www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

CRÓNICA ECONÓMICA

La economía en caso de secesión

viernes 19 de septiembre de 2014, 21:00h
La economía en caso de secesión
Ampliar
Decían los filósofos del renacimiento que una república sólo podía...Por J.C.Rodríguez

Decían los filósofos del renacimiento que una república sólo podía triunfar asentada sobre una pequeña extensión de terreno. El motivo es que el hombre republicano está unido al resto de ciudadanos por la virtú, es decir, por la disposición a someter sus intereses a los del común. Y eso sólo es posible en una sociedad cohesionada, social y geográficamente. Adquirieron estas ideas de los griegos, con sus ciudades-estado. Y se reforzó por la experiencia de Roma, que pasó de ser una república a ser un imperio, a medida que sus lindes fueron abarcando casi todo el orbe conocido.

Los Estados Unidos se enfrentaron a un reto para estas ideas, ya que se crearon desde los ideales republicanos. Pero la extensión de las trece colonias, y la variedad social que había entre ellas, auguraban un fracaso, según el pensamiento republicano tradicional. John Madison resolvió la cuestión diciendo que precisamente esta variedad aseguraba que ninguna sección o clase pudiera predominar sobre las demás, y aseguraba el mantenimiento de una república en el futuro.

Los Estados Nación encarnaron la idea ilustrada de que las instituciones podían ser creadas por el pueblo, que podía auto determinarse, constituirse en nación sin el concurso del Rey, y crear por sí, y ante sí, las instituciones que fueran precisas. Este Estado nación se ha impuesto a otros, en imperios, o ha formado coaliciones permanentes que han llevado incluso a la creación de un super estado, como la UE. Pero la posmodernidad existe, tiene sus propios valores, y entre ellos está la primacía de lo local. Los Estados nación ya no tienen la efectividad política de antes, más en un mundo globalizado, y la lucha contra la lógica de esa globalización se encuentra en la secesión, en la ruptura hacia realidades más locales, más localistas. Aquí es donde se encuadra la secesión de Escocia, y las tensiones secesionistas en España, como es el caso de Cataluña.

La secesión es posible, y puede ser deseable cuando hay conflictos geográficamente delimitables, o cuando efectivamente hay una opresión. No es el caso de Escocia. Tampoco el de Cataluña que, además, no es una nación. En la Europa de hoy, ¿cuál es la economía de la secesión?

Con la secesión se desmontan unas instituciones y se crean otras. No son, en principio, mejores unas que otras. Hay, no obstante, una presunción que se cumple en Escocia y que se cumple en Cataluña. La globalización impone cierta disciplina, impone límites a la las concesiones de la política al populismo. La Comisión Europea, por razones que hemos explicado en estas crónicas muchas veces, sigue esa disciplina grosso modo. La secesión, tanto en Escocia como en Cataluña, es una promesa que va unida a una mayor socialización y a la conquista del populismo. Bajo estos presupuestos, las nuevas instituciones serán previsiblemente peores que las anteriores.

La creación de un nuevo Estado supone la sustitución, nunca completa, de una clase dirigente por otra nueva, que tiene sus propios intereses. Si ésta será más corrupta que la anterior queda al juicio del observador. ¿Sería más corrupta, por poner un ejemplo, una Agencia Tributaria catalana que la que ya lo es la española?

Pero la cuestión fundamental es la monetaria. Vamos primero a describir las instituciones básicas del sistema monetario a actual, y luego aplicaremos el caso de una secesión. Hay dos características fundamentales del sistema financiero, que además están vinculadas la una a la otra.

La primera es la reserva fraccionaria. Los bancos no mantienen el 100 por ciento de los depósitos, sino que prestan la mayor parte de los mismos, en la confianza de que los depositantes no retirarán todo su dinero a la vez. Ese crédito creado de la nada se filtra por el sistema económico, y crea las burbujas que luego estallan en forma de crisis. El sistema es inherentemente inestable. De modo que se crea un banco central. El motivo con el que se justifica esa creación es múltiple. Por un lado, facilitar crédito al Estado. Por otro, hacer al sistema financiero más “flexible”, es decir, más inflacionista. Y por último, para controlar que el sistema no se desmadre, para que el crecimiento sea estable, y no sometido a los vaivenes del ciclo.

Una secesión corta las vinculaciones de la moneda circulante con el banco central. El nuevo país sólo obtendrá circulante si su balanza por cuenta corriente es positiva. Para ello, los agentes tienen que tener un ahorro neto con el exterior. Sólo se logrará, a corto plazo, con una contracción del consumo, a largo plazo con una economía frugal en el consumo y productiva. Cómo case eso con las políticas populistas desatadas por la secesión, es un misterio. Lo normal es una huida de capitales, una sustitución de la vieja moneda por otra de menor calidad, inflación, corralito, y una o dos generaciones echadas a perder. Este era el principal miedo de los partidarios del “no” a la secesión en Escocia.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)


Normas de uso

Esta es la opinión de los internautas, no de El Imparcial

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

Tu dirección de email no será publicada.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.