RESEÑA
Agnès Martin-Lugand: La gente feliz lee y toma café
lunes 30 de junio de 2014, 14:12h
Agnès Martin-Lugand: La gente feliz lee y toma café. Traducción de Juan Carlos Durán Romero. Alfaguara. Madrid, 2014. 200 páginas. 17 €. Libro electrónico: 8,99 €
Nos encontramos ante una novela de búsqueda de luz al final del túnel. La narradora homodiegética de la obra, al tiempo narradora y protagonista de la trama, plasma con maestría la conciencia de malestar que vive y la debilidad de su carácter para acometer la situación. Pero se retrata con inmenso cariño el perpetuo ejercicio de reponerse que lleva a cabo, propiciado por la gente buena que le rodea. Su nombre es Diane, es una viuda que ha perdido en un mismo accidente a su marido y a su hija de cinco años. Otro personaje central es Edward, un huérfano melancólico que vive absorbido por una relación insana. Un cascarrabias que, sin embargo, está protegido por la energía incansable que le otorga su hermana Judith y sus pacíficos tíos Jack y Abey.
La situación de Edward dará una vuelta de tuerca cuando conozca el sufrimiento de Diane. Diane, parisina que dirige una café literario, realiza un cambio de vida mudándose a un pueblo remoto de Irlanda, tras un año de dolor por el accidente que ha destrozado a su familia. Tras varios meses de retiro en la naturaleza del país gaélico y sufriendo reiterados choques debido a la rudeza de su vecino empezará a tomar conciencia de su situación.
La solución a estas vidas destrozadas se irá desentrañando a lo largo de la novela en una introspección que, como el hilo de Ariadna, conduce a los secretos más escondidos de la naturaleza humana. Y es que estos personajes son plenamente humanos y el retrato polifacético y psicológico que de ellos hace la autora, consigue que cualquier lector pueda empatizar con los momentos recreados en la obra. La luz que buscan nuestros personajes, o las tinieblas a las que se resignan y la insistencia en empujarlos al resurgir vital de su gente más cercana, aparece esbozada ya en el título: la gente feliz lee y toma café. No pedirle a la vida más de lo que puede dar, unido a la reflexión y a la conciencia de la propia realidad con todo lo que conlleva y la dureza de las situaciones de los protagonistas, son los pasos precisos para alcanzar la serenidad y, tras ello, recobrar la ilusión.
Toda realidad, hasta la más sórdida, es reconstruirle, y el ser humano, como ningún otro en el mundo, puede llevar a cabo esa tarea acompañado de la impagable ayuda de quienes más nos quieren. Diane viaja a Irlanda para conocer el país amado por su difunto esposo, cuando su amigo Felix insiste en que se recomponga viajando a un resort de la playa. Ella decide no dejarse arrastrar más ni ser una carga. Toma conciencia de sus posibilidades, de la lucha que debe realizar para reponerse y del esfuerzo que eso cuesta. El caso de Edward se plantea más adelante, fruto del cambio que la personalidad de Diane le ha suscitado. En esta novela la naturaleza no dice lo que es ni se explica, simplemente estalla.
Así el café literario del centro de París, el paisaje natural de Mulrany, el pueblo donde acude Diane para liberar su ser y las islas de Aran serán algunos de los escenarios de estallido de sentimientos, lugares donde los protagonistas encuentran el eco de su interior y se abren, por fin, en un florecimiento que les encumbrará a lo más alto. La introspección psicológica llevada a cabo en esta obra solo sería posible de manos de una psicóloga clínica vocacional como Agnès Martin-Lugand.
Por María Jesús Paredes