La reacción fulminante era imprescindible. Que un Tribunal de caminar perezoso haya calibrado...
La reacción fulminante era imprescindible. Que un Tribunal de caminar perezoso haya calibrado a lo que obligaba la gravedad de la situación, merece el elogio de la ciudadanía. Ni un día para la especulación. Arturo Mas se ha encontrado con lo que no esperaba. Ante la tropelía de su desafío secesionista, la maquinaria de la Justicia se puso en marcha sin perder un instante, propinando una sonora bofetada a la desfachatez desdeñosa de Arturo Mas y colapsando, desde el punto de vista legal, cualquier actividad relacionada con el 9-N.
Francisco Pérez de los Cobos, presidente del Tribunal Constitucional, ha demostrado serenidad, eficacia, prudencia y coraje. Ha hecho lo que debía hacer y le han secundado todos los magistrados de un Tribunal generalmente escindido en el estudio de las cuestiones que llegan a su jurisdicción.
Aunque demasiado tarde, Mariano Rajoy ha terminado por reaccionar frente a un órdago que Pedro Arriola aseguraba que nunca se produciría, que era cuestión de darle tiempo al tiempo. Y así nos ha lucido el pelo. Una enfermedad que se pudo curar antes de que se produjera, se ha extendido por toda Cataluña y amenaza con infectar el entero cuerpo social español. Son pocos los que esperan moderación por parte de la Generalidad. Por el contrario, los síntomas anticipan que habrá respuesta en la calle y en otras instancias.