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TRIBUNA

Estallido social: el voto entre los dientes

lunes 03 de noviembre de 2014, 20:15h
La corrupción política y judicial está dispuesta a retar la capacidad de resistencia de un pueblo consumido en el hartazgo de la impotencia. En España esta situación límite puede ser inopinadamente, tan necia es la ceguera de los responsables de esta debacle, causa de una rebelión sin carácter ideológico; una auténtica algarada contra los causantes de los daños que han arruinado la vida de millones de personas. Las próximas elecciones millones de contribuyentes y otros arruinados votarán con la bilis ensañándose en el estómago hasta abrasarles el alma. La gente no votará consumar su desintegración por afinidad de ideas, sino por hartura emocional contra todo. Existen millones de potenciales electores sin nada que perder, para alinearse con la desintegración y la falsa esperanza por puro afán de revanchismo. No elegirán diezmar a los causantes políticos, votarán, sin saberlo y desesperados, contra sí mismos.

Cuando en este país de tan sufridos y sacrificados ciudadanos algunos jueces y políticos evidencian la aberración permanente de sus putrefactas esencias, estamos ante el embudo de las soluciones estrecho como la incapacidad gobernante para evitar que la población vaya percibiendo la ruptura de una esperanza vital, tan necesaria para subsistir en estos tiempos endemoniados a los que asistimos con indignación y rabia contenidas. No hay que ignorar los indicadores del CIS sobre lo que se viene encima: por no llevar el cuchillo entre los dientes, en próximos comicios puede que se vote con la papeleta de la boca a la urna. El efecto violentador será el mismo.

Mérito tiene la ciudadanía aherrojada por una manada carroñera de inútiles, vendidos, corruptos, inmorales y destructivos políticos que han conformado un grupúsculo de intereses particulares y oscurantistas, cuyos males son tan patentes que ruge una marabunta de inconformismo generalizado. Sí, así es. Un desacuerdo visceral generado por la ira y que puede preceder a un reventón social sin parangón en la historia democrática de España; esa democracia que nos hicieron creer en tanto convenía mantener el engaño. Mérito posee pero me temo que no asaz inteligencia para evitar caer en el populismo que nos arroje a las más oscuras incertidumbres. Muchos saldrán del agua hirviendo para saltar a la sartén y freírlo todo.

Urge salirse del guión y tomar muy en serio la amenaza de autodestrucción con que se conmina a un país sin rumbo, hacia las parásitas garras de las conveniencias más extremistas. Lo tiene fácil el depredador frente a la víctima debilitada, de no reaccionar con inéditas formas y fondos para convencer más allá de las rutinas del desgaste que ha ejercido como dirección política el hasta ahora muy decepcionante Mariano Rajoy.

Si no se toman medidas de choque, con un sentido de urgencia inédito en cuarenta años de democracia, un verdadero plan de emergencia nacional, el estallido acontecerá en las urnas; las consecuencias destructivas, las peores, vendrán después.
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