Efecto placebo. España, «cautiva y desarmada», como el Ejército Rojo derrotado por las tropas nacionales del Generalísimo, según el último parte de guerra firmado el uno de abril del 39 por Paca la Culona (Queipo de Llano dixit) en el Palacio de la Isla de Burgos, sede de Radio Nacional antes de convertirse en cuartel general franquista.
España, ‘Under Pressure’, leyenda urbana, sigue en la inopia, sin darse por aludida, por mucho que los prebostes PePeros hayan parido en aquelarre un palabro que no hay por dónde asirlo salvo por las orejas del Platero juanramoniano: «Agenda de calidad democrática». ¡Manda cojones el eufemismo!
Regenérame otra vez. Tutti Frutti. No hace falta tener el coeficiente intelectual de Stephen Hawking para darse cuenta de que se les ve el plumero: sólo quieren asegurarse las alcaldías donde andan raspados, para evitar que el frente populismo izquierdoso del de la coleta y su novia –esa zagala tan guapa y tan borde- se las arrebate cuando, aun siendo las más votadas, no consigan mayoría suficiente para hacerse con la vara de Zalamea.
Acabo de echarme al careto la foto de José Luis Baltar, presidente de la Diputación de Orense desde el petardazo del ‘Big Bang’, sentado de riñones en el banquillo, y se me han evaporizado de golpe todas las ganas que tenía de comenzar el día espiritoso.
Puedo comprender que el Gobierno haya tirado de testículos para rechazar la recomendación del Canal Historia de engastarle unos huevos postizos de bronce al león castrado de las Cortes, que pudo perder el saco escrotal en el viaje de Sevilla a Madrid, como un ilustrado le ha hecho saber a Susana, por si acaso albergaba todavía alguna duda de la inoportunidad de hacer la mudanza al Foro ahora y en la hora.
No son los maricas ni las lesbianas quienes tienen que salir del armario, sino muchos de los trincones que se lo han estado llevando crudo, mendrugo, presumiendo de decencia, cuando en realidad son sólo unas mierdas de grandes como un piano de cola de 2,75.
Maricón el último, y yo el primero. Semana del Orgullo Gay del Paraguay. Madrit Underground. Chueca Station. Vive y deja vivir. El día que todos los seres humanos seamos iguales a los ojos del Hombre, sin distinción de sexo, raza, religión, ideología o saldo en la cuenta corriente…, sin duda que la pelota terráquea será menos excluyente y más habitable. No tiene el abajo firmante claro que vivamos para contarlo. Todos somos Rosa Parks y Gloria Gaynor. Aunque por moderno que quiero hacerme, a la eurovisiva Conchita Wurst no la entiendo, pero trato de aceptarla tal cual es, con dos tacones y barba. En eso creo que consiste la tolerancia.
Pero el queso…, de tetilla, con denominación de origen, como el «Torito Guapo» de El Fary, «que nadie lo toque, que lo dejen tranquilo», que en eso sí que no está dispuesto a transigir el que suscribe. Ya se pueden poner flamencas las divas que andan sacando pecho en las redes sociales, como Afrodita, la novia de Mazinger Z, gritando ¡Libera el pezón!, que algunas de las susodichas los tienen que parecen cabezas de mortero. Será por eso que se esmeran tanto en restregárnoslos al resto de la Humanidad, como si estuvieran reivindicando el legado de la Venus de Willendorf.
A mí me dice una mujerona como Sharon Stone lo que ha dicho refiriéndose a Antonio Banderas («es como un hermano para mí»), y me entra una depresión insuperable por hiperventilación, que por otra parte puede que sea la explicación inconfesable que se esconde en el dilema de no saber si decantarme por Adriana Lima o Tony Garn, la nueva novia de Leonardo Di Caprio, que Hitchcock, otro listo, hubiera convertido en su musa, como a la mamá de Melanie Griffith, Tippi Hedren, protagonista de ‘Los pájaros’.
A los Pecadores de la Pradera, Condemor, lo menos que se nos tiene que exigir es un poco de comedimiento. Por eso, mejor me abstengo de cometer la imprudencia de Mourinho, el puto amo, dando lecciones de autocontrol a Luis Suarez; de José Mújica, el presidente del Uruguay (allí donde Olga Ramos no quería ir por miedo a naufragar), llamando «viejos hijos de puta» a los dirigentes de la FIFA; o mismamente de Maradona, próximo seleccionador de la Venezuela post-chavizta, alardeando de educación en colegios de Ursulinas después de llamar «tarados» a Pelé y a Beckenbauer.
Acabaremos todos volviéndonos especímenes de tensión baja, como Mariano, cuyo laconismo minimalista, casi estoico, de mirada espartana, está haciendo estragos en la militancia.
Mientras, los socialistas se disponen a elegir a su nuevo chamán, coincidiendo con la primera ‘Rapa das Bestas’ de la temporada en Campo do Oso, Mondoñedo.
La primera estrofa de la canción del verano no la ha compuesto Enriquito Iglesias ni Georgie Dann; ni siquiera el contable de Nóos, que como en tiempos de Al Capone, ha acabado cantando ‘La Traviata’. El hit parade corre a cuenta de Bernardino León, cuyo iluminismo le ha debido de cegar el entendimiento, pues piensa que «Madina es diferente y carismático, como lo fueron Felipe o Zapatero».
Y la primera serpiente del verano la ha soltado Ángel Expósito, contando que Edu está como loco por la música folk ofreciendo a Iñaki Gabilondo la candidatura a la alcaldía de Madrid. No me extraña que Zapatero, Bono y Moratinos se hayan fugado a Malabo a presentarle sus respetos a Obiang.
Enésimo rescate de TVE, cuya última derrama vía SEPI nos sale por 130 millones de euros. La 1 ni siquiera es capaz de hacerse con una cuota de pantalla del 10%. Echenique, vigilante de la playa en la caseta de Prado del Rey, quita y pone nuevo director, pensando que todo se arregla con un parche; el Consejo de Informativos, esa cosa, exige la salida de Somo-ano. Y tal y tal. Es lo que tiene haber encomendado la misión de propagandista de partido a un legista ignaro de los Media y a un becario de Local. Me pregunto, mi querido Luis Fernández, qué tiene que suceder para que alguien recupere el juicio y baje la persiana del chiringuito. Antes morirá el televisor de plasma.
Cada mañana paso por delante de la casona del madrileño Paseo de la Habana donde la otrora televisión franquista inició sus emisiones el 28 de octubre de 1958. A menudo, morboso, me detengo unos segundos frente al monolito conmemorativo de la efeméride, y pienso que en cierto modo la caja tonta ha mantenido en parrilla todo este tiempo la misma exhibición de bailes regionales por parte de los Coros y Danzas de la Sección Femenina que inauguraron el tinglado.
TVE repone ‘Verano Azul’, diecinueve años después de su estreno. Vuelve Chanquete y vuelven los Monty Python, treinta años después de su primera gansada, que ya ha pasado tiempo suficiente para que sentaran la cabeza.
Asegura Casimiro García-Abadillo que «hay más independencia en los medios de lo que se cree». Y probablemente –añado yo-, mucho menos talento del que se presupone.
Se me sulfura la región retro peritoneal si ahora resulta que la radio episcopaliana no ha renovado el contrato a Buruaga porque era demasiado incisivo en sus comentarios políticos, no fuera a ser que se incomodaran en el PP. A ver si va a resultar ahora que Alfredo es el azote de la derecha en lugar de uno de los periodistas ejercientes más almibarados con el poder, sin perjuicio de que sea uno de esos yernos que toda suegra le gustaría tener. Rompiendo mitos, como el de la memoria de pez.
Enésima payasada de estos sujetos de la Asamblea Nacional Catalana: un Ejército para Catalonia. El pato patagónico: allí donde pisa, caga, y viceversa. Si Rajoy tuviera lo que hay que tener, ya hubiera ordenado el desembarco preventivo de las Ramblas, como en Normandía, antes de que nos invadan los Arturos a nosotros «al alba, con tiempo duro de Levante». Una cosa así no hubiera pasado con Federico Trillo al frente de los Tres Ejércitos. Rescue me!
Un chino se pone los pantalones sin manos y se convierte en un fenómeno viral, con más de cuatro millones de visitas en Internet. A la vista está que hay parquímetros más inteligentes. ¿Cómo va a tener arreglo este mundo con tanto membrillo suelto? Aquí un incrédulo.
Aquí no hay playa, ni wifi. Que corra el aire. No quiero ni imaginar qué pasó antes de El Amanecer del planeta de los simios. ¡Líbranos del mal, San Fermín! ¡Gora España!