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NOVELA

Óscar Curieses: Hombre en azul

domingo 14 de septiembre de 2014, 13:28h
Jekyll & Jill editores. Zaragoza, 2014. 145 páginas. 22 €

Por David Cruz
Óscar Curieses: Hombre en azul

Hombre en azul o donde el término metaliteratura se aleja del mero artificio y huye del recurso sujeto a modas, para alcanzar su sentido pleno y esencial, pues empuja al lector hacia una reflexión sobre la creación literaria y artística. Este miércoles 17 tendrá lugar un encuentro con su autor en La Casa Encendida de Madrid (Ronde de Valencia, 2) a las 19 h.

Este es uno de los aspectos más interesantes del primer libro de narrativa de Óscar Curieses, quien, a través de un falso (literario) diario del pintor Francis Bacon, cumple con soltura una de las máximas de la creación poética: contar aquellas cosas que podrían haber sucedido; porque, efectivamente, el lector que se acerque a esta obra sentirá que, de algún modo, ha llegado a conocer al verdadero Bacon, incluso más íntimamente de lo que pudieron llegar a hacerlo algunos de sus amigos y amantes. “Siempre he pensado en los sonidos que se escucharían en los escenarios de mis cuadros. Sería algo similar a lo que escuchamos sumergidos en el agua a cinco o seis metros de profundidad. La presión, un leve pitido y esa rara atmósfera de aislamiento”. ¿Quién, si no Bacon, podría haber dicho algo semejante sobre sus cuadros?

¿Otro ejemplo?: “Me preguntan mi opinión sobre el retrato que Lucien Freud me hizo en 1952. Respondo que no tengo opinión alguna y que lo más interesante es el juego que se establece entre mi mirada y la posición del espectador ante el cuadro, a la altura de sus genitales”. Es un juego, sí, pero un juego tras el que se esconde la poderosa creación de un personaje literario que va más allá de la persona real y que, en muchos casos (en el mío desde luego), completará o reinventará la imagen y el mito del pintor. Eso es, el personaje que crea un mito. Esa es la trayectoria de este libro.

Hombre en azul se divide en dos partes. La primera, compuesta por los tres cuadernos que constituyen lo que sería específicamente el diario, está escrita con un estilo cortante y acerado; sentencias cercanas al aforismo lanzadas sobre el papel como pinceladas violentas, que a la postre, con perspectiva, conforman un todo: el autorretrato de Bacon pintado por un falso Bacon. Es en esta primera parte donde reconocemos al Óscar Curieses poeta (autor de los poemarios Sonetos del útero, Dentro y Hay una jaula en cada pájaro) por su capacidad para manejar el aforismo como si fuese un verso creador de una imagen, la cual no solo aparece iluminada, sino que, además, está saturada de contenido. “Imagen del sueño de anoche: una gigantesca jaula a la que le voy chupando uno a uno todos los ardientes barrotes de cuero negro”. “Yo: una cicatriz del tamaño de mi estatura”.

Sin embargo, a lo largo de las entradas que dan cuerpo a este diario, es posible que el lector eche en falta alguna más que aluda a reflexiones y sentimientos íntimos del personaje al margen de su faceta como artista. La mayoría de las entradas atienden a la dimensión del Francis Bacon creador (esta, no obstante, debía de suponer un alto tanto por ciento de la totalidad del Francis Bacon persona) y apenas dejan resquicios para que observemos al hombre de andar por casa, ese que inevitablemente se manifiesta en la soledad y la protección que proporciona un diario íntimo.

En la segunda parte, “Sueño de agosto de 1990”, tras habernos asomado a la personalidad, el carácter y el ideario del pintor, Óscar Curieses nos sumerge en un viaje onírico, un recorrido por algunos de los cuadros más interesantes de la historia de la pintura, en el que contamos con la figura de Francis Bacon como guía. De nuevo, el lector tiene la sensación de que las provocadoras opiniones y el estimulante punto de vista desde el que se observan las obras, en perfecta sintonía con la imagen que del mito nos inoculan las entradas del diario, no pueden más que proceder del gran pintor.

Ahora bien, ninguna de estas partes del libro alcanzaría todo su potencial, ni el artificio estaría completo, sin la aportación del falso prólogo y sin el aparato crítico, preciso, medido y, por supuesto, también falso. Ambos, junto con la pulcra y detallista edición de la editorial zaragozana Jekyll & Jill, rematan un trampantojo donde lo verosímil se fuerza hasta aproximarlo a lo real.

Nada es arbitrario en este mecanismo de relojería llamado Hombre en azul; cada engranaje, tanto en la forma como en el contenido, encaja minuciosamente.

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