Los inconfesables méritos de Rubalcaba
Ignacio Fernández Candela
martes 01 de julio de 2014, 02:03h
Actualizado el: 23/07/2014 16:21h
Los verdaderos méritos de Rubalcaba no pueden ser contados en público, bien lo sabe él. Debe de ser muy duro para el ideólogo y artífice de las dos victorias de Zapatero, conseguidas unívocamente tras sendos crímenes de sangre jamás antes acaecidos en los prolegómenos de unas elecciones generales, quedarse sin su pastel de gobierno después de haber sido la inteligencia en la sombra del cambio drástico que nos ha llevado a la disensión ideológica de nuestro presente socio político. Amarga ha de ser la impotencia. No puede ponerse medallas que no sean las impuestas por la sombra de la sospecha que derivó en una degradación de nuestro equilibrio constitucional, en aras de la proliferación y legalización de las minorías radicales que hoy colapsan, con intereses dispares como espurios, esta sociedad que se pretende sin identidad y vendida con no se sabe bien qué monedas de traición tintineando inequívocamente en los bolsillos de tantos enemigos. Salvaguarda su integridad personal cuando silencia las razones por las que han de agradecerle muchos sus maniobras a espaldas de los ciudadanos y debe morderse la lengua para no explicar con somera legitimidad por qué sus correligionarios le deben rendir pleitesía aunque el resto del país le tenga calado. Con todo lo que podría argumentar para que lo adoraran en el partido, paradójicamente ha de callar para no delatarse. Mísero destino. De reconocerse los verdaderos méritos de Rubalcaba entre las bambalinas del socialismo, muy seguramente los celebraría sentado en el banquillo. Millones dirían que quizá no haya existido personaje sibilino más perjudicial para la convivencia que este sibarita del disimulo en el juego sucio que ha sabido solapar las evidencias de su inicua labor política, poco veraz en la limpieza de intenciones, con una gestión basada en el ocultamiento y la mentira perpetuada. Diez años después todo el mundo sabe que algo pasó desde el aciago 11-M; muchos todavía señalan con el dedo a la única identidad visible de la manipulación en esos días que nos llevaron indefectiblemente a los extremos actuales. Señales axiomáticas apuntan a la intervención de este perenne embaucador que ha protagonizado, en segundo plano, la historia más negra de la democracia. Pero hasta ahora ha salido con bien de todas cuando no pocos le auguraban un futuro penal. Eso ya es un increíble triunfo que este señor debiera considerar y agradecer a sus protectores jurídicos. Pérez Rubalcaba siempre fue el segundón que obró desde las sombras el papel primordial de la simulación y del engaño que enarboló como manifiesto de identidad propia al servicio de la degeneración moral originada con el felipismo y culminada con el zapaterismo. Un denominado tramposo de primera que a pesar de sus ambiciones políticas, por el juego poco limpio derivado de las argucias más recalcitrantes, estuvo obligado a asumir un papel secundario hasta obtener su oportunidad de liderazgo fracasado; el que ha terminado por desgastarle después de haber impulsado un experimento de ingeniería política que ha llevado a España hacia el desastre actual. El eterno lugarteniente Rubalcaba fue en realidad el líder sacrificado, el maestro de ceremonias de la transformación de un país mediante la ocultación de la actividad más deplorable disfrazada de gestión gubernamental. Con el fiasco de las elecciones europeas, antes con las generales, Pérez Rubalcaba parece asumir la derrota continuada cuando la práctica demuestra que jamás ha dado por perdido nada bajo el cobijo de una mano negra que siempre le ha protegido y sacado de las peores trampas que él mismo ha pergeñado. Acaso sí esté ahora, definitivamente, abandonado a la suerte de la jubilación. O lo parezca. No, muchos no creerán que se retire de la política esta sombra de sí mismo que ha protegido los oscurantismos más desintegradores de nuestro suelo patrio. Su amago de retirada sería una pose obligada por el fracaso de sus tretas en el escenario político con espectadores. ¿Pasará al eficaz segundo plano del que es absoluto protagonista siempre y cuando no dé la cara pública que a nadie convence? Lo cierto es que Rubalcaba no nació para liderar masas, pero es perfecto para pergeñar en la oscuridad lo que luego se traga de cualquier modo a la luz pública. La prueba de que Rubalcaba no abandonaría del todo podría estribar en el interés que mostraba por seguir direccionando las nuevas orientaciones políticas, procurándose un hombre o mujer de paja que le permitieran seguir ejerciendo su influencia sobre el socialismo del siglo XXI. Igual es cierto que abandona, por puro hastío en el fracaso ya, para dedicarse a la docencia universitaria pero para muchos Rubalcaba no renuncia, no. Dicen que amaga para volverla a meter doblada, tal y como ha hecho siempre viviendo de la siniestra política y resultando ser el político menos veraz del panorama democrático, como así han demostrado las urnas cuando quiso asumir el liderazgo del PSOE. Ni los suyos confían en él; por algo será. Cínico sino el del líder derrotado que ha de silenciar los méritos propios, los verdaderos y ocultos, para no delatar el sintomático papel que ha desempeñado en este laberinto actual que se llama España. El reconocimiento en el Congreso y los ditirambos de sus adversarios políticos han sido excesivos. Si se le homenajea por haber sido uno de los políticos más influyentes de la democracia, pues bien merecido tendrá el aplauso porque es verdad. Otra cuestión es la intencionalidad de esa influencia política que posee peso específico en las muchas problemáticas que los ciudadanos afrontan con absoluta incertidumbre, en cuyo caso los méritos son discutibles como el concepto de nación discutido y discutible que se sacó de la manga Zapatero. No nos engañemos. El PSOE no va a ser extremista ahora porque en realidad siempre lo fue, sólo que antes se disimulaba. Con la marcha de Rubalcaba-si es que se marcha el gran fingidor que las metía dobladas- ni falta que hace ya guardar las apariencias. Se avecina un gran coalición de izquierda radical para intentar gobernar y... ¿Rubalcaba dando clases de Química? Qué gran injusticia. Moderando el tono crítico y como contrapunto a una trayectoria política tan intrigante sí es de recibo reconocer, como ha hecho D. Luis María Anson, el impecable papel desempeñado por el político con un sentido de Estado fehaciente, en última instancia y sin ambages, ante la coronación del Rey Felipe VI. Claros y oscuros de un Pérez Rubalcaba que no dejan indiferentes ni a sus correligionarios, ya pocos, ni a los numerosos perjudicados de esos secretos de la política que se quedan con él.
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Escritor-Crítico literario
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