www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

ENTRE ADOQUINES

Foley: un sangriento "Mensaje para América"

miércoles 20 de agosto de 2014, 21:08h
Actualizado el: 21/08/2014 08:24h
El FBI ya ha emitido un comunicado en el que confirma la autenticidad del vídeo titulado “Mensaje para América”, en el que puede verse la ejecución del periodista norteamericano James Foley. Con una puesta en escena que sugiere, incluso, las órdenes de un director, quien sabe si con algo de experiencia en Hollywood. Un claro ejemplo, en todo caso, de propaganda versus información. Porque la primera puede existir en cualquier lugar del mundo, mientras que la segunda, no. De modo que los autores del vídeo producido por los yihadistas del Estado Islámico, grupo islamista radical suní que se ha levantado en armas contra los gobiernos de Siria e Irak, no se conformarían con intentar aterrar al mundo mostrando el degollamiento del reportero secuestrado en Siria en 2012. Pretenderían, además, dejar claro que no son unos aficionados y que, a pesar de usar el método más antiguo del mundo – la violencia extrema -, son capaces de utilizar las nuevas tecnologías. De modo que en el vídeo que subieron a Internet y que pudo ver cualquiera hasta que Youtube lo retiró – y Twitter empezó a suspender las cuentas con imágenes capturadas del mismo - no sólo tenía título, también se había tenido en cuenta el vestuario, la localización y, por supuesto, el guión.

El curtido periodista de 40 años aparecía ataviado con un mono naranja similar al de los presos de Guantánamo, para que, antes de cortarle la cabeza con un cuchillo y luego depositarla sobre su tronco, acusara - postrado de rodillas ante la cámara - a EEUU de ser el responsable de su muerte, por su reciente intervención aérea en el norte de Irak. “A fin de cuentas”, concluía Foley, “supongo que desearía no ser estadounidense”. Inmediatamente después, la arena del paraje desértico que sirve de telón de fondo se manchaba con su sangre. Y el asesino añadía, a modo de epílogo amenaza, que la vida del siguiente, el periodista Steven Sotloff, dependía de “la próxima decisión de Obama”. Lo hacía, además, en un inglés con tan claro acento británico, que Cameron se veía obligado este miércoles a interrumpir sus vacaciones en Cornualles para convocar una reunión de urgencia. En ella, se intentará averiguar si el miliciano yihadista que asesinó a Foley es un británico que abandonó Reino Unido para engrosar las milicias del Estado Islámico. Aunque no será fácil identificarlo, porque, según admitía el ministro de Exteriores de ese país, Philip Hammond, el número de británicos que luchan con el EI en Siria y en Irak es “significativo”.

El vídeo que nos ha hecho girar la cabeza a lo que está ocurriendo en el tantas veces castigado norte de Irak tiene casi cinco minutos de metraje y da inicio, asimismo, con Obama. Más en concreto, con una imagen suya correspondiente al pasado fin de semana, cuando anunció que seguiría bombardeando el norte de Irak para ayudar al ejército iraquí y a los peshmerga kurdos a detener el implacable y terrorífico avance del Estado Islámico. Un avance que parece haber pillado a todos por sorpresa – analistas de servicios secretos y militares incluidos - y que en Occidente, advierten desde Irak, aún no hemos sido capaces de valorar en su justa y tremenda medida. Complicado hacerlo, por otra parte, ya que este fenómeno es distinto a cualquier otro que hayamos visto antes y así lo aseguran desde los países más directamente afectados en este momento, el propio Irak y Siria. En ambos países, la organización fundada en 2002 por el antiguo traficante de drogas afgano, Abu Musab Al Zarqawi, se aprovechó de las guerras para ampliar su red. En 2003, tomando parte de la resistencia en Irak para nutrirse de numerosos combatientes extranjeros, y en 2011, participando en la guerra civil siria al lado de los rebeldes, con el objetivo de expandirse por gran parte de la zona noroeste del país y que continúa controlando en la actualidad. Hasta que en abril de 2013 se quitaron la “máscara”, autoproclamando el Estado Islámico de Irak y el Levante (Siria). Su guerra no es – no lo fue nunca en realidad - contra Bassar Al Ashad, y ahora se enfrentan también a quienes antes fueron sus aliados, los rebeldes.

Para ellos, lo importante es que nadie piense distinto, profese una religión diferente. El espeluznante degollamiento de Foley viene a sumarse a los que acostumbran a hacer, sobre todo, desde que se adentraron en el norte de Irak. En su territorio, no hay lugar para quien no se convierte. Y su voluntad es expansiva. A principios de agosto ya estaban atacando El Líbano y, sobre el mapa, su Estado comprendería “todo el norte de África, Asia hasta la India, todo el mundo árabe, los Balcanes hasta Austria, España y Portugal”. Y desde que proclamaron el Califato coincidiendo con el inicio del último Ramadán, no han dejado de ganar terreno. “Lo que está ocurriendo en Irak y Siria es un veneno, un cáncer y podría extenderse a otras partes de la comunidad internacional y afectarnos directamente”, decía esta semana el líder del Foreign Office, mientras que la ONU ya ha puesto en marcha un programa de ayuda humanitaria para asistir a quienes han tenido la “fortuna” de conservar la cabeza sobre los hombros, aunque se hayan visto forzados a arrastrar sus pies y huir de un exterminio que jamás había tenido un carácter tan generalizado.

Porque los miembros del Estado Islámico no sólo persiguen a los yazidíes, a los cristianos o a los chiíes. Quieren acabar también con otros grupos islamistas, como el Frente Islámico o el Frente Al Nusra. Con cualquiera que no se convierta a su credo mahometano suní. Venga de donde venga. Vecino o extranjero, un infiel es un infiel. Por eso, incluso la hasta ahora más temible organización yihadista, Al Qaeda, decidió hace un tiempo desvincularse por completo del Estado Islámico, a través de un comunicado. Sin embargo, al EI no le preocupa que el resto de musulmanes, incluso extremistas, no se una a ellos. Su balance de “nuevos socios” arroja beneficios: se calcula que alrededor de 6.000 nuevos terroristas se unen cada mes a sus filas. La clave parecen haberla encontrado en las redes sociales, donde pueden reclutar hombres en cualquier lugar del mundo. De hecho, de los 50.000 extremistas de EI ubicados en Siria, 20.000 son extranjeros, especialmente de China, Chechenia, Europa y los países árabes. No solo británicos, como reconocía Hammond, también belgas, holandeses o españoles abandonan sus hogares para unirse a ellos en Siria y en Irak. Mujeres, también. Aunque es mejor que ellas no se confundan, jamás empuñaran un arma o rajarán garganta alguna. Las mujeres, solo para uso sexual de los guerreros.

Alicia Huerta

Escritora

ALICIA HUERTA es escritora, abogado y pintora

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+
0 comentarios