Descubrir España: Ponferrada
Manuel Sánchez de Diego
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msdiegoucmes/7/7/11
lunes 30 de junio de 2014, 14:12h
Actualizado el: 07/08/2015 08:52h
A veces los españoles tratamos de encontrar fuera de nuestras fronteras algo que tenemos aquí. Podemos descubrir paisajes, montañas, castillos, ruinas, buenas viandas y vinos y, cómo no, gentes agradables y acogedoras, a sólo unos pocos cientos de kilómetros de nuestro hogar. Joyas de nuestro presente que no deberíamos despreciar.
Todo esto lo cuento porque acabo de llegar de Ponferrada, adonde me había llevado una conferencia sobre la nueva Ley de Transparencia. La imagen que tenía de Ponferrada se asociaba al carbón, a fachadas negras y a una villa perdida a orillas del Sil. Nada más lejos de la realidad. Me he encontrado con una ciudad luminosa, limpia y agradable, vigilada por un castillo de Templarios, con un casco histórico bien conservado –aunque siempre hay algún edificio que marca la nota discordante , con peregrinos paseando y varios museos dignos de visitarse. Seguramente habrán oído del museo de la radio de Luis del Olmo, que aporta una interesante colección de aparatos de radio, pero hay más, mucho más.
Un museo del ferrocarril, con máquinas centenarias. Una de ellas rehabilitada y capaz de moverse pifiando vapor para lo cual necesita una gran carga de madera. La número 31 construida en Alemania en 1913 y que a través de la vía estrecha unía Ponferrada con Villablino arrastrando tres vagones de pasajeros, carga y correo.
Un castillo de Templarios al que se ha despejado de casas que se apoyaban en sus murallas y que se empleó hasta de campo de fútbol. Piedras milenarias que si pudieran hablar nos sorprenderían con historias de guerra y paz, y que en la actualidad acoge “Templum libri” una exposición de libros facsímiles, de autor y obra gráfica que les sorprenderá.
Asombra en esta ciudad la cercanía de las montañas. Incluso los neveros parecen estar a un tiro de piedra. Detrás de aquella colina se encuentra el Valle del Silencio me comentan . Más allá se hallan varios edificios mozárabes –continúan una improvisada guía. El fin de semana pasado llegué hasta allí en mi bicicleta y te aseguro que esa nieve que se ve como una pequeña mancha blanca tiene por lo menos 4 metros de profundidad –apuntaba un atlético concejal.
También me ha sorprendido cuando después de inaugurar las jornadas sobre transparencia, los políticos no desaparecían como suele ser habitual y se quedaban a escuchar y a participar. Lo cual es de agradecer.
Puestos a sorprendernos hay que apreciar el cambio en los vinos del Bierzo, antes necesitados del maridaje de una buena gaseosa, ahora equilibrados, con cuerpo, buen olor, color y sabor. Vinos tintos de uva mencía y blancos de godello. Todo un placer en la boca.
Todo ello hace que desee volver ya, bien como peregrino con parada y fonda o como visitante de la trepidante tranquilidad de una ciudad que trata de redescubrirse y que ha conseguido ser una de las ocho de España que consiguió la máxima calificación en el Índice de Transparencia de los Ayuntamientos del año 2012.
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Abogado y Periodista. Profesor de la UCM
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