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La Roja derrotada. Un análisis

lunes 30 de junio de 2014, 14:12h
Actualizado el: 08 de julio de 2015, 09:55h
La victoria final de la Roja sobre la débil selección australiana no debe impedir ni enmascarar un análisis en profundidad de la tremenda derrota española. En primer lugar es necesario observar la estructura administrativa del fútbol español. La principal característica de la Federación Española de Fútbol es para algunos la permanencia, para otros el inmovilismo. Ángel Villar lleva 28 años mandando desde la punta de la pirámide y todo parece indicar que piensa seguir sine die en el cargo.

El gesto más significativo de cara al imaginario colectivo vinculado al fútbol es el nombramiento de entrenador de la primera selección. La máxima parece ser: el técnico –no importan las derrotas- que se vaya cuando quiera. Nada de pisar callos, máxima por cierto muy del gusto de las distintas administraciones públicas de este país. Luis Suárez pidió el finiquito, en 1991, cuando él lo creyó oportuno. Vicente Miera en 1992, Javier Clemente en 1998, José Antonio Camacho en 2002, Iñaki Sáez en 2004 y Luis Aragonés en 2008 se fueron también por su propio pie. Hay que aclarar sin embargo que Clemente, tras la derrota española en el Mundial de 1998, quería seguir, según cuentan algunos cronistas. Algo parecido sucedió con Sáez después de la Eurocopa de 2004. En realidad, la crítica de la afición y de los medios de comunicación les puso a los pies de los caballos y acabaron por renunciar. Es muy duro entrar en un bar o en un restaurante y notar que el local se carga de energía negativa.

El caso de Luis Aragonés es singular. Se fracasó en el Mundial de 2006 y “el sabio de Hortaleza”, en un arranque de casta, dijo que dimitía pero luego se lo pensó mejor –o se lo hicieron pensar- y decidió continuar los dos años de contrato que le quedaban. Fue un acierto porque dos años más tarde era el mister del seleccionado que ganó la Eurocopa de 2008. Ahí empezó la gloria de la Roja.

Ennoblecido por el Rey Juan Carlos I, nombrado “Mejor entrenador del Mundo” por la FIFA, Vicente del Bosque, con 63 años, renovó en noviembre de 2014 su contrato con la Federación Española de Fútbol hasta la Eurocopa de 2016. A día de hoy el aficionado común no sabe si piensa continuar.

Al espectador se le hace difícil entender la lógica de la toma de decisiones de Villar y su equipo directivo. ¿Qué ha pasado con la figura del director deportivo? ¿Servía para algo Fernando Hierro? Es difícil saberlo, lo que sí está muy claro es que los entrenadores reciben pagas altas. Parece, según prensa escrita, que Del Bosque lleva recibidos unos 15 millones de euros -2,5 por temporada sin contar las primas-. Bien es verdad que no es el mejor pagado. Fabio Capello como entrenador de la selección rusa tiene un sueldo de 8,3 millones, Roy Hodson, seleccionador inglés, recibe 4,3 millones y el italiano Cesare Prandelli 3,2 millones.

El dinero es una buena razón para que un entrenador no quiera irse pero, ¿cómo debe reaccionar la estructura administrativa? ¿Un Secretario de Estado del Deporte –el actual, Miguel Cardenal, ha tenido un perfil muy bajo en Brasil de cara a los medios- puede intervenir en la administración de algo, el fútbol, que en realidad es una cuestión de Estado? Y, su jefe, el Ministro, ¿qué puede hacer? (Continuaremos).

Bernabé Sarabia

Catedrático y director del Dpto. de Sociología de la UPNA

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