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TRIBUNA

Una provechosa lectura estival (y II)

José Manuel Cuenca Toribio
viernes 29 de agosto de 2014, 20:41h

El primer volumen de los Diarios del famoso ministro de Educación de Franco (1951-56), Joaquín Ruiz-Giménez, puede también calibrarse, conforme se veía en el artículo precedente, como unas memorias o recuerdos de la época abordada en sus páginas, la de la década 1967-77.

Desde cualquier ángulo que se los enfoque –descripción histórica, relato personal, análisis socio-político- siempre sobresaldrán su calidad intelectual y la agudeza de observación, reservadas –en la medida explicitada en la obra estivalmente glosada- únicamente a plumas enjoyadas con inteligencia y documentación –experiencia individual y acceso a órganos muy exclusivos- si no privilegiadas, sí, desde luego, infrecuentes. Si a tan envidiable elenco de raras cualidades, se añade la aportada por una prosa de superior tensión y, no obstante, límpida y, a menudo, incluso ática, no habrá que gastar más expensas para ponderar el valor del testimonio recogido en el libro comentado, situado, indubitablemente, en cabeza de la densa producción bibliográfica de índole memorialística provocada en nuestras letras por el tránsito de la dictadura a la democracia. En una literatura que semeja, a las veces, no tener otro objetivo más importante que el de invalidar el juicio consagrado acerca de la reluctancia de nuestras letras hacia las de cochura memoriográfica, los Diarios de uno de los dos o tres políticos democristianos más sobresalientes del pasado español –Gil Robles, D. Manuel Giménez Fernández y … él- se descubren como pieza inapreciable para reconstruir los extremos esenciales de dicho tránsito, de sus protagonistas descollantes y metas primordiales. En verdad, será difícil que el lector de espíritu más acezante se confiese defraudado en su curiosidad por episodio tan decisivo de nuestra historia tras la morosa lectura de la obra póstuma del español de excepción que fue Ruiz-Giménez. El “Todo Madrid” político, periodístico, académico, empresarial, jurídico, eclesiástico, castrense y hasta sindical de los años de sus Diarios se halla al alcance del lector con una inmediatez sólo lograda por una pluma de formidable plasticidad y bagaje. Los contactos tan asiduos como múltiples del, por dicha época, catedrático de la Universidad de Madrid, infatigable defensor ante los tribunales de los dirigentes obreros antifranquistas, eficaz promotor de tareas publicísticas de la dimensión de Cuadernos para el Diálogo y miembro diligente de numerosos organismos internacionales de diverso tipo, proporcionan a sus recuerdos una extensión temática y una hondura discursiva sin paralelo quizá en la literatura memorialística contemporánea de España y de muchas otras naciones de su entorno cultural. En un país en que el jacobinismo francés encontró su mejor copia, el centralismo madrileño basta y sobra para trazar un panorama no demasiado amputador ni desfigurado de la vida española. Pero, afortunadamente, junto al “Todo Madrid”, también se visualiza en la obra el “Todo Barcelona” y asimismo parte sustancial del “Todo Bilbao, Valencia, Sevilla”, con apuntaciones al desgaire del “Todo Málaga, Zaragoza, Granada y Vigo”…

Son sí centenares de los hombres –y de algunas mujeres…- que construyeron, en gran medida bajo los focos mediáticos, la España del cambio del inmovilismo ideológico al pluralismo doctrinal, los que bullen y se codean sin confundirse en las páginas bien pergeñadas estilísticamente y exuberantes de humanidad –ideales, pasiones, bajezas, generosidad y mezquindad a raudales: se habla mucho en ellas de política y poder, de servicio y solidaridad, de gloria científica y artística, de finanzas y empresas…- de unos Diarios que, aparecidos en el trascendental e inquietante verano de 2014 –al borde del centenario de la desaparición de su autor-, no tardarán, pese a este hándicap editorial, en convertirse en libro de cabecera para los muchos espíritus –jóvenes y viejos, sobre todo, los primeros- que aspiren a proseguir el grande, inacabable combate de la justicia contra el desmán, de la tolerancia contra el sectarismo, de la entrega contra el egoísmo, que entablara, tan noble y denodadamente, en el solsticio de su existencia D. Joaquín Ruiz-Giménez. ¿Tiene fecha de caducidad la empresa? La respuesta la dará el lector.

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