EL CHIVATO
Mercaderes en el templo
lunes 20 de octubre de 2014, 20:30h
Con todo respeto al Nuevo Testamento utilizo el símil para exponer alguno de los padecimientos que sobrelleva el Teatro todavía, sin que ninguno de los virus mercantiles o políticos arrojados contra su salud eterna, obtenga el objetivo de amordazarlo.
Apuntan a la diana del Teatro y le disparan a matar, la crisis de autores que, los hay y buenos pero que prefieren gastar su creatividad –el talento se lo reservan- en la simplicidad de los guiones para la TV; el jodido IVA; el inalcanzable precio de la publicidad; la facilona oferta televisiva que violenta la menguada intimidad familiar… Sin embargo, todos estos embates sumados carecen de efecto si se comparan con la grave irrupción de los mercachifles en el santuario de Talía.
Primero, con la democracia, fueron unos, casi siempre, lamentables responsables de la cultura en autonomías y ayuntamientos, que autoerigidos, sin preparación alguna, en empresarios teatrales –algunos actuaban como egipcios o trinconieres ocasionales-, mandaban en sus teatros, programaban a los amiguetes o cotizantes y disfrutaban encantados con la novedosa y divertida actividad.
Luego llegaron a disponer de los escenarios los mercaderes que, anteponían su voracidad crematística, al espíritu; a la magia de la creación teatral; empresarios con buena preparación financiera capaces de analizar hasta el último costo de las emergentes producciones, ya sin alma.
Y es que el Teatro, como aquel templo del Nuevo Testamento, necesita que un sabio con corazón expulse a los mercaderes del templo.