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TRIBUNA

Di Stéfano : Ya corre la Saeta

Francisco Delgado-Iribarren
miércoles 09 de julio de 2014, 20:23h

Ya corre la Saeta hacia la eternidad. Dos días después de que Argentina volviera a unas semifinales de la Copa del Mundo, el Árbitro pitó el final para don Alfredo. El mejor 9 de la historia del fútbol emprendía el camino al túnel de vestuarios, con la tranquilidad de haberse dejado la piel en el campo. Como el Real Madrid de su vida, tuvo ganas de jugar, de vivir, de estar, de amar… Hasta el final.

El Rey reseñó en su capilla ardiente que hizo “del fútbol un arte”. El fútbol, como el ajedrez, puede transformarse en arte porque hay posiciones, movimientos, combinaciones, jugadas maestras, sorpresa, misterio, armonía, belleza, magia. El fútbol está repleto de figuras geométricas: triangulaciones, rondos, paredes, parábolas (sombreros y vaselinas), el córner, el arco, la escuadra, las áreas (pequeña y grande), el círculo central, en fin, el rectángulo de juego. Di Stéfano lo sabía y por eso era partidario de “cuidar” a la pelota, de tratarla con “suavidad” para dibujar sobre el lienzo verde trazos que la condujeran a su objetivo último: el gol.

Evidentemente, uno es del 85 y no ha podido verle en acción, como hubiera deseado. Ese es el único pero que se le puede poner a la Saeta: no haber nacido unos años más tarde para que la televisión ya estuviera bien desarrollada y pudiéramos disfrutar de todos los colores de sus jugadas, como sí podemos hacer con los archivos de Pelé o Maradona. Aun así, aunque no hemos visto lo suficiente sí que hemos oído y hemos leído, y nos creemos lo que oímos y leemos. Ahí están (en mi estantería), por ejemplo, el libro oficial del centenario del Real Madrid o la Historia del Real Madrid contada por ABC, de la que el mes pasado terminé de pegar los cromos.

En realidad solo he visto a don Alfredo Di Stéfano una vez en la vida. Fue en el restaurante Asgaya, en la calle Juan Ramón Jiménez de Chamartín (hemos sido vecinos del Bernabéu), la misma donde cayó infartado. Debió ser por abril de 2013. Comía yo con mi familia y, en la mesa de enfrente, comía él con su novia y secretaria. Ya transitaba en silla de ruedas. Yo en aquel momento pensaba que le acompañaba una hija suya, pero algunos gestos de la mujer me sumieron en un mar de confusiones. ¿Sería su ayudante, sería su novia? Como soy periodista, pero no del género paparazzi ni de la familia de los incordiosos, lo dejé estar y no intenté indagar más. Me sentía feliz de haber observado en persona a la leyenda blanca. Unos días más tarde, en mayo de 2013, El Mundo destapaba la bomba: el astro se iba a casar con su manager, la costarricense Gina González, cincuenta años menor que él.

Los expertos debatirán eternamente sobre su preeminencia en la trinidad del fútbol formada por Pelé, Maradona y él. De su extraordinaria trayectoria, me quedo con los siete goles que marcó en las cinco finales de las cinco primeras Orejonas del Real Madrid. Fue el salto de la gloria de los vikingos. Como presidente de honor, ha tenido tiempo de ver doblada su aportación con la Décima Copa de Europa y de escuchar su apodo como la primera referencia concreta a un jugador en un himno del club. “Ya corre la Saeta,/ ya ataca mi Madrid,/soy lucha, soy belleza,/ el grito que aprendí”. La primera estrofa de la canción también parece escrita a su medida: “Historia que tú hiciste,/ historia por hacer,/ porque nadie resiste/ tus ganas de vencer”. Tanto el capitán Casillas, como el presidente Florentino Pérez, entre otros, le han identificado con el Real Madrid. Los valencianistas también le estamos agradecidos por la liga y la Recopa de Europa que conquistó como entrenador para los chés.

Nacido el 4 de julio en Barracas, corrió raudo hacia su destino diáfano, claro como una estrella, simple como un balón. Era un poeta del fútbol, un poeta del gol y a veces también un poeta del ingenio con la palabra: “El balón está hecho de cuero, el cuero viene de la vaca, la vaca come pasto, así que hay que echar el balón al pasto”. Me sobrevuela la idea de que Alfredo Di Stéfano es al fútbol lo que Elvis Presley a la música o Marlon Brando a la actuación: el comienzo de la modernidad. Descanse en paz y deseo que siga gambeteando allá en el cielo de los futbolistas, camino hacia el gol.

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