www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

NOVELA

Yukio Mishima: Vestidos de noche

domingo 24 de agosto de 2014, 12:57h
Actualizado el: 24/08/2014 17:43h
Yukio Mishima: Vestidos de noche

Traducción de Carlos Rubio. Alianza. Madrid, 2014. 320 páginas. 18 €. Libro electrónico: 12,98 €

Por José Pazó Espinosa

Hay dos Mishimas, como hay dos Lorcas. Uno, el aclamado intelectual, algo loco, extremista, fanático de un Japón ido, preciosista, archiculto; otro, una persona dolida que se refugió tras la mundanidad, un escritor dominado por mujeres en su infancia y que conoce la psicología femenina mejor que la suya propia, un joven que siempre quiere ser perfecto, que juega al tenis como un profesional, habla inglés como un diplomático y se quita el esmoquin al llegar a casa con estilo aunque esté solo. Este último es el Mishima de Vestidos de noche, la última novela del autor nipón publicada por Alianza Literaria y traducida por Carlos Rubio. Un texto jabonoso, oleaginoso, que se lee fácil, se lee pronto, se lee como si el texto tirara del lector más que el lector empujara al texto.

La novela está ambientada en los años sesenta, en el Tokio posterior a los juegos olímpicos del 63. Una mujer de clase alta, Ayako, es requerida para casarse con Toshio, el hijo de la señora Takigawa, viuda de un diplomático, una mujer sagaz, elegante, sofisticada, ambiciosa y, sobre todo, una estratega de la vida de la alta sociedad. Toshio es un hijo asfixiado por su madre. Es una especie de joven renacentista que, como él mismo declara, no es dueño de su propia vida sino un títere al servicio del dinero y del prestigio social. Hace todo a la perfección, incluso pensar, pero sus ambiciones están siempre al servicio de los demás, unos demás dispuestos no tanto a valorarlo como a envidiarlo. Y es aquí donde radica gran parte del interés de esta novela ya que, en este cuadro, se puede ver un reflejo del propio Mishima, un hombre educado por mujeres asfixiantes y posesivas, que lo convirtieron en un joven aspirante a una perfección sencillamente imposible, que incluía el cuerpo de un san Sebastián, el cerebro de un Leonardo y los logros sociales de un Rotschild. En algunas novelas de Mishima -Confesiones de una máscara, por ejemplo-, se aprecia la fractura interna de su ser; en sus otras novelas mundanas, como la que nos ocupa, lo que se ve son las grietas de su crianza, las hornacinas en las que guardaba sus dolores heredados, creados en sus primeros años, ocultados que no superados en su juventud.

El libro tiene ritmo, tiene estilo, tiene un paso de narrador con un tremendo oficio. Alguna vez comenté que comencé a leer una de estas novelas mundanas de Mishima sin saber de quién era, y mi sospecha, a media lectura, era que la había escrito alguna autora anglosajona de “romance best-sellers”. Porque una de las cosas que Mishima muestra y que asombra a cualquier lector perceptivo, es su gran y sutil conocimiento de la psicología femenina. No solo por su tratamiento de las mujeres y su vida interior, sino por un halo general que impregna todo y que lo emparenta, a mi modo de ver y extrañamente, con el otro gran autor japonés contemporáneo que siendo hombre es poseedor de una psicología de mujer, Haruki Murakami.

Hacia el final del libro, la señora Takigawa, suegra de Ayako y madre de Toshio, pregunta a la primera: “¿Conoces el gusto del café cuando lo bebe una mujer que está sola?” Luego ella misma sigue: “Es el sabor que se aprecia cuando no hay nadie que pueda echarte una mano, nadie que esté ahí a tu lado en la vida. Es negro, dulce, sabroso, se agarra a la garganta, aromático, persistente, un sabor que no abandona… Pues bien, la primera vez que yo conocí el verdadero sabor del café fue después de que se casara Toshio.” El verdadero sabor del café, de eso va esta novela. Como el café, la prosa de Mishima es negra, dulce, sabrosa, se agarra a la garganta, es aromática, persistente, y tiene un sabor que no abandona. Además, quizá por ser el Mishima mundano, tiene un final feliz. Un café con leche y azúcar, por tanto, para una tarde en la que se quiere atisbar el peligro, pero se prefiere un gusto dulce al final.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (9)    No(0)

+
0 comentarios