TRIBUNA
El sufrimiento humano
sábado 30 de agosto de 2014, 18:43h
En diversas ocasiones he escrito acerca del sufrimiento humano, creo que desde los albores de esta vocación, entonces creo que distinguía entre el dolor físico y el dolor moral, pero el dolor no es exactamente el sufrimiento, el sufrimiento es algo más extenso y menos punzante creo que se refiere a la condición espiritual de los seres humanos, ahora de viejo me preocupa mucho el tema del cuerpo humano, creo que el cuerpo humano nos juega muy malas pasadas y es muy triste tener que depender de un cuerpo físico y no ser como los ángeles, a veces maldeciría mi propio cuerpo, una generación que hemos sido machacados entre los deberes del cuerpo y los del alma.
Pero el sufrimiento se hace patente sobre todo cuando ves sufrir a personas muy queridas y muy cercanas a ti y si supones que has sido tú el causante de ese sufrimiento entonces quedas como en el límite de una montaña o de un precipicio y tienes que recurrir a la experiencia de toda tu vida para no tirarte por una ventana y suplicar a Dios que termine ese sufrimiento estéril y terrible a la vez, sufrimiento no buscado que como la onda de una deletérea explosión nuclear se va irradiando a toda la familia.
Los seres humanos no somos ni buenos ni malos somos regulares, somos seres de un color gris mezcla del bien y del mal, hasta los grandes genocidas estoy convencido que tenían algo de bueno en su interior.
El sufrimiento de los ciudadanos de los países ricos entre los que me encuentro suele ser un sufrimiento psíquico mientras el sufrimiento en los países pobres, del tercer mundo es un sufrimiento físico, pasan hambre, sed, mueren de desnutrición, de enfermedades remediables en el mundo opulento.
Aquí podemos morirnos de asco, de desesperación o de aburrimiento pero difícilmente de sed , de hambre o de disentería o peste bubónica.
No obstante el sufrimiento psicológico puede hacer mella en nosotros en cualquier momento, lo conocí de forma intensa durante mi depresión allá por los ya lejanos años ochenta del siglo pasado, pero ese sufrimiento puede volver bajo la forma del sufrimiento de los demás, de la gente cercana y querida que te rodea.
Ahora mismo mi amigo Florián, el pianista de élite, nos deleita con una partitura de Shubert mientras escribo, a mi derecha cuadros hermosos y una mesita con una pirámide de libros que casi llegan al techo, vamos, un decorado que valdría para cualquier escenario que quisiese ver representada una obra burguesa, esto es una obra de matizados y complejos sentimientos y pensamientos… el mundo del placer y del sufrimiento psicológico.
A mi alrededor como sombras enigmáticas más allá de los muros de la casa están las inquietudes, los miedos, el miedo que mis amigos los teólogos detectan en algunos de mis escritos, pero es así porque soy un ser humano y de esa complejidad como una supuración permanente se van destilando las ideas y los sentimientos que constituyen el microcosmos de mi mundo literario. A veces los que me conocen suelen decir que ese mundo irreal me va aprisionando pues me llego a creer que es real y llego a intentar cambiar lo que no me gusta de él.
En realidad cuando la gente me pide más de lo que puedo dar afirmo: “Lamentablemente solo soy un escritor”.
Y un escritor mediano, así me veo, ¿pero qué es un gran escritor, una celebridad, un premio nobel? ¡Y qué un terrorista y qué un genocida!
En el magma, en la gelatina del sufrimiento somos, nos movemos y existimos, y así braceando avanzamos hacia horizontes menos oscuros, horizontes de luz que quizá solo encontremos más allá de la muerte. Por eso, cuando veo tanto sufrimiento a mi alrededor, tanto sufrimiento psíquico en España, pienso, “Por favor que me dejen morir en paz, que nos dejen morir en paz”.