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crónica de américa

Guerra civil en el chavismo

lunes 30 de junio de 2014, 14:12h
Leyenda viva de la izquierda hispanoamericana y hombre de confianza en materia económica de Hugo Chávez, Jorge Giordani, ahora destituido, controlaba con mano férrea el experimento socialista venezolano. La decisión de Nicolás Maduro de ordenar su relevo ha iniciado una guerra civil entre los dirigentes de la revolución bolivariana que apunta a un desenlace catastrófico.
La primera fractura grave en el seno del chavismo ha sido tan virulenta que amenaza con desencadenar un ajuste de cuentas implacable entre los hasta ahora camaradas de la revolución bolivariana en Venezuela. Los sucesos se han desarrollado con tal rapidez y vehemencia que todo hace pensar que los cuchillos ya se habían afilado en la sombra durante la enfermedad terminal de Hugo Chávez y el encumbramiento de Nicolás Maduro, aunque las puñaladas solo se han hecho públicas en los últimos días. La proximidad del congreso del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) augura una descomposición y lucha por el poder descarnados, en ausencia del caudillo que los mantuvo hasta el momento férreamente cohesionados.

El presidente venezolano ha tenido la osadía de destituir al líder histórico Jorge Giordani, verdadero zar de la economía chavista en los últimos lustros. El cese, comunicado a través del programa de radio y televisión “En contacto con maduro” -un estilo de Gobierno con toma de decisiones en vivo y en directo, una forma de telerrealidad inventada por Hugo Chávez-, ha sido tomado como una afrenta por el ministro de Planificación Giordani, quien conoció al Comandante en la Cárcel de Yare en 1993, donde cumplía condena por su intento de golpe de Estado contra Carlos Andrés Pérez, convirtiéndose desde entonces en su mano derecha en cuestiones financieras. Nicolás Maduro pretendió sellar la boca de Giordani acompañando su destitución con almibaradas palabras que los hechos han demostrado falsas y llenas de hipocresía. El mandatario lo calificó como “un hombre entregado con honestidad. Va seguramente a incorporarse a algunas nuevas tareas que la revolución le asignará. Pido un aplauso por él, todo nuestro reconocimiento, todo nuestro amor y nuestra mano extendida.”

Jorge Giordani no mordió el anzuelo de esta verbosidad empalagosa y desdeñó el puente de plata que le tendía el actual jefe de Gabinete. Solo un día después publicó en el digital “Rebelión” y en el portal chavista “Aporrea” un durísimo informe donde se desvela la corrupción interna en el movimiento bolivariano con secretos que nunca antes habían salido a la luz y que constituyen gravísimas vulneraciones de las leyes constitucionales. Esta pedrada entre ceja y ceja contra el Gobierno venezolano, al que había pertenecido hasta el día anterior, se completaba con un ataque frontal y sin concesiones contra Nicolás Maduro, a quien acusa de carecer de los más elementales conocimientos de economía, estar a merced de grupos chavistas enriquecidos con los dividendos del petroestado y de estar ayuno de cualquier capacidad para un verdadero liderazgo.

Nada más tomado acuse de recibo de esta andanada, Nicolás Maduro tornó sus melosos palabras de la víspera en un réplica llena de ganchos a la mandíbula. Refiriéndose a Giordani, Maduro afirmó que hay compañeros que “pretenden y prefieren refugiarse en la retaguardia de la retaguardia y convertirse en cronistas del fracaso, convertirse en algo así como en los cronistas favoritos de la derecha porque no entienden el corazón del pueblo.” Remachando que en Jorge Giordani “ha pesado más el gran ego pequeño burgués y el orgullo, que la humildad de un pueblo que merece que trabajemos por ellos”. De ser un “hombre entregado con honestidad” a la revolución, el defenestrado ministro pasó a ser, al día siguiente, alguien solo motivado por su “gran ego pequeño burgués”.

La descalificación de Maduro, sin embargo, ha servido de muy poco para zanjar la cuestión, ya que el contenido del informe del exministro de Planificación posee un material explosivo que el actual Gabinete no puede desactivar. Algunos líderes del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) han intentado templar gaitas mediante el conocido recurso de interpretar el ataque como un síntoma de discusión creativa. Es el caso del diputado Fernando Soto Rojas quien ha mantenido que se trata de un saludable “debate de ideas” dentro de la organización.
No piensan lo mismo los más diversos dirigentes del Polo Patriótico, coalición que agrupa a los partidos de izquierda que, junto al PSUV, gobiernan hoy en Caracas. El presidente del partido Unidad Popular Venezolana, Humberto Berroterán, por ejemplo, ha montado en cólera contra Jorge Giordani afirmando que “nadie va a acompañar a Giordani en esta aventura desvergonzada. Es un perfecto desconocido para los venezolanos. Había un descontento con él y se tomaron los correctivos.” El documento del exministro acababa con una frase atribuida a José Saramago que el ya anciano dirigente hacía suya: “Mientras más viejo más libre, y mientras más libre más radical”. Berroterán le ha corregido del siguiente modo: “Mientras más viejo, más sinvergüenza y más desleal.”

Otros partidos del Polo Patriótico, como el Movimiento Electoral del Pueblo, a través de su secretario general, Wilmer Nolasco, consideró, muy al contrario, que el documento contiene “denuncias claves” de hechos muy graves que exigen una reunión de emergencia de todas las organizaciones que apoyan al Gobierno chavista. En este maremágnum de declaraciones encontradas la Dirección Nacional del PSUV ha comenzado a solicitar “lealtad” a sus militantes. Sin embargo, para algunos de sus máximos dirigentes, como Freddy Bernal, esta ha sido la oportunidad perfecta para demandar mayor democracia interna, recurriendo al argumento de que “ser crítico y autocrítico es ser defensor de los principios de Hugo Chávez.” Las posiciones contrapuestas acaban de poner a prueba la unidad del Partido Socialista Unido de Venezuela, donde la disensión alcanza por momentos cotas insospechadas hasta el punto de que el sectario presidente del Parlamento, Diosdado Cabello, durante su programa “Con el mazo dando”, ha llegado a confesar: “No habrá circunstancias ni momento que me haga dudar y el día que me tenga que ir, si me tengo que ir, me iré como llegue a este movimiento: en silencio.” Declaración que no ha sido óbice para recalcar simultáneamente que “hay que saber diferenciar entre una crítica y una actitud malintencionada. No es hora de traiciones, no es hora de deslealtades, es hora de la unidad revolucionaria.” La fractura irreversible ya ha sido detectada incluso por los en apariencia más incombustibles.

¿Por qué Jorge Giordani ha logrado desatar esta guerra civil en el chavismo? Se ha de tener presente que nos hallamos ante una leyenda viva en la izquierda venezolana con amplia repercusión en Hispanoamérica e incluso en España, a través de la plataforma Podemos. Curiosamente Giordani no nació en Venezuela, sino en la República Dominicana, hace 74 años, hijo de madre española y de padre italiano, militante comunista que combatió en la Brigada Garibaldi durante la Guerra Civil española. Vinculado a las organizaciones comunistas venezolanas, se convirtió en la mano derecha en materias económicas de Hugo Chávez después de su intentona golpista. Dentro de su mitología personal, obtuvo el apodo de “El Monje” por su forma ermitaña de vivir. Al frente del ministerio de Planificación y Desarrollo durante quince años, instauró la actual economía intervenida estatalmente que deseaba el Comandante Chávez. Como uno de los dirigentes más radicales de la izquierda, fundó un grupo de discusión de profesores comunistas bautizado Grupo Garibaldi en honor de su padre. Eliminó el mercado bursátil en Venezuela, haciendo encarcelar a diferentes directivos de la Bolsa. Promovió toda clase de controles, especialmente el cambio de moneda, creando el Sistema Complementario de Administración de Divisas, clave para apoderarse de los ingresos de la venta petrolífera, además de impulsar la Ley de Costos y Precios Justos, medidas que han desembocado en el desabastecimiento del país y en la inflación más alta del mundo, hoy el 60 % interanual, con la previsión de alcanzar en los próximos meses el 80 %.

Esta leyenda viva de la izquierda hispanoamericana ha encabezado el documento publicado al día siguiente de su destitución con el título de “Testimonio y responsabilidad ante la historia”, afirmando que se ha visto obligado a redactarlo por “razones de conciencia”. Aparte de su enérgica descalificación de Nicolás Maduro como persona incapaz de liderar ningún proyecto e imitador sin gracia del Comandante Chávez, su “Testimonio” saca a la luz los entresijos mafiosos y delictivos del chavismo remontándose al menos a la época de la enfermedad letal del caudillo. Para entonces, el todopoderoso ministro de Planificación había elaborado el “Programa Patria” que Chávez no pudo leer y pasó a manos de su sucesor Maduro. En él se denunciaba la maquinaría de poder de grupos internos y externos al chavismo, que les había permitido amasar ingentes fortunas a costa de los beneficios petroleros. Del mismo modo se alertaba de cómo el sistema de control de divisas creado por él mismo estaba beneficiando a determinados dirigentes a costa de provocar un creciente desabastecimiento de la población y desatar una tormenta inflacionaria. En su “Testimonio” el exministro de Planificación atestigua cómo esos círculos de poder chavista han venido actuando en combinación con asesores franceses de los cuales las bases no tenían la menor noticia. Asimismo ofrece datos incontestables de que el desequilibrio interno se volvió angustioso cuando hubo de sufragar la última campaña electoral de Hugo Chávez, que consumió ingentes cantidades de dinero para evitar la “arremetida de los grupos fascistas del país y sus aliados en el campo del Gobierno norteamericano.”

Giordani acusa a Maduro de echar en saco roto estas advertencias y de instalarse al frente de los grupos de corrupción señalados, lo que explicaría su decapitación política. Los detalles aportados por “El Monje” son concluyentes, manejando información interna de primera mano. La inflación y el desabastecimiento del país no se deben a la acción de acaparadores, como proclamase Maduro, instigando al saqueo de superficies comerciales y arrogándose poderes plenipotenciarios para vencer en una imaginaria “guerra económica”. El “Testimonio” de Giordani más bien confirma que esa situación ha sido gestada por grupos corruptos con la colaboración necesaria de la elite chavista. “El Monje” advierte -a buenas horas- que los gastos sociales del Estado venezolano son insostenibles con la actual línea política por el simple hecho de que exceden monumentalmente los ingresos, por lo que considera que las Misiones impulsadas hoy por Maduro, guiadas por el clientelismo donde se regala todo aquello que los electores de la izquierda demandan, tendrá un final catastrófico. Viniendo de un mito del socialismo venezolano, la advertencia -obvia- posee particular crédito entre los activistas de la izquierda.

El “Testimonio” confirma, a su vez, de qué modo los mastodónticos gastos electorales para mantener la presidencia, no provenían del PSUV, sino directamente del erario público, al servicio de los candidatos oficialistas. Información revelada que demuestra cómo el chavismo ha violado los artículos 52, 54, 56 y 68 de la Ley contra la Corrupción. En su pedrada contra la cabeza del actual Gobierno, Jorge Giordani se ha apedreado, de rebote, a sí mismo. Partidos opositores como Un Nuevo Tiempo, o el democristiano Copei, ya han señalado al exministro como cómplice de las malversaciones que él mismo denuncia, exigiendo una investigación penal sobre todo lo desvelado.

Pero en un país moldeado al capricho de un caudillo como Hugo Chávez no cabe esperar gran cosa de la acción de la Justicia. Los descubrimientos prometen tener otro recorrido, utilizados como arma letal en la guerra civil que acaba de abrirse entre los distintos sectores del chavismo. Incluso entre la militancia más fiel va a ser difícil digerir que la elite dirigente se haya lucrado en combinación con grupos de poder extranjero y que se haya quebrado al país con el propósito de que sus mandatarios gozasen de las ventajas de un poder cuya corrupción es cada día más palmaria y documentada. El experimento de una izquierda populista va a dejar heridas muy profundas en la carne de sus propios seguidores.