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TRIBUNA

Corrupción delenda est

martes 04 de noviembre de 2014, 20:19h
Amanecemos cada día con nuevos casos de corrupción, que nos sumerge en un estado de perplejidad y desorientación, que se asemeja al personaje de la Metamorfosis de Kafka, Gregor Samsa; quien tras una noche de agitado sueño, comienza la jornada con un perturbador presagio:

“Despertar es el momento más arriesgado del día”

En su caso, es la transformación en un insecto que trata de adaptarse a una sociedad autoritaria y burocrática, en la cual el individuo, queda aislado e incomprendido ante una demoledora maquinaria Institucional.

En nuestra sociedad actual, hemos pasado de la indignación, a una especie de sopor, a ese estadio de somnolencia que precede al coma, y en el que vamos palpitando el deterioro moral de nuestros dirigentes de todo el Arco político que nació de la mano de la Democracia, con el consiguiente reflejo del incremento de la pobreza en las capas de la sociedad.

¿Cómo reaccionamos ante, tales atropellos.? Ya, no nos vale el pronunciamiento del Perdón por el Presidente de la nación, ni las promesas de especular con pactos anticorrupción, ante la apremiante campaña electoral.

Todos los análisis sobre estas conductas, concluyen con el mismo razonamiento: Se han llevado a cabo, con la desfachatez y la chulería que da la impunidad, el de saberse inmune a la acción de la Justicia, por un lado, por el transcurso del tiempo que juega a favor de la prescripción del delito, y de otro, la de contar con el escudo protector de unas instancias superiores, nombradas a dedo.

Traigo a la memoria, la obsesión del tribuno Catón, (en la era del Imperio Romano) por la destrucción de Cartago ( Ciudad de origen fenicio, a 17 kmts. de la actual Túnez) En sus intervenciones en el senado, terminaba siempre con la misma letanía:

“Cartago delenda est” , es decir Cartago debe ser destruida. Ese pensamiento de odio exacerbado de los ciudadanos romanos por la aniquilación de Cartago, era la consecuencia de los años de humillación infligidos por el caudillo cartaginés Aníbal, en sus incursiones y saqueos a las colonias de la poderosa Roma.

Tras la derrota de Cartago en la batalla de Zama en el 202 a. de C. con un Aníbal refugiado en la ciudad de Bitinia (Anatolia), se encontró con la disyuntiva de entregarse o quitarse la vida, optando por el suicidio. Seguidamente los ejércitos de Publio Cornelio Escipión, invadieron Cartago sin tener piedad de sus habitantes con la orden de exterminio total, llevado a cabo con una virulencia extrema y borrándola literalmente del mapa, dejando en su lugar, un paisaje dantesco, yermo y devastado.

Éste, aforismo latino, se ha registrado en los anales de la Historia, como un modo de expresar la tenaz insistencia en la destrucción del Mal que atenaza a una Sociedad determinada. En la Roma imperial fue la destrucción de Cartago, como en España, es, en estos momentos la destrucción de la Corrupción generalizada, y en cuyo empeño, no debemos de cejar, hasta conseguirlo.
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