No tengo nacionalidad española. Tampoco vivo ahora en España, pero anhelo este país como a ningún otro en el mundo. Me gusta su historia y su cultura. Leo con delectación el Quijote y sigue pareciéndome una obra genial La rebelión de las masas, de Ortega y Gasset, para entender nuestro tiempo. Hoy, a miles de kilómetros de España, he leído, en El Mundo, un artículo para conmemorar que hace un siglo Ortega y Gasset publicó su primera gran obra: Meditaciones del Quijote. Me ha hecho pensar esta conmemoración. Creo que, a pesar del tiempo transcurrido, su actualidad crece cada año; por desgracia, el devenir de las sociedades contemporáneas da la razón a Ortega, quien hizo un análisis nada halagüeño para el futuro de esas sociedades.
Es, pues, conveniente leer más a Ortega para saber dónde vivimos y que podemos esperar de sociedades donde predomina el hombre-masa. Mejor que conmemorar un homenaje de una obra, sería preciso leer y, sobre todo, mostrar el valor de la obra de Ortega para la circunstancia actual, para aquí y ahora. Dicho de otro modo, no deberíamos esperar una fecha determinada para recordarnos un par de banalidades sobre el autor, sino analizar lo que pasa en nuestra circunstancia a través de la obra de Ortega.
Leo a Ortega y puedo entender algo de lo que pasa en Europa y sus límites. Un conflicto militar estalló en Europa, aunque la UE no lo quiera reconocer. Las razones son obvias: el territorio afectado no forma parte de la Unión Europea, incluso algunos dudan si forma parte de Europa. Rusia y Ucrania son países peculiares, sin duda, pero el conflicto que hay entre ellos trae las mismas graves consecuencias que en cualquier otro lugar del mundo: víctimas, miles de refugiados y miseria. Aparte de la población afectada directamente, hay otros que viven preocupados, si no angustiados por la permanente amenaza, y simplemente quieren acercarse a lo que en realidad pasa ahí fuera de las propagandas y ocultaciones.
No olvidemos que vivimos en la época del apogeo de las organizaciones internacionales que promueven los derechos humanos, los derechos de los refugiados, y el derecho internacional en general, que establece normas según las cuales los ataques a la población civil son un crimen. ¿Quién entre los representantes, verbi gratia, de las Naciones Unidas nos puede informar sobre la situación en la zona del conflicto? ¿Quién habla de miles de refugiados ucranianos en el territorio ruso? La cantidad de los que dejaron sus casas para salvar su vida puede ser exagerada, pero la realidad es que varias ciudades de Rusia ya recogen la ayuda para ellos y las regiones fronterizas acogen a familias enteras sin el apoyo visible de las organizaciones internacionales.
Lo que demuestra este conflicto, como otros muchos, es que vivimos el mismo error que ya había sido denunciado por Ortega para la Sociedad de las Naciones: los organismos-defensores del derecho internacional siguen siendo "un gigantesco aparato jurídico creado para un derecho inexistente. Su vacío de justicia se llenó fraudulentamente con la sempiterna diplomacia, que al disfrazarse de derecho contribuyó a la universal desmoralización" (Rebelión de las masas, Epílogo para ingleses, Tecnos, 2009, p. 371). La fecha de redacción del texto citado es 1938. ¿Qué consecuencias nos traerá la universal desmoralización esta vez?