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Apostar con cautela ante el inicio de la carrera electoral

miércoles 23 de enero de 2008, 21:07h
Apostar es sinónimo de riesgo; cautela lo es de sosiego. En una campaña electoral hay que combinar con acierto ambas actitudes. En la competición que ahora comienza en nuestro país, y aunque formalmente aún reste un mes para el inicio oficial de la campaña, el partido socialista y su líder han apostado por la cautela. Tanto en sus listas de candidatos como en su programa electoral, predomina lo "ya conocido". Han intensificado los mecanismos de comunicación habituales de un partido de gobierno, con el recurso al posicionamiento -a veces excesivo- de su imagen, y la de su secretario general; el control de la agenda, no sólo temática sino de eventos, y lo que es más importante, una comunicación basada en la gestión de gobierno. Con esos recursos se han bastado hasta ahora para caminar durante el periodo de precampaña: comunicación y más comunicación. Con la apertura oficial de la campaña, los socialistas agitarán los fantasmas ya conocidos, como la Guerra de Irak, para "apostar" por el recurso a los sentimientos y las emociones de una buena parte de su electorado de 2004, que a día de hoy no muestra el entusiasmo por el talante que demostró hace cuatro años. Este es un aviso para quien piense que el PSOE dormita durante estos días, frente al "ímpetu" de los populares. Simplemente no ha entrado aún en campaña, se mantiene cauto, incluso a veces excesivamente reactivo, y recurre a las tácticas tradicionales de un partido de gobierno, que sabe que parte del juicio de los ciudadanos el próximo 9-M no será sobre "lo que fue", o lo que "puede hacer" en el futuro, sino sobre "lo que ha hecho" estos cuatro años. Desde 1993, y con la excepción de 2000, donde se equivocó de estrategia, a pesar de las advertencias de Rubalcaba sobre que ese no era el camino, el PSOE sabe que sus campañas se deben activar los últimos días, con especial énfasis en la última semana, reclutando electores donde había abstencionistas, intensificando los valores y las emociones.

Mientras, al Partido Popular y a su líder, esta competición se les está haciendo larga y excesiva. Y aún les queda camino. Ya hace rato que entraron en campaña. Es más, sólo hacen campaña. Se han olvidado, como en los últimos ocho años, que la campaña es un proceso comunicacional, y que éste es el aspecto que debe predominar en la misma. Hacerse ver, hacerse escuchar, llegar a los públicos con un mensaje único y inequívoco, diferenciador, es mucho más importante que "ventilar" sus problemas internos ante la audiencia. Campaña, y más campaña. Han desgranado sus propuestas durante estos meses -propuestas "de campaña"-, pero no han acompañado las mismas de una imagen, de unos portavoces, que se arriesguen a cautivar a esos ciudadanos-electores que se muestran tradicionalmente a nómicos ante las "ofertas" de campaña. Y menos mal que cuando la familia, el terrorismo, o la ruptura del Estado, agotaban el discurso, se encontraron con la economía (recurso a la campaña de Clinton Bill: "es la economía, ¡estúpido!"). Demasiadas apuestas para aguantar todo el tiempo que aún les queda de campaña.

Pero para ambos partidos aún hay espacio de maniobra. Más reducido en el caso del PP y su líder, que tienen que remontar antes de la campaña oficial los entre 2 y 3 puntos de diferencia que según las encuestas les separan del PSOE. Un margen de maniobra acotado, si no surgen temas específicos de coyuntura, o se producen sucesos inesperados y por nadie queridos, a dos cuestiones: el desempeño de ambos líderes en sus debates televisivos (ahí el presidente hará campaña; se desconoce si Rajoy hará comunicación), y el nivel de movilización que logre el PSOE durante la semana previa al 9-M, y por tanto, el nivel de participación que se produzca en las elecciones: a cada punto por encima del 67 por ciento de participación, las esperanzas de Génova se verán un punto más frustradas.

Ismael Crespo

Doctor en Ciencias Políticas y Sociología

ISMAEL CRESPO es doctor en Ciencias Políticas y Sociología (UCM), profesor Titular de Ciencia Política en la Universidad de Murcia y director del Departamento de Comunicación Política e Institucional del IUIOG

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