RESEÑA
J. J. Armas Marcelo: Réquiem habanero por Fidel
lunes 30 de junio de 2014, 14:12h
J. J. Armas Marcelo: Réquiem habanero por Fidel. Alfaguara. Madrid, 2014. 272 páginas. 18,50 €. Libro electrónico: 9,99 €
“Sabemos que no ha muerto porque no puede morir, carajo, es inmortal”. Esta es la primera reacción de Walter Cepeda, coronel retirado de la Seguridad del Estado en Cuba, cuando su hija le llama desde España para anunciarle que ha saltado la noticia de la muerte de Fidel Castro. En la isla caribeña no se ha dicho nada al respecto, y Walter no se lo cree o no quiere creérselo. Aunque, en realidad, da lo mismo. Lo importante es que el aviso despierta en “el seguroso” -como les calificaban con desprecio- un hervidero de recuerdos, de sentimientos encontrados, de lacerantes contradicciones que recuperan todo una vida que quizá juzgue ahora perdida. O puede que no. Lo importante es que esa voz, en primera persona, y con la “música” de fondo de los ladridos de María Callas, la perra de su vecino, nos narra su historia -y, por ende, la de un país-, y nos sumerge en ella sin que podamos abandonarla hasta llegar al final de la última novela de J. J. Armas Marcelo (Las Palmas de Gran Canaria, 1946), que este lunes 2 de junio a las 19:00 h. presenta Jorge Edwards en Ámbito Cultural de El Corte Inglés de la madrileña plaza de Callao.
La hija de Walter Cepeda, Belinda, de quien su padre dirá “mi gran error, mi gran decepción, mi gran humillación”, nunca creyó en las supuestas bondades revolucionarias. Desde niña, quería salir de Cuba y lo consiguió, afincándose en Barcelona donde trabaja como bailarina. Al igual que muchos otros cubanos que decidieron al comprobar cómo el impulso de una posible utopía que llevó a hacer la Revolución se fue cuarteando, pudriéndose, enfangándose, hasta convertir la perla del Caribe en un corrupto “santuario en ruinas”, donde sus habitantes intentan sobrevivir malamente. A Walter, al jubilarse de sus turbios cometidos en la Seguridad del Estado, el régimen le compensa sus servicios facilitándole un Mercedes para que lo utilice como taxi con esos turistas que llegan a La Habana muchas veces en busca de sexo y diversión. Antes, ha sido un “patente de corso”, que solo tenía que obedecer ciegamente y rendir cuentas al Comandante en Jefe, primero el propio Fidel y después su hermano Raúl.
La novela, en la que los personajes de ficción se entremezclan con los reales, incluye escenas impagables como el ataque de furia que le da al Che Guevara ante los libros de Virgilio Piñera, que tira de las estanterías para pisotearlos y darles patadas. Hasta aparece como personaje el propio J. J. Armas Marcelo, en uno sano ejercicio de autoironía, calificado por Manuel Vázquez Montalbán como “uno de nuestros cubanólogos oficiales”. Más allá de la broma, Armas Marcelo es un gran conocedor y amante de la isla, de su cultura y de sus gentes, y la ha visitado en numerosísimas ocasiones.
Esto le permite presentar un mundo complejo, no meramente en blanco y negro. Así, si bien no justifica a su personaje Walter Cepeda, sabe, como los grandes creadores, comprender a su criatura en sus luces y sus sombras. Réquiem habanero por Fidel, que cierra la trilogía sobre Cuba de su autor, formada por Así en La Habana como en el cielo y El Niño de Luto y el cocinero del Papa -aunque pueden leerse de manera independiente-, se encabeza con una cita de Guillermo Cabrera Infante, a quien está dedicada la obra. Una obra que, aunque denuncia un régimen represor, ahora en sus estertores, trasciende la política y nos sirve una historia humana, con un punto de nostalgia por lo que pudo ser y no fue, escrita con brillantez.
Por Carmen R. Santos