Ayer comparecía Mariano Rajoy en la rueda de prensa posterior al último Consejo de Ministros del curso para dar cuenta de las últimas medidas económicas aprobadas por el Gobierno y, de paso, hacer balance de este primer semestre. Balance que, con los datos en la mano, invita a un moderado optimismo. Decía Rajoy que “la recuperación ha venido aquí para quedarse”; afirmación ésta que si hace pocos meses habría resultado algo aventurada, hoy parece que es ya una realidad –con permiso, conviene tenerlo muy presente, de una situación internacional progresivamente complicada. Parece cierto que ha cesado la destrucción de empleo y que el paro lleva bajando de manera consecutiva varios meses. La prima de riesgo está en mínimos -135 ayer- y todos los indicadores sugieren que España ahora sí, aunque lentamente, empieza a ir en la buena dirección.
Sin embargo, la tentación para Rajoy de capitalizar toda esta bonanza puede hacer que se distraiga de dos cuestiones a las que debe prestar mucha atención: la corrupción y el “efecto Sánchez”. En cuanto al primer aspecto, el caso Gürtel pasa algo más desapercibido entre las confesiones del clan Pujol y los ERE entre otros, pero conviene recordar que uno de los hombres más importantes del PP gallego, José Luis Baltar-a quien Rajoy conoce bien- acaba de ser condenado por tráfico de influencias en la diputación de Orense, y que otros dos personajes relevantes dentro del partido como son Carlos Fabra y Jaume Matas tienen ante sí sendas penas de prisión.
No sirve mirar hacia otro lado ni desviar la atención con el mantra de la recuperación económica; la ciudadanía espera algo más, como por ejemplo disculpas públicas, autocrítica y asunción de responsabilidades. En cuanto a Pedro Sánchez -y su equipo, que también cuenta- ,la novedad de su irrupción en primera línea política es inversamente proporcional al desgaste del PP, en especial de algunos de sus primeras espadas. Más le vale a Rajoy tomar la iniciativa para no perder demasiado el pulso con el electorado o en las próximas elecciones puede llevarse una desagradable sorpresa.