TRIBUNA
Europa como síntoma de los problemas del PSOE de Pedro Sánchez
Juan José Laborda
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1718lamartingmailcom/12/12/18
jueves 17 de julio de 2014, 20:39h
Actualizado el: 17/07/2014 21:52h
El que los diputados socialistas españoles no hayan votado a Jean-Claude Juncker para la presidencia de la Comisión Europea ha producido una cierta conmoción. La decisión de no sumarse al gran acuerdo entre democristianos, socialdemócratas y liberales europeos deja al PSOE de Pedro Sánchez en una situación que ha sido calificada de “marginal en Europa”, “con el crédito político por los suelos”, etcétera. Pedro Sánchez empieza mal en la Unión Europea, no sólo porque avala los tópicos favoritos de los antieuropeos de derechas y de izquierdas -que Juncker es la personificación de los males capitalistas-, sino porque el gran acuerdo entre democristianos y socialdemócratas era el único posible después de las recientes elecciones europeas. ¿No estaba el PSOE entusiasmado por el extraordinario avance de que el Parlamento Europeo eligiese al presidente de la Comisión? ¿Por qué el PSOE no ha hecho lo mismo que los socialdemócratas italianos del admirado (ahora) Matteo Renzi: negociar ventajas y votar afirmativamente a Juncker?
Decía que una cierta conmoción, ya que los asuntos europeos, en España, con una opinión pública y publicada que vuela como una gallina que no sale de su corral nacional, quedan reducidos a un chismorreo informativo que no tiene demasiadas consecuencias electorales. En descarga de Pedro Sánchez habrá que considerar que los parlamentarios europeos del PSOE, tanto los anteriores, como los recientemente elegidos, nunca fueron seleccionados por él. Y parece a todas luces que el grupo anterior, dirigido por Juan Fernando López Aguilar (que ha defendido frívolamente el voto en contra del gran acuerdo), y el nuevo grupo ¿dirigido? por Valenciano (que no estuvo en la votación) y por Jáuregui (que una vez más asumió el papel de un crítico pero siempre obediente), no se encuentra en sintonía ideológica con la mayoría de la socialdemocracia europea.
La tarea que Pedro Sánchez tiene por delante para hacer que el PSOE sea otra vez un partido de gobierno es enorme. Si hubiera tenido un equipo competente en asuntos europeos, y no dirigentes oportunistas como López Aguilar, Pedro Sánchez hubiera podido exigir a los parlamentarios socialistas que votasen lo mismo que sus equivalentes alemanes, franceses, italianos, etcétera, del mismo partido europeo.
La imagen del nuevo secretario general del PSOE batiéndose el cobre en el Parlamento Europeo hubiera tenido la fuerza de aquel Felipe González renunciando a la secretaría general por no aceptar una votación, igualmente estratégica, en 1979. Si Pedro Sánchez hubiese logrado cambiar el sentido del voto de todos, o de una parte de sus parlamentarios, hoy sería un candidato creíble a la presidencia del Gobierno, y en Europa sería conocido como la ascendente estrella europeísta de España.
Y si tuviera un equipo competente e informado en asuntos europeos, el PSOE de Pedro Sánchez tendría elementos suficientes para apostar por lo que significa la Comisión presidida por Juncker, que mucho tiene que ver con el gobierno de coalición alemán de la democristiana Merkel y del socialdemócrata Sigmar Gabriel.
Para España la relación con Alemania tiene una importancia estratégica en la Unión Europea. Lo fue cuando Felipe González apostó por Willy Brandt y Helmut Schmidt (y no por Mitterrand), y luego por Helmut Kohl (y tampoco por Mitterrand). Hoy sucede igual, algo que no ha pasado desapercibido para Matteo Renzi, un líder que persigue convertir Italia en lo que entonces fue España: el país alemán del Sur.
Volver a pesar en la Unión Europea en todos los terrenos: de la cultura a la economía, de la libertad a la lucha contra la desigualdad social, de la transparencia administrativa a la solvencia en los planes gubernamentales, del compromiso con la paz a la defensa militar de los valores democráticos. Esa será la única ilusión movilizadora en una España harta de propaganda política: pedir esfuerzos para alcanzar metas realistas.
Ese es el camino posible para el PSOE de Pedro Sánchez.
Deberá asumir decisiones duras, y no como ha resuelto en su primera decisión fallida. Y aquí me asalta la duda, duda que tendrán que resolver los responsables del PSOE: ¿se ha pensado en las consecuencias de la serie de consultas que ese partido tiene por delante? Si ahora el secretario general tiene que ganar otras primarias para ser nombrado candidato a la presidencia del Gobierno, ¿su capacidad como secretario general para hacer las necesarias reformas internas, y las decisiones que deberá tomar en cuestiones difíciles como candidato a gobernar -como por ejemplo su política europea- no estarán condicionando, ambas en sentido contradictorio, la acción política de Pedro Sánchez, al encontrarse éste sometido a un permanente período electoral? Y después de un posible primer fracaso electoral, ¿se cambia de candidato y/o de secretario general? Ese es el admirado sistema electoral norteamericano, pero un país europeo como España, ni posee un similar sistema de partidos políticos, ni su modelo de gobierno es presidencialista, sino que se basa en las mayorías parlamentarias.
El método de las elecciones primarias parece irreversible. Y eso significa, en mi opinión, que el modelo de partido, que en el PSOE tiene 135 años, cambiará radicalmente. ¿Son conscientes los socialistas? ¿Es consciente el PP, sobre todo, en las actuales circunstancias?
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Consejero de Estado-Historiador.
JUAN JOSÉ LABORDA MARTIN es senador constituyente por Burgos y fue presidente del Senado.
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