abren paso entre las barricadas, dispuestos a pasar por la guillotina a Carlos X de Francia por hijoputa. Lirismo romántico tupperware.

Cuánto juego ha dado a los ignorantes la alegoría de la libertad, y cuánto que hablar la tal Marianne con el gorro frigio y la bandera tricolor. Aquella fue la historia de un camelo, que amenaza con reeditarse, pues sucedió como en el Gatopardo viscontiano, porque echaron al Borbón y colocaron en su lugar a Luis Felipe de Orleans, más de lo mismo pero con pasaporte burgués.

Siempre ganan las guerras los mamelucos y la pierden los insurrectos, que las más de las veces acaban fusilados, andando el florido mes de mayo, en la montaña del Príncipe Pío, donde el Templo de Debod que nos regalaron los egipcios.

La idea de un pacto de conveniencia PP-PSOE en el supuesto hipotético de que el Congreso quede tan fragmentado que no hubiese una opción viable, puede que no sea ninguna tontería. Lo que da risa es que González la esgrima apelando al bien de España, después de los sucesivos cordones sanitarios y del pacto del Tinell de diciembre de 2003 que culminó con la investidura de Pasqual Maragall como presidente de la Generalidad, gracias al apoyo de Carod-Rovira y Saura.

"Mientras yo sea secretario general del PSOE no habrá un Gobierno de concentración", se ha aprestado a asegurar, tajante, Rubalcaba, quizás porque teme que el PP de Mariano se pida el papel de disolvente y su partido haga las veces de soluto y tenga peor final que el PASOK griego.

La guinda del pastel la ha puesto Ramón Jáuregui, número dos del PSOE en la juerga europea, proponiendo la disolución de las Cortes a finales de 2015 para reformar la Constitución. Hay políticos que se siguen preguntando si son superdotados.

Ya está tardando Gaspar Llamazares en saltar al ruedo de Las Ventas para sugerir la conveniencia de plagiar el modelo cubano de Fidel, a la vista de las escasas probabilidades de que prospere el modelo alemán, el ménage à trois de la CDU de la canciller Merkel, los democristianos bávaros de la CSU de Horst Seehofer y los socialdemócratas del SPD.

Por San Isidro, bocata de calamares. ¿España? Derecho al olvido. No lo sé. No me consta. No me acuerdo, que diría la infanta. Al tiempo, el día menos pensado descubrimos que España no es España, como ha sucedido con Nicole Kidman, que ni se llama Nicolasa ni nació en Australia.

Claro que no merece la pena que nos preocupemos más que lo justo, sabiendo como sabemos que la fusión de los glaciares de la Antártida es irreversible.

Comprenderán que no esté de humor para preguntarme cómo se las arreglan los astronautas para tener sexo en el espacio.
Why Spain is a two-party state. When winner takes all. España: no me quieras tanto.


José Antonio Ruiz

Periodista

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