A los españoles nos encanta romper la baraja, cortar por lo insano, remover los cimientos y jugar con fuego. Somos propensos a los arranques de ira, cólera, rabia, indignación y derivados. Es lo que escribía Pérez-Reverte en una de sus patentes de corso, en la que rememoraba una batallita heroica y olvidada del XVII: muchas de nuestras acciones decisivas arrancan por un temerario “¿a que no hay huevos?”. Todo esto viene muy a cuento de la última encuesta del CIS, recién salida del horno.
Al margen de matizaciones porcentuales entre intención de voto y estimación del mismo, de lo que nadie sensato duda ya a estas alturas del thriller es de que una masa millonaria de españoles va a dar su papeleta a Podemos en las generales de dentro de un año, con lo que esta formación, que no partido, se va a convertir en fuerza política equiparable, escaños arriba escaños abajo, al PP y al PSOE, vulgo los partidos de la casta. Y eso, ¡a ver qué pasa! (Hoy muchos escribirían “haber que pasa”).
Lo sensato en España es ser consciente de que vivimos en un país de insensatos, así que ya podemos ir preparándonos para la que se avecina. A los que nos dedicamos a actividades estéticas, o por lo menos a este columnista, nos ronda una preocupación trascendental que afecta a la imagen de España: ¿se pueden imaginar a Pablo Iglesias posando a las puertas de La Moncloa? ¿Con su camisa arremangada, su perilla de mosquetero, su interminable coleta y su sonrisa canina? Entiéndaseme: no quiero –ni puedo- criticar su imagen personal (libre, personal e intransferible), tan solo su previsible imagen personal en aquella hipotética circunstancia.
A más a más, que decía Mas antes de venirse a menos y perderse en Cataluña: ¿se imaginan la primera foto de gobierno, el posado en las escalinatas del palacio, con el flamante presidente Iglesias flanqueado por Monedero -ministro de Economía y Hacienda-, Errejón –ministro de Comunicación y Prensa-, Bescansa –ministra de la Mujer- and company? Seguro que les cuesta. Y sin embargo se puede, siquiera con el no menos flamante Sánchez con una vicepresidencia y Antonio Hernando o César Luena rellenando carteras de menos enjundia.
Sabemos que Podemos es partidario de los referéndums para todo. Acepta el referéndum independentista catalán y predica un referéndum sobre monarquía o república. Muchos pensarán: al final luego nunca pasa nada. Pero obvian la historia de España, en la que casi todo lo que pasa políticamente hablando pasa rompiendo la baraja, cortando por lo insano, removiendo los cimientos y jugando con fuego. España se hace a bandazos, más por errores que por aciertos y atajando por el camino corto. Las cuatro décadas de estabilidad franquista más las cuatro de estabilidad juancarlista quizá nos hayan adormecido y malacostumbrado.