“La alcaldesa de París, Anne Hidalgo, rindió homenaje a la Nueve, el pasado 24 de agosto 2014, 70 años después de la liberación de la capital por esta compañía de republicanos españoles alistados en las filas de Leclerc.
Se trata de un episodio de la historia de París olvidado, silenciado por mucho tiempo en cualquier caso, porque no se ajusta a la imagen que De Gaulle quería dar de la Liberación de la capital. Soldados españoles enrolados en el seno de las fuerzas de liberación francesas estuvieron entre los primeros que entraron en la ciudad en 24 de agosto 1944...” http://bd.blog.leparisien.fr/apps/m/archive/2014/05/03/la-nueve-14949.html
Hace un tiempo visité las playas del desembarco. Dos entrañables septuagenarias, Mme. Mosseri, y su amiga, Mme. Errera, eran nuestra compañía en el Mémorial de Caen; la guía, amable y amena italiana, completaba el grupo. Supe entonces de la existencia de la Organización Todt, encargada de ejecutar para los nazis las edificaciones del “muro atlántico”; baterías, búnkers, casamatas, etc... dan testimonio de ello en la costa atlántica francesa y, naturalmente, salpican las playas del “Día D”.
Más tarde averigüé que la Todt construyó la base de submarinos de Bacalan, en Burdeos, una de las cinco levantadas en el litoral atlántico, y de inmediato recordé aquello –aunque él siempre se mostró remiso a contar al niño que yo era su historia de padecimientos–, que mi abuelo se había fugado cuando trabajaba forzado en esa obra. Así que he intentado reconstruir sus pasos con trazo grueso, por lo poco que he podido averiguar.
Mi abuelo Vicente G. –el menor de cinco hermanos– trabajó en la década de los años 20 en los astilleros de “La Naval”, en Sestao. Mi octogenario tío Ángel asegura que como ebanista en la construcción del mobiliario de la cabina del Comandante del bergantín–goleta “Juan Sebastián Elcano”, el buque escuela de nuestra armada. De hecho mi madre Isabel y mi tío Vicente, el mayor de todos, nacieron mediada la década “frente al muelle de Uribitarte”; Ángel lo hizo más tarde en Sestao.
Desconozco qué le impulsó a volver cerca de su Graus natal, en 1933, pero al desencadenarse nuestra guerra civil –el más rotundo fracaso al que puede verse abocada la convivencia en el seno de una nación– era conserje en el Instituto de Barbastro, amén de ugetista convencido, a lo Julián Besteiro, que participaba en la vida del Ateneo local y se instruía a su modo con las lecturas que le sugerían amistosamente profesores próximos a la Institución Libre de Enseñanza.
Tras los primeros bombardeos sobre Barbastro el Instituto se traslada a San Esteban de Litera, de donde mi abuelo parte rumbo a Francia junto a tantos otros. En Bagnères de Bigorre recibe ayuda de un amigo de infancia que le envía a Burdeos para ser acogido en una familia de ascendencia riojana, como mi abuela Isabel, que nació en Nájera.
Por el estado sumamente deteriorado de sus piernas, amoratadas por los golpes con tablones y maderas tras su trabajo de carpintero y a resultas de la penosa travesía pirenaica por Bielsa, es hospitalizado en Burdeos para, una vez fuera, viajar a Barcelona – allí vive su hermana Amalia– reincorporándose al frente. En Febrero de 1939 vuelve de nuevo al exilio francés, esta vez por Le Perthus e irremediablemente: ya nunca volvería a España.
El recibimiento francés a los republicanos vencidos no fue cordial; otra derrota añadida: los fugitivos eran confinados en los campos de concentración construidos al efecto por la 3ª República en las proximidades de la frontera. Los archivos departamentales del 66, Pyrénées Orientales, dan fe de que mi abuelo, con número de localización interna 3/357, fue recluido en el de Argèles sur Mer y “liberado” el 4 de diciembre para ser enviado a la 128 Compagnie de Travailleurs Étrangers, con sede en Leyment [departamento 01, Ain, a unos 45km al NE de Lyon]. Puede decirse que la fortuna le sonrió; muchos otros, como sus sobrinos Teótimo y Antonio S. G., con los que coincidiría en Argèles, serían deportados para ir a morir a los campos de exterminio nazis; Mauthausen, Gusen ...
En 1939 el gobierno de Édouard Daladier había creado las CTE –Compagnies de Travailleurs Étrangers– por « Décret du 12 avril », que imponía a los extranjeros asilados las obligaciones previstas para los franceses relativas a su reclutamiento y a la organización de la nación en tiempo de guerra. En tiempo de paz, a los varones de entre 20 y 48 años, les obligaba a prestar a las autoridades militares servicios de igual duración que la impuesta a los franceses.