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Fatti, fatti, non parole

Alejandro Muñoz-Alonso
lunes 14 de julio de 2014, 19:22h
Actualizado el: 14/07/2014 21:09h

La izquierda europea está sumida en el desconcierto y los resultados de las elecciones europeas han aumentado aún más su desorientación. Preocupada, como es el caso de Francia, por el impresionante resultado de la extrema derecha o por ascenso de la izquierda radical, como ha sucedido en Grecia -o en España, aunque aquí esa extrema izquierda se ha beneficiado más de un apoyo mediático que electoral- esa izquierda europea apuesta por el hombre de moda, el italiano Matteo Renzi que, en lo que va de año, ha ido de victoria en victoria, sin que por ahora se sepa hasta dónde llegará. No es deseable ni para Italia ni para Europa que se pudiera decir aquello de “de victoria en victoria…hasta la derrota final”.

Renzi primero le ganó unas primarias a Bersani y se hizo con el liderazgo del Partido Democrático, la principal formación de la izquierda italiana. Después desplazó del puesto de primer ministro a Enrico Letta, que era de su mismo partido y no lo estaba haciendo tan mal. Finalmente, ha obtenido unos excelentes resultados en las elecciones europeas. Mientras la media de participación electoral en el conjunto de la UE ha sido del 43%, los italianos han llegado al 51% y el partido de Renzi ha superado el 40% con más de once millones de votos. En segundo lugar se situaron los “indignados” del cómico Beppe Grillo y su Movimiento 5 Estrellas, con un 21 % y casi seis millones de votos y en un descolgado tercer lugar Forza Italia, del incombustible y desacreditado Berlusconi, con un 16’8% y algo más de cuatro millones y medio de votos.

Renzi ha completado su semestre glorioso asumiendo el pasado 1 de julio la presidencia semestral italiana -que ya se sabe que ya no es lo que era, porque la existencia de un Presidente del Consejo Europeo permanente le ha arrebatado la función más importante- pero que él está dispuesto a aprovechar al máximo. Dicen en Italia que podio o tribuna que ve, podio o tribuna a la que Renzi se sube, y no va dejar pasar la oportunidad de aumentar su notoriedad ni la de intentar convertirse en la obligada referencia para una izquierda sin brújula que no sabe lo que le pasa y, como diría Ortega, eso es precisamente lo que le pasa. Pero, evidentemente, se pasa un poco cuando afirma que va a arreglar Europa en los seis meses de su presidencia rotatoria.

En Italia ha anunciado un “Programa de los 1000 días”, es decir, algo menos de tres años, al cabo de los cuales habrá acabado, según sus promesas, con los seculares males del que los cursis llaman “el País Transalpino (aunque los antiguos romanos llamaban Galia Cisalpina a la situada al norte de la península y siglos más tarde Napoleón conquistó y bautizó esa zona, que era media Italia, como República Cisalpina. Lo “transalpino” para ellos era la otra Galia, la actual Francia).Ya se ha votado la supresión de las provincias y una nueva estructura territorial, en la que destaca la creación de una decena de grandes metrópolis con alcaldes no elegidos por los ciudadanos, lo que no deja de ser un tanto extraño. Como lo son sus planes de reforma del Senado, inspirados al parecer en el modelo alemán del Bundesrat, que no es precisamente muy funcional y que no sería tampoco elegido por los ciudadanos. Una reforma electoral, apostando por un sistema con predominio de criterios mayoritarios y una cierta renacionalización de competencias a favor del Gobierno del Estado, son algunos de sus otras propuestas, que los italianos están debatiendo apasionadamente. Los 1000 días del Programa se contarán a partir del próximo 1 de septiembre, lo que ya ha llevado a algunos a decir que el tácito punto de partida está muy claro: “Lo primero, las vacaciones”. ¡A ver quién va a prescindir en Italia del Ferragosto y de lo que está antes y después del mismo!

En la escena europea, Renzi ha empezado con dificultades, que quedaron muy a la vista en su reciente comparecencia ante el nuevo Parlamento Europeo. El portavoz del PPE, Weber, le acusó de querer incumplir el Pacto de Estabilidad y Crecimiento, a lo que Renzi contestó que solo le quiere dotar de “una mayor flexibilidad”, sin explicar en qué consiste esa flexibilidad, porque el Pacto dice lo que dice y o se cumple o no se cumple, como saben muy bien todos los gobiernos de la UE. Desde la izquierda algunos se mostraron decepcionados por su falta de concreción. Repite insistentemente, como un mantra, la palabra “crecimiento”, pero no dice cómo lo va a lograr y hace lo mismo con otra de sus muletillas: Las tres “íes”: Más integración; más inversión; más innovación. ¿Quién va a estar en contra de tales buenos propósitos?

Desde algunas izquierdas, incluidas las españolas, se pensó que Renzi podría ser la punta de lanza en la lucha contra la canciller Merkel, no hay más que recordar las flores que los socialistas y las otras izquierdas le dedicaban a la alemana durante la campaña. Su objetivo declarado era impedir que Merkel siguiera disponiendo de la amplia influencia que tenía en la UE y que sigue teniendo, aunque solo sea porque está al frente de la primera economía de la UE. Para disgusto de quienes así pensaban y decían y, seguramente, porque Renzi, cuya inteligencia y capacidad estratégica están fuera de duda, ha dicho en cuanto ha podido que “encuentra vulgar intentar ganar votos criticando a Merkel”. Precisamente lo que, sin ir más lejos, hicieron por aquí los socialistas. Más aun, no se ha cortado un pelo para decir que para él, Merkel es un modelo al que seguir. Pero, ¿no era para la izquierda la mala de la película? Y ya habido algunos que han hablado de una asociación “Merkenzi”, inspirada en la poco exitosa “Merkozy” y una vez que no ha sido posible establecer una “Merkollande”.

Pero Renzi lo tiene difícil si tenemos en cuenta que Italia se debate por salir de la recesión (los últimos datos ponían su tasa de PIB en -0’5, aunque se espera que a final del año esté en +0’2) y  su tasa de desempleo, aunque es mejor que la española (12’6%), sigue creciendo, el desempleo juvenil está en el 43% y su deuda para este año se calcula por la UE en un 135% sobre el PIB. La troika de los temidos “hombres de negro” (BCE, FMI y CE), que no deja de insistir en que España está haciendo lo necesario para salir de la crisis y que ya no representa un peligro para el conjunto de la UE y de la zona euro, no oculta ahora su preocupación por la situación de Italia y de Francia. Dos países con gobiernos de izquierda, aunque debe reconocerse que Valls ya ha puesto en marcha su ambicioso programa de reformas y recortes –que tiene, por cierto, desconcertados a muchos izquierdistas- mientras que a Renzi, ya hay muchos italianos que le dirigen la famosa frase: “Fatti, fatti, non parole”. Porque, hasta ahora, el activo “Presidente del Consiglio” solo se distingue, en un estilo que puede recordarnos a Obama, por su bellas palabras, mientras que los hechos no acaban de llegar. Es lo mismo que ha comentado Weidmann, el presidente del poderoso Bundesbank, el Banco Central alemán: “Anunciar reformas que nunca se cumplen”. Pero Renzi estima que donde otros han fracasado él va a triunfar porque ha dicho, literalmente, “yo soy distinto”. ¡Mamma mia!

Alejandro Muñoz-Alonso

Catedrático de la UCM

ALEJANDRO MUÑOZ-ALONSO es senador del Partido Popular

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