No es sólo que desde hace años se esté haciendo la vida “casi” imposible a muchos empresarios que no comulgan con las ideas del Gobierno catalán con denuncias y multas, por ejemplo, por no rotular en catalán. O que muchos se sientan perseguidos y con continuas amenazas de enviar a los inspectores para revisar punto por punto las cuentas.
Tampoco es nuevo que muchas empresas importantes, de las que tienen peso específico, hayan anunciado ya que en el hipotético caso de una independencia de Cataluña se marcharían e instalarían su sede en otra ciudad de España o de Europa. Mucho se ha leído ya de empresas como Coca-Cola, Día, Lidl, Nestlé, el Grupo Planeta de comunicación, Oreo y Milka, Volkswagen-Audi, Naturhouse, Yamaha, La Jijonenca, Procter&Gamble, Sony, Danone e, incluso, Freixenet. Algunas ya lo han hecho. Pero ahora se escuchan también con más insistencia rumores de huida en dos de las entidades bancarias más poderosas.
Y esto no es todo. La intranquilidad del empresariado en Cataluña se ha trasladado también a los inversores extranjeros, que están viendo cómo toda esta inestabilidad política a cuenta de la consulta secesionista o del adelantamiento electoral y de los peregrinos planes de la Generalidad está contribuyendo a crear un clima de inseguridad y desconfianza.
Por ello, muchos de los que manejan grandes cantidades de dinero han decidido reducir o incluso paralizar de forma más que notable sus inversiones en Cataluña, consiguiendo, por ejemplo, que en el periodo de abril a junio de este año se haya registrado en el feudo de Mas el mínimo histórico de inversión extranjera desde que existen datos (1993).
El dato, ya conocido gracias un informe de Convivencia Cívica Catalana con datos oficiales, es demoledor: la inversión extranjera en Cataluña cayó un 66% durante el segundo trimestre de 2014 con respecto al mismo tiempo de 2013. Es catastrófico para la economía catalana –lo sería para cualquiera– que se pase de 787 millones de euros el año pasado a 267 millones en el ejercicio actual.
Es verdad que el entorno impositivo (en Cataluña hay impuestos más elevados que, por ejemplo, en Madrid) y una evidente mala gestión económica por parte de la Administración no invitan a confiar, pero, sobretodo, la incertidumbre y la inestabilidad política en Cataluña ante una supuesta secesión de España ha generado una incertidumbre de primer nivel entre los inversores de todas las áreas geográficas del mundo. Ya se sabe, el dinero es miedoso.
Y digo yo: ¿Se da cuenta Mas de que está arruinando Cataluña antes de conseguir nada? ¿Entiende el ‘president’ que fuera de España no hay Europa y que eso es inasumible para las empresas radicadas en Cataluña? ¿Es consciente de que por este camino está llevando a los catalanes a la ruina?
Algún líder político habla mucho últimamente de la singularidad de Cataluña sin explicar muy bien qué es. Hasta que lo aclaren que se acuerden de aquel “la pela es la pela” porque la radicalización de la política soberanista de Artur Mas les está tocando donde más les duele.