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Hatikvá

jueves 15 de mayo de 2008, 20:45h
Hace ahora 60 años, David Ben Gurion proclamaba oficialmente el nacimiento del Estado de Israel. El 14 de mayo de 1948, un año después de que Naciones Unidas votase a favor de la partición de Palestina en dos estados, uno judío y otro árabe, Israel ponía fin a una andadura que bien pudo iniciarse allá por el año 1.200 A.C. Es aquí donde hallamos la primera referencia a Israel, contenido en la llamada “estela de Israel”, o “estela de Merenptah”, hijo del faraón Ramsés II a quien la tradición bíblica adjudica el papel de perseguidor de los hebreos en su retorno a la “tierra prometida”.

Seguirían las turbaciones de Israel con Nabucodonosor, que en el 587 A.C. saqueó Jerusalén y destruyó el templo. Otro tanto haría Roma posteriormente, ya en el año 70 de nuestra era, arrasándola de nuevo por medio de Tito. Babilonios y romanos se convertirían así en los causantes de la primera y segunda diásporas, que marcarían el inicio de la migraciones judías por medio mundo, y las subsiguientes persecuciones. El antisemitismo alcanzaría cotas inusitadas tanto en la Edad Media como en la Segunda Guerra Mundial, con el exterminio de más de 6 millones de judíos, por el mero hecho de serlo.

No son sólo motivos históricos, como muchos pudieran creer. Bien es cierto que las aspiraciones sionistas se ven plasmadas en la Declaración Balfour, a través de la cual Inglaterra se declaraba favorable a la de creación de un “hogar nacional judío en Palestina”. Pero no es menos cierto que un gran número de judíos ya vivían legalmente en lo que hoy es Israel. Hubo, efectivamente, árabes que perdieron sus posesiones a manos judías, pero también se dio el caso contrario, convenientemente silenciado. Y no hay que olvidar el gran número de guerras en las que se ha visto envuelto Israel, contra enemigos mucho más numerosos: Egipto, Siria, Irak, Jordania, Líbano…todos han sido derrotados. Y en la práctica totalidad de contiendas hubo un nexo común: el carácter defensivo de las acciones bélicas de Israel. El ejemplo más claro, el sur del Líbano, desde cuyo suelo terroristas de Hizbolá hostigaban –y hostigan- continuamente a las poblaciones del norte de Israel. Algo parecido a lo que hacen los milicianos de Hamás desde la franja de Gaza. No obstante, Israel resiste, y lo hace bien. No en vano, ocupa el puesto 23 de 177 países valorados en el Índice de Desarrollo Humano de la ONU, lo que lo sitúa en el puesto más alto de Oriente Medio y en el tercero de toda Asia. Es además una democracia real, auténtica rara avis en su entorno geopolítico. Su himno nacional recibe el nombre de Hatikvá, “esperanza” en hebreo; tal nombre define bien a las claras uno de los pilares en los que se ha basado la fuerza de Israel. Ojalá esa esperanza cristalice en una paz próxima y duradera. Ya va siendo hora de decir Mazel Tov, “buena fortuna”.

Antonio Hualde

Abogado

ANTONIO HUALDE es abogado e investigador de la Fundación Ortega y Gasset

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