TRIBUNA
Molt Impresentable
Francisco Delgado-Iribarren
miércoles 30 de julio de 2014, 20:36h
En una de las primeras escenas de El lobo de Wall Street (película de Martin Scorsese basada en un caso real), el protagonista Jordan Belfort recibe de su jefe interpretado por Matthew McConaughey la clave de su negocio en una agencia de valores: "Es todo un engaño, una filfa". Imposible no acordarse de esta frase al pensar en el escándalo Pujol y todo lo que le rodea.
España, vieja tierra de conejos, es también tierra de lobos. Si no tenemos peliculones sobre la materia es porque a Amenábar no le ha dado por este género: El lobo de la Junta de Andalucía, El lobo de la tesorería del PP, El lobo de la Generalitat catalana. Personajes artísticamente fascinantes, entre el falso patriotismo y desvelo por lo público y el verdadero corte siniestro y delincuente. Nuestra industria del cine debería invertir en películas de mafiosos. Las míticas Sicilia o Chicago nada tienen que envidiar a la Cataluña o la Andalucía de las últimas décadas.
Confesiones tardías y forzadas como la de Jordi Pujol no hacen sino ahondar aún más en la desconfianza de los ciudadanos hacia la gestión pública. Si esto lo hizo el ex Molt Honorable, quien presidió durante 23 años la inatacable Cataluña, qué no habrán hecho otros por allí. Es verdad que alrededor del Pujolísimo cayeron muchos de sus consejeros enfangados en casos de corrupció. Es verdad que esa misma corrupció ya afectaba a los dos partidos de la coalición Corrupció i Desunió, que es la verdadera clave de lo que para confundirnos bautizaron Convergencia i Unió. Pallerols, Millet, Palau, Banca Catalana... Y lo que te rondaré, catalán mío. Pero si Pujol mismo era Cataluña, digerir que Pujol es corrupto implica digerir que Cataluña es corrupta.
Durante un tiempo quisieron hacernos creer que Cataluña era distinta al resto de España. Que era moderna, que era vanguardista, que allí mandaba el seny, que era un oasis, un sinónimo de buen rollito. Pero era todo un engaño, una filfa. Lo que trasciende ahora es que sus dirigentes públicos no son igual de corruptos que la media española, sino mucho más, en ese ranking de la corrupción por comunidades autónomas que, a ojo de buen cubero y buen lector, lideran Andalucía, Cataluña, la Comunidad Valenciana, Baleares y Madrid. La abundantísima corrupción catalana es, seguramente, la prueba definitiva de que Cataluña es esencialmente España.
La corrupción en nuestro país encuentra fácilmente terreno para echar raíces y reproducirse. Por eso el problema no es solo el Pujolísimo, sino muchos de sus hijos que han hecho negocios a su sombra. Algunos ya se preparaban para tomar las riendas de la gobernanza de la comunidad. Llama la atención que los republicanos que típicamente se quejan contra los “privilegios de cuna” no hayan protestado tanto contra este clan con pretensiones de omnipotencia. Veremos cuántos miembros de La Familia Pujol Corleone terminan en la cárcel. Si en España funciona la justicia, les tendrían que habilitar varias celdas, y muchos de ellos podrían seguir comiendo y cenando juntos en los horarios estipulados.
Una última reflexión sobre los españoles de a pie. Ciudadanos, trabajadores, periodistas, jueces, fiscales, políticos honrados (?), abogados, inspectores de Hacienda, votantes. Ya podemos mejorar nuestro ojo a la hora de elegir y vigilar a nuestros representantes públicos. La democracia es el gobierno de todos y esto conlleva nuestra cuota de responsabilidad. La Teoría del Saqueo, enunciada por mí mismo, implica que una evasión fiscal en Suiza implica que cientos de estudiantes de buena fe no encuentren empleo. En España hay unos cinco millones de almas sin trabajo. Y no caigamos en la trampa de que sugerir que este escándalo afecta solo a los catalanes. Cataluña es España, y el dinero público es de todos, de todos los españoles.