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POESÍA

Marta Sanz: Vintage

domingo 06 de julio de 2014, 11:07h
Marta Sanz: Vintage
Marta Sanz: Vintage. Bartelby. Madrid, 2014. 101 páginas. 11 €

Una de las cosas más estimulantes que se producen cuando uno se acerca a un libro de poesía (y en este de Marta Sanz sucede) es la existencia de una amalgama de sensaciones coherentes, que uno es incapaz de traducir derivadas de la claridad y la nitidez. Es lo mismo que sucede con el recuerdo y con lo que se recuerda; la condición que poseen las cosas recordadas al hacerse presentes. Eso es también el vintage, creo yo, y eso, aunque con matices, el libro de Marta. Esta palabra, vintage, que a día de hoy es de uso frecuente, no aparece en ninguno de los diccionarios de la lengua española que yo suelo frecuentar: ni en la RAE, ni en el Diccionario ideológico de Julio Casares, ni tampoco en el Diccionario de dudas  de Seco. Sin embargo, sí la he hallado (casi por azar) en el diccionario Collins de inglés/español, y allí curiosamente han aparecido algunas claves para la interpretación del libro de Marta Sanz; allí se dice, por ejemplo, que vintage se utiliza para denominar “objetos de época” (podría ser aplicable a la condición material del cuerpo), se puede relacionar con “lo relativo a una temporada” (la adolescencia y la primera madurez del narrador en su libro), o bien se puede asociar a la palabra harvest, es decir, cosecha (la experiencia o las distintas experiencias del sujeto a lo largo del tiempo). Bien, todos esos elementos (la conciencia del cuerpo y su transformación, la adolescencia y la madurez, el bagaje vital) aparecen en su libro ocupando un lugar privilegiado en la primera parte de Vintage: “Me toco las caderas / y aún descubro /el perfil de ánfora. // Después, /se me hincha la barriga /y se me saltan /los puntos de sutura”.


Este poema da cuenta de la realidad del personaje/ narrador/yo poético (como se quiera llamar) que aparece en la primera parte del libro y que anticipa la segunda. La sutura, lo trágico vivencial, será en la segunda parte lo más importante: las vivencias junto a un padre enfermo de cáncer. Todo el libro de Marta Sanz queda dividido por dos extensos poemas en prosa: “El cáncer de mi padre” y “Huesos”. Ambos se erigen hacia la mitad del texto como un muro infranqueable, como un antes y un después (¿lo sucedido y lo recordado?).


Todo objeto insertado en un contexto diferente posee un valor y un significado “nuevo”. Eso es el vintage, el mismo objeto de cierta edad en un contexto diferente, que lo hace nuevo, o al menos, prolonga su vida como objeto. Eso es lo que les sucede a los dos personajes de este libro de poemas (el padre y la hija), a la luz de las nuevas circunstancias. Asumen su condición pasada, pero la examinan a la luz de las nuevas circunstancias: el cáncer y la posibilidad de la muerte. De alguna manera el libro señala dos itinerarios próximos pero diferentes: la memoria del pasado (que no deja de ser una muerte en sentido simbólico), correspondiente a la primera parte; y la posibilidad de la muerte real, el deterioro y la desaparición, correspondiente a la segunda. Ahora bien, la vivencia de la misma es mucho más incisiva en el segundo bloque. En ese sentido, la memoria del otro (el padre) o de los otros (los muertos), arrojan una reconsideración y relativización de lo que es uno mismo; allí uno se ve como el otro: el otro que sufre o el otro al que mira. Y es ahí donde aparece la inevitabilidad de la muerte o la herida, sin posibilidad de reconciliación: “No todo fluye. / Quedan a veces / las aguas estancadas. /Y la sequía / que rompe /la plancha de la tierra”.


La línea medular del poemario, la ocupa la memoria, el recuerdo y los sentimientos asociados a ese proceso, con un balance poco o nada esperanzador. Lejos de las imágenes y sentimientos hiperrealistas y confesionales de Sharon Olds en El Padre (donde aparecen estos mismos asuntos del cáncer y la memoria y donde paradójicamente sí parece existir cierta reconciliación), Marta Sanz trabaja esa misma cuestión desde una perspectiva más impresionista quizá, no se centra tanto en aspectos concretos de la enfermedad sino en los sentimientos derivados de la misma y en una reevaluación de su experiencia como ser humano a la luz de estas nuevas circunstancias. ¿No es eso, en definitiva, este Vintage? La memoria de lo valioso aun con la carga de dolor y la herida que todo ello conlleva.


Por Óscar Curieses

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