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LÁGRIMAS DE ESTATUA

miércoles 23 de enero de 2008, 22:25h
Dicen que la Plaza de la Villa se ha quedado sola. La verdad es que ya antes de que en 1606, el Concejo comprara aquí una casa, la de Juan de Acuña, para poner su primera sede estable, el lugar siempre ha estado ligado al gobierno de la ciudad. Cuando se fue el alcalde, y con él, más de setecientos funcionarios, pensé que la plaza no volvería a ser la misma. Han pasado unos meses y, sin embargo, los vecinos hemos encontrado pocas diferencias. No escuchar pitos o gritos de megáfono, ni tener que caminar sorteando pancartas, es ya todo un acontecimiento, pero sí me lo permiten, les diré, que lo que más extraño son las esbeltas y trajeadas figuras de los guardaespaldas, a las puertas de los cafés de la Calle Mayor y de la Plaza de San Miguel, custodiando el desayuno de los señores concejales a media mañana.

Con las dos invisibles pero públicas lágrimas de nuestro actual regidor aún presentes, me da por pensar en el otro importante morador de la Plaza, el que se ha quedado, Don Álvaro de Bazán, Primer Marqués de Santa Cruz. Héroe militar y mecenas, marinero en ciudad sin mar y granadino en Madrid. Lope de Vega le dedicó los versos grabados en su pedestal: "El fiero turco en Lepanto, en la Tercera el francés, y en todo el mar el inglés, tuvieron de verme espanto. Rey servido y patria honrada, dirán mejor quien he sido, por la cruz de mi apellido y con la cruz de mi espada".

Salvo hechizo o milagro, no lloran las estatuas, así es que no sé sin Don Álvaro se siente solo. Lo que no imagino son lágrimas en sus ojos tras haber perdido una batalla. Claro, eran otros tiempos y se podía hablar de servicio a la patria.

Alicia Huerta

Escritora

ALICIA HUERTA es escritora, abogado y pintora

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