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EDITORIAL

Mayor diligencia frente al ébola

sábado 02 de agosto de 2014, 08:05h

No es la primera vez que se produce un brote de ébola. Este virus mortal es un viejo conocido desde que se detectó en 1976 en el Congo, donde causó cerca de trescientas víctimas. La enfermedad comienza con síntomas comunes a otras infecciones y tiene un periodo de incubación de entre dos y veintiún días. Pero no es como otras infecciones. Su intensidad y mortífera capacidad son enormes, llegando a producir la muerte al 90 % de los afectados. A principios del siglo XXI surgieron varios brotes en el propio Congo y en Gabón, apareciendo más de trescientos casos, de los que más de doscientos cincuenta resultaron mortales.

Ahora el mundo se enfrenta a una epidemia del ébola que se está desarrollando  con una especial virulencia. Por primera vez, se ha extendido por África occidental, haciéndose fuerte en tres países, Sierra Leona, Liberia y Guinea, y llegando a Nigeria, lo que ha intensificado la alarma. A partir del primer caso del actual brote, que se produjo en diciembre del año pasado, ha habido contagios continuos, el virus se ha cobrado más de setecientos muertos y son innumerables los casos  registrados con lo que es muy previsible que se produzcan muchos más.

La situación ha llegado a tal extremo que el director de operaciones de Médicos sin Fronteras, Bart Janssens, ha advertido del riesgo de su propagación a más países, y la directora de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Margaret Chan, ha dicho que “el ébola está fuera de control, aunque puede pararse”. Apreciación que, pese a su intención en este sentido, no resulta muy tranquilizadora. Sobre todo porque da la impresión de que frente al ébola no se ha venido actuando con la diligencia, interés y celo que requerían la gravedad del asunto.. Parece que solo se le hace frente cuando periódicamente se desencadena, lo que no habla precisamente a favor de que se tenga en cuenta la beneficiosa premisa de que más vale prevenir que curar.

Conociendo desde su primer brote en 1976 su terrible mortalidad y enorme dimensión de contagio habría sido más urgente trabajar sin descanso en una vacuna o cuando menos haber probado en humanos las que parece que hay. Interrogantes que han lanzado varios expertos, señalando que si el campo de acción del ébola fuera otro continente y no solo el africano, otra sería la situación. La posible extensión del virus a Europa es remota y no se trata de crear alarmismos, aunque, por ejemplo, el Ejecutivo británico ha convocado un gabinete de crisis. Ahora, ya en las circunstancias en que estamos, hay que, además de lamentar la pérdida de tantas vidas, actuar con la máxima rapidez y eficacia para que el ébola no continúe sin control y trabajar con vistas a un futuro nuevo brote y el horizonte de erradicar la enfermedad. Occidente lo ha conseguido con otros males igual de mortíferos.  

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