El 10 de octubre de 1931 se crean las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista, gracias a la unión hipostática de las Juntas Castellanas del vallisoletano Onésimo Redondo y el movimiento de la Conquista del Estado de Ramiro Ledesma Ramos. En total 159 miembros comandados por un triunvirato constituido por Onésimo Redondo, Ramiro y el primer traductor al español del Mein Kampf, de Adolf Hitler, Antonio Bermúdez Cañete – antes había ocupado su puesto en el triunvirato Francisco Jiménez García -. Este centenar y medio de jóvenes constituyen el primero y verdadero núcleo del fascismo español. Hay entre ellos antiguos obreros anarquistas bregados en las acciones directas, como Nicasio Álvarez Sotomayor, o algunos excomunistas notorios, como Juan Aparicio López, que formará parte del Secretariado, y Montero, y que saldrán de las JONS como los compañeros más fieles cuando Ramiro rompa en 1935 con José Antonio. Merecen también destacarse, como los primeros dirigentes de las JONS, a Enrique Compte Azcuaga, Manuel Souto Vilas, Ciriaco Prieto Muñoz, Evaristo Páez Blasco, José Luis Serrano Berenguer, R. Escribano Ortega, Antonio Correa Fernández, y Emiliano Aguado, el principal autor del Himno de las JONS. Hasta el mismo nacimiento de las JONS, César Arconada compartía con Ramiro los ideales de Curzio Malaparte, y hasta ambos se saludaban “a la romana”, pero cuando se apercibió de la naturaleza que cobraban las JONS con la entrada como dirigente de un católico tan acendrado como Onésimo Redondo, rompió políticamente con Ramiro, y se hizo comunista.
La mayor razón para la constitución de las JONS fue el desafío catalán iniciado por Maciá, que en las JONS se intentaba resolver con un histérico nacionalismo hispánico hipertrofiado. Fue este desafío catalanista el que hizo que se integraran en las JONS respetables familias como las de José María de Areilza – que por entonces escribía en la revista de Ramiro de Maeztu, “Acción Española”, a favor del Golpe de Estado perpetrado el 3 de enero de 1874 por el general Pavía como aviso de navegantes - y José Félix de Lequerica, que apoyarían financieramente el pequeño – pero muy combativo – movimiento de Ramiro. El gran enemigo era el Separatismo, creado por cierta plutocracia vasca y catalana como elemento de “chantage” sobre los gobiernos para obtener posiciones de privilegio económico, y en seguida derivarlo a la exacerbada cuestión de amor propio, lo más difícil de curar cuando artificialmente se encona. Paz, Patria y Justicia son los tres lemas que sostienen el ideario jonsista, y con el que se llega a desafiar los tonitronantes Schlagwörter de la Revolución Francesa, Libertad, Igualdad, Fraternidad. El amor incondicional a la patria y el amor de la patria al pueblo son los dos pilares de las JONS. Es decir, afianzamiento de la unidad nacional y resolución de los problemas sociales con una intervención decidida del Estado en la economía que garantice el bienestar del pueblo. Es decir, el fascismo no es comunismo porque es ultranacionalista ( y no internacionalista ) y no prohíbe la propiedad privada, si bien la encauza en el interés nacional.
Probablemente Ortega, cuando afirmaba que la civilización la crean los pueblos sedentarios y el gobierno los pueblos nómadas, estaban pensando en el fascismo naciente en Europa y en España.
El Programa de las JONS se resumía en 16 puntos. Entre los que se encontraba la reivindicación inmediata de Gibraltar, reclamación de Tánger y aspiraciones al dominio de todo Marruecos y de Argelia. Ramiro no soportaba la existencia de un Gibraltar inglés, que veía como una base antiespañola desde la que salían todas las desgracias de España, como las andanadas de un barco bucanero. Ramiro afirma en diversas ocasiones que la pérdida del Imperio Español vino principalmente de las conspiraciones que se urdieron en Gibraltar contra los intereses de España. Estaba convencido de que Riego fue un agente inglés. El mismo Madariaga asevera esta afirmación ( en su Bolívar ): si el ejército sublevado en Cabezas de San Juan hubiese llegado al continente hispanizado, la guerra hubiera terminado allí con la derrota de las intrigas y de las fuerzas de la subversión que favorecía los intereses de Inglaterra, Francia, Holanda, y demás países alistados en el bloque antiespañol. He aquí algo de lo que el Gibraltar inglés ha significado en la vida española. ¡Y qué dimensión tiene ese algo! También se hablaba en el Programa de la Acción Directa al servicio de la Patria, y de facilitar la entrada a la Universidad de los hijos del pueblo. Se trataba de oponer la Voluntad de España por seguir existiendo a la Noluntad de un gobierno tibio frente al separatismo y el crecimiento del marxismo. Se trataba de oponer los criterios nacionales a la simiesca imitación de extranjerías. Se trataba de oponerse a la escuela de sumisión a las teorías que desmedulaban de lo español al país. Se trataba, en fin, de rehabilitar el gran ideal de Donoso Cortes: “España, omnipotencia geográfica”.
Aunque resulte paradójico para la ideología fascista y su deseo de ultranacionalismo singular, existía en los Años Treinta un congreso internacional de partidos y organizaciones fascistas presidido por el general italiano Eugenio Coselschi, héroe de la Gran Guerra, en el que fueron invitadas las JONS a participar. Este Congreso solía celebrarse en Montreaux, y empezaron a tomar parte en este Congreso el doctor Rinaldi, como representante de la “Heimwheren” austriaca; Hoornaert, jefe de la “Legión nacional belga”, el señor Sornville, que lo era de la “Liga Nacional corporativa del trabajo”, belga; Thomas Damsgaard Schmidt, del “National-Korpret”, danés (nacional-corporativismo); Fritz Clausen, del partido obrero nacional-socialista danés; Marcel Bucard, del francismo; Giorgio Mercouris, del nacional-socialismo griego; el general O´Dufby, jefe de las camisas azules de Irlanda; Tamosciaitis, del partido nacional-socialista popular lituano; Vidkun Quisling, de tan triste recuerdo, del “Najonal Samling” (partido nacionalista), noruego; Arnold Meijer, jefe, y Wouter Lutkie, delegado, del Frente Negro holandés; nuestro flamante Premio Nacional de Literatura, Ernesto Giménez Caballero, por las J.O.N.S.; Eça de Queiroz ( ¡no el inmortal Eça de Queiroz!), delegado del sindicalismo nacional portugués; Motza, de la Guardia de Hierro Rumana; Ruetger Essen, de la Unión Nacional de Jóvenes Suecos, y el coronel Arturo Fonjallar, de la Federación Fascista Suiza.
En este Congreso se afirmó la creencia de la universalidad del fascismo. Todas las organizaciones antedichas se comprometían a combatir el materialismo marxista y su internacionalismo negador de la tradición, el comunismo destructor de la moral y de la libertad; el atroz egoísmo capitalista, el falso internacionalismo burgués y las terribles injusticias sociales que de él se derivaban. Declaraban que no podía existir una auténtica doctrina fascista que no estuviese inspirada por un ideal de orden corporativo del Estado y de la Sociedad. En cuanto a la actitud del fascismo frente al problema judío, el Congreso se pronunció terminantemente contra una campaña general de odio contra los hebreos. Contra el marxismo reafirmaba el derecho a la propiedad y a la iniciativa privada, pero atribuyendo a tales derechos una función social. Finalmente, el Congreso se felicitó de que el Estado Nuevo portugués fuese el primer país del mundo que hubo adoptado la fórmula de “una familia, un voto”, como norma genérica para la designación de los electores.