Se dice que las comparaciones siempre son odiosas. Buscar las diferencias y semejanzas entre España y EEUU puede serlo aún más. Podemos discutir cómo se ha afrontado la crisis del ébola en un país y en otro. Podemos analizar si se podía haber hecho mejor o si gestionarlo peor es imposible tanto allí como aquí. Y, al final, podemos estar de acuerdo o no en los resultados obtenidos teniendo en cuenta los medios con los que cuentan unos, desde el punto de vista privado, y otros, desde el público.
En lo que coincidimos seguro es en las tremendas diferencias que vemos, escuchamos y leemos en las noticias que generan los pudientes ricachones allende los mares, por estrafalarias que resulten, y los que pululan por estos lares.
Cuando uno tiene mucho dinero puede comprarse una isla o donar de forma altruista una buena cantidad para acciones sociales. O puedes hacer las dos cosas. El fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, se ha comprado parte de una isla hawaiana por 100 millones de dólares, pero también ha donado 25 millones a los Centros de Control de Prevención de Enfermedades de EEUU para ayudar en la lucha contra el ébola.
Excentricidades aparte –comprarse una isla en Hawai puede considerarse como tal–, lo cierto es que, como el propio Zuckerberg dice, donar 25 millones de dólares “es la forma más rápida” de ayudar. El joven y multimillonario empresario entiende que el problema es grave, que con dinero se puede mantener el brote bajo control y salvar vidas y, como lo tiene, lo dona. ¡Chapó!
La noticia habría sorprendido más si no fuera porque unos días antes, otro millonario, Bill Gates, había donado 50 millones de dólares para el mismo fin. El fundador de Microsoft cree que de esta forma se puede acelerar el desarrollo de medicamentos o vacunas contra este virus terrible. ¡Majete el tío!
Y digo yo: ¿Y aquí en España, algún rico ha donado algo para que nuestros sanitarios tengan trajes adecuados, para que las ambulancias no se conviertan en medios de transporte de riesgo, para que las habitaciones de aislamiento estén realmente aisladas, para que se puedan comprar tratamientos o vacunas?
Aquí en España, efectivamente, tenemos un concepto distinto de nuestros acaudalados. Quizá porque se gastan el dinero en safaris y viajes de lujo, en cajas del vino más caro, en comer en los mejores restaurantes, en guardar las herencias en Suiza y nadie sabe cuántos paraísos fiscales más y en compras en las joyerías y tiendas de moda más famosas.
Podemos seguir hablando de diferencias. Salvando las distancias y con todos los matices que se quieran observar, en unos sitios el éxito se mide por lo que se ayuda al prójimo y en otros por lo espabilado que se anda a la hora de sacar provecho de todo. Unos premian las donaciones, aunque haya beneficios fiscales (aquí también los hay), y otros premian la picaresca. ¡Cuánto daño ha hecho el Lazarillo de Tormes!