www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

La ecuación siniestra

sábado 18 de octubre de 2014, 19:29h
Actualizado el: 19/10/2014 11:09h
Empobrecimiento + Embrutecimiento = Sometimiento es la expresión de mi ecuación: la ecuación siniestra.

A mi juicio, más allá de las formulaciones filosófico-poéticas del concepto, la libertad se manifiesta como capacidad-posibilidad de obrar en todos los planos en los que se materializa la vida de la persona. Y como sentimiento cuyo anhelo varía considerablemente de unos seres a otros: prueba de ello es la enorme cantidad de liberticidas de todo tipo y pelaje que nos circundan.

El final del antiguo régimen trajo consigo el ejercicio incipiente de la libertad política que fraguaría, tiempo después, en la mejor forma de organizar la convivencia que han sido capaces de establecer las sociedades humanas, a decir de Ortega, nuestra democracia liberal. También alumbró ansias de igualdad acompañadas de inmediato por intensos anhelos de bienestar; concurrencia tan inevitable como la doble faz de una moneda.

Veremos que entre todas las pasiones que la igualdad genera o favorece, hay una que vuelve particularmente intensa y que deposita simultáneamente en el corazón de todos los hombres: son las ansias de bienestar. La apetencia de bienestar conforma el rasgo sobresaliente e indeleble de las épocas democráticas”, escribe AdT en “La Democracia en América”.

Bastiat, contemporáneo de AdT, afinaría sobremanera al señalar que: “Conservarse, desarrollarse, es la aspiración general de todos las personas,… Pero es otra la disposición que también les es tan común. Es vivir y desarrollarse, cuando pueden, a expensas unas de otras. … Esta disposición funesta nace en la propia naturaleza del hombre, de este sentimiento primitivo, universal e invencible, que lo empuja hacia el bienestar y le hace huir del dolor.”; puede leerse en “La Ley”.

En este sistema de referencias concluyo que el ejercicio de la libertad no es sino el cotidiano desenvolvimiento en el seno de un complejo y tupido juego de límites, de manera que una aproximación a estos nos daría, sensu contario, una primera apreciación de la calidad de aquel.

Y así, cuanto más se nos detrae a través de los impuestos, y del encarecimiento de los bienes de consumo imprescindibles para vivir una vida digna, más se nos empobrece, más se nos limita la capacidad de compra –de bienes de todo tipo, no solo de los superfluos sino de otros muy necesarios, como una mejor formación–; más se nos somete. Por no hablar del sometimiento radical que supone carecer de la posibilidad de disponer de los medios con los que satisfacer lo más elemental: jóvenes que no hallan acomodo en el mercado de trabajo o mayores expulsados del mismo.

Cuanto menos formación se ofrece y requiere de quienes nos han de relevar, cuanto más se les embrutece banalizando la responsabilidad, estableciendo ridículos umbrales de exigencia y fomentando unas tan estériles como estúpidas conductas hedonistas, como si aquello de lo que disponemos lloviera del cielo,menor es su capacidad de elección en lo que requiere un razonamiento elaborado, más exiguos sus campos de análisis, de valoración y de expectativas, mayores las limitaciones a las que se les aboca; mayor sometimiento.

Cuando todo ello confluye auspiciado por quienes ocupan el poder político, que lo ejercen dando prueba, acaso sin saberlo, del canon de Bastiat, con escasa responsabilidad y aun menos escrúpulos, se fragua una circunstancia que la ecuación siniestra condensa a la perfección. Y no hay que ser un prodigio de sagacidad para vislumbrar la tormenta que se nos cierne.

Vengo de muy atrás. Soy consciente de qué ha costado a mis congéneres, y a mis compatriotas en otro plano, que pueda verme aquí como me veo; que podamos vernos aquí como nos vemos. De cuánto he recibido y cuánto adeudo; de cuánto se me esquilma y de cómo se fragua la ruina de una sociedad que se pretende perdure sobre el basal de la irresponsabilidad y del embrutecimiento. Creo, legítimamente, poder afirmar: “sé de qué hablo”.

La Libertad. “No me pidan analizar este amor sublime, hay que sentirlo. Entra por sí mismo en los grandes corazones que Dios ha preparado para recibirlo, los colma y enardece. Hemos de renunciar a hacérselo comprender a los espíritus mediocres que jamás lo han sentido”; AdT, de nuevo, en “El Antiguo Régimen”.

Pero no es menos cierto que “... es el pueblo el que se subyuga,... el que pudiendo elegir entre ser siervo o ser libre... se unce al yugo,...”, como apreció De la Boëtie allá en el S XVI, –“Discurso de la servidumbre voluntaria” –. Y es que el pueblo allana los caminos a quienes le huellan al preferir la comodidad en la servidumbre a la incertidumbre en la libertad.

Por todo eso me rebelo. Muy modestamente; sin más pertrechos que mi saber y mi palabra. Aún a riesgo de equivocarme.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+
0 comentarios