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TRIBUNA

Consulting, que es gerundio

Francisco Delgado-Iribarren
miércoles 17 de septiembre de 2014, 20:22h

Cuerpo a tierra, que vienen los referéndums. Entre el de la independencia de Escocia y el pretendido sobre la ídem de Cataluña, los referenda alcanzan algo más que sus cinco minutos de gloria: su apogeo. Y lo que queda por llover. No vaticino que se vayan a producir, pero sí que nos van a dar mucha matraca con ellos. Entre los Podemos, los comunistas de toda la vida, los nacionalistas –de catalanes a canarios- y tanto neodemócrata directo que acaba de ver la luz política, nos vamos a cansar de oír reclamaciones de referéndums.

Me explicaba un jurista de reconocido prestigio, de estos que saben Derecho como para parar un referéndum ilegal, que los referidos referéndums son los grandes instrumentos del populismo. Es el “mecanismo aclamatorio”, el ¡decide tú: sí o no! (Porque generalmente se convocan gritando). Por eso mismo, me decía el jurista, casan mal con las democracias liberales, en las que no todo es blanco o negro, sí o no, sino que también se discute el cómo y el hasta qué punto.

Buena prueba de ello es que la mayoría de los países de nuestro entorno apenas utilizan el referéndum consultivo. Los alemanes, sabios, no quieren verlo ni en pintura; los franceses, casi nada, y los británicos sólo habían convocado uno sobre el Mercado Común hasta que David Cameron se volvió “loco” (diagnostica mi confidente) y por eso ahora va poniendo ojitos, morritos y haciendo pucheritos a los escoceses. Los italianos y los suizos lo tienen más regulado, en línea con su tradición de democracia directa. En cambio, los referéndums le gustaban a Hugo Chávez (sólo perdió uno) e incluso Fidel Castro ha convocado a las urnas para preguntar a los cubanos (con total libertad y sin miedo, ja-ja-ja) si desean renovar sus votos con el socialismo para siempre.

Ergo, un mayor número de referéndums no implica por sí mismo una mayor calidad democrática, ni siquiera implica la democracia. Nos quieren vender esa moto, que referéndum es sinónimo de democracia, así como hace unos meses estábamos en la campaña de ventas de que república es sinónimo de democracia. Pero ninguna de las dos equivalencias es cierta, la experiencia lo demuestra en muchos casos, y los dos productos que nos tratan de colocar como lo que no son adolecen de vicios, tanto ocultos como visibles para el que mantenga una mirada crítica.

Así que oído al parche, compatriotas, que suenan tambores: hemos aprendido, a base de esfuerzo, a no confundir la velocidad con el tocino, la gimnasia con la magnesia, ni las churras con las merinas. Más dificultad tenemos para distinguir el trasero de las témporas, y estas de las témperas y de la tempura. (Las témporas, para los jóvenes y los medianos, son breves ciclos litúrgicos que coinciden con el cambio de las estaciones). Ahora nos tenemos que ayudar unos a otros a no confundir la democracia con el referéndum, la independencia con la diplomacia, ni la consulta de Mas con MAS Consulting.

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