www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

¿PODEMOS o no podemos?

lunes 30 de junio de 2014, 14:12h
Actualizado el: 07/08/2015 09:19h
La vida es un gran ejercicio de traducción. Uno entra un día en ella y sale otro, por el foro, con mutis o con homenaje, pero sale. Sale después de haber llevado a cabo un gran ejercicio de traducción vital. En ese ejercicio, ha cambiado las palabras de sus padres por otras que son ligeramente diferentes, ha modificado las imágenes heredadas que ahora son las mismas pero también son otras. Ha asimilado olores, sabores, visiones, tactos de otros lugares, de otros tiempos, y les ha puesto nombres, nombres nuevos que son recombinación de los antiguos. Ha traducido, de lengua a lengua, o de código a código, de la vista a la palabra, de la palabra a la vista, en una écfrasis constante y absolutamente inconsciente. Uno piensa que ha vivido, cuando en realidad ha traducido.

La traducción se basa en el cambio. No es lo mismo decir “vaso” que “glass”, por ejemplo. Los procesos mentales son parecidos, pero cognitivamente diferentes. Cuando digo “vaso” hago una metonimia basada en la relación objeto/función, me fijo en que un vaso contiene algo. Cuando digo “glass” hago una metonimia basada en el material con el que algo está hecho, me fijo en que ese objeto está hecho de cristal. En ambos casos (y casi en todos los casos de la vida) una cosa no es algo en sí, sino sus propiedades. O, mejor dicho, alguna de sus propiedades, una abstracción.

La traducción –que es la vida-- es siempre cambiante, ya que podemos seleccionar unas propiedades de un objeto u otras. La traducción nos aboca a un mundo flotante. Por eso, el mundo flotante, el “ukiyo” japonés, nos conduce a un sentimiento de melancolía, de añoranza, de tristeza, el “mono no aware”. La añoranza de las cosas. Añoramos lo que indefectiblemente cambia porque nos gustaría que no cambiara, que su estado y el nuestro, fuera eterno, inmutable, inevitable. Y nunca es así.

La política refleja nuestras aspiraciones. En ella o a través de ella, nos traducimos y aspiramos a ser mejores, más ricos, más sanos, más iguales, más generosos, más conmiserativos… O a que nos respeten más, a que nos consideren más, a que nos hagan más caso. La política, aparte de los materialismos del siglo XX, es una forma de estar en el tiempo, una forma de intentar pervivir. Por eso, interesan dos preguntas. La primera, ¿a qué aspiran ahora los españoles? Y la segunda, ¿cuál es la aspiración de “Podemos”?

Determinar las aspiraciones de los españoles es complejo, ya que son varios y diferentes. Pero me atrevo a decir que muchos españoles quieren hoy dos cosas en particular: más transparencia en la política y en la vida pública (estatal) española y menos privilegios para la casta política y los partidos políticos y, por extensión, para la clase financiera. Menos privilegios que faciliten y encubran desviaciones de poder y de fondos, que permitan actuaciones torticeras de la justicia, que frenen el acceso a la vida económica de grandes partes de la población, que pongan el peso de las crisis en unos y el de las ganancias en otros. Por el inevitable reparto natural del poder, el grupo que ofrezca esto será favorecido en las urnas, con independencia de las ideologías tradicionales.

¿Y cuáles son las aspiraciones de “Podemos”? De entrada, toma el “Yes, we can” de Obama y lo traduce. Además, como Obama, usa un grupo de jóvenes para manejar las redes sociales en la campaña. Obama fue el artífice de un cambio de estilo en la Casa Blanca: del Clinton con un cigarro habano en la boca y una becaria mollosa en la alfombra, se pasó al candidato delgado en mangas de camisa y las becarias con gafas de pasta y ensalada en tupper de plástico en los ordenadores. Vale, “Podemos” usa parte del estilo de Obama. ¿Pero y lo demás?

Si alguien ha leído el programa electoral de “Podemos” verá que fija como objetivos muchas cosas absolutas: eliminación de los paraísos fiscales ubicados en territorio de la Unión Europea, supresión de las SICAV, limitación estricta de los gastos en campaña electoral, así como de las subvenciones públicas a los partidos, salario máximo para políticos no superior al salario medio establecido en el país por el cual han sido elegidos, limitación temporal en el ejercicio del cargo público no superior a dos legislaturas… En definitiva, estas y otras medidas que apuntan a un mayor control de la actividad política por parte de los electores y del propio sistema.

Por otro lado, también fija objetivos como los siguientes: renta para todos los españoles por el hecho de serlo, prohibición de los despidos en empresas con beneficios, control sobre el Banco Central Europeo, creación de un Registro de Viviendas Desocupadas, favorecimiento del retorno de investigadores y científicos españoles en el extranjero, desarrollo del mundo rural, lucha contra el calentamiento global.

A simple vista, parece que el programa de “Podemos” oscila entre dos bloques de medidas: el primero, compuesto por objetivos contra la corrupción y los privilegios políticos; el segundo, formado por medidas, que en vez de llamar populistas, adjetivaremos de “muy ambiciosas”. Y dado que el exceso de promesas lleva a casi un seguro incumplimiento de ellas, la pregunta que enseguida viene es ¿podrá sobrevivir “Podemos” a ese exceso de ambición?

Que España necesita una regeneración en su actividad política es indudable. Que los principales partidos han dilapidado el crédito que tenían, también. Que hay grandes partes de la población dispuestas a dar su voto para corregir los excesos políticos que se han dado y se siguen dando en la democracia española, es evidente. Ahora bien, que el partido que ofrece eso tenga que ofrecer también la luna llena la escena de interrogantes. ¿Es necesario hacerlo? El exceso de ambición, ¿no será un lastre demasiado pesado?

“Podemos” ofrece el “Yes, we can” traducido, y una luna que flota reflejada en un cubo. Una imagen lorquiana donde las haya. Las palabras parece que están quietas, pero en realidad son una traducción, un reflejo. La luna, por otro lado, oscila, desvelándonos su naturaleza inherente de ilusión visual. Dos reflejos. Las cosas cambian. Nuestras vidas son una continua traducción. La política, traducción de traducciones.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+
0 comentarios