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TRIBUNA

9N, Mas y el país de nunca jamás

lunes 10 de noviembre de 2014, 19:27h
Actualizado el: 11/10/2014 21:10h
En el año 2002, un político antinacionalista declaraba con sentido común y coherencia integradora las siguientes afirmaciones: "Cataluña puede aspirar a mantenerse en el entorno del Estado español; el concepto de independencia está anticuado y un poco oxidado; sería irresponsable ir por el camino de una frustración colectiva". Quién le ha visto y quién le ve, cierto es que entonces Arturo Mas todavía no había gozado de oportunidades para trincar.

Doce años después de tantos actos presuntamente delictivos está obligado a seguir el discurso de Junqueras y los socios separatistas, pero ni así evitará el cerco policial y jurídico que por fin protagoniza el clan Pujol. Ya sabemos lo que toca si no se le frena el ansia por huir hacia adelante y sin nada que perder salvo la vergüenza: consumado el 9N arreciarán las exigencias en nombre del pueblo catalán, intentando escapar de la acción judicial, arengando a las masas con el cuento secesionista que años antes el President criticó. Todo será humo para despistar a los sabuesos de la Hacienda Pública y de las Fuerzas de Seguridad del Estado, español, para más señas. Porque la cuestión del independentismo catalán en pleno siglo XXI está artificiosamente influida por una gestión de política interna tan nefasta que ha terminado lastrando a Cataluña, en tanto Mas y la familia se han otorgado alas económicas, a imagen y semejanza del pujolismo, favoreciendo a cuantos pájaros se arrimaron al Govern catalán. ¿A quién engañan ya salvo a los incondicionales de la farsa del referéndum? A la Justicia seguro que no. A partir de ahora deberían mostrarse acciones tan taxativas y continuadas como las iniciadas en Andalucía por los ere y los cursos de formación.

El 9N fue el particular Halloween de Arturo Mas disfrazando Cataluña entera de fantasma para asustar a España. Cogidos con las manos en la manduca autonómica había que disimular y armar un belén adelantado a la Navidad. Los Reyes Magos existen y son catalanes, para más señas, como Cervantes, Leonardo Da Vinci y cuantas figuras históricas lleguen a las ocurrencias del ridículo Victor Cucurull y afectos a la idiotez extrema. La tergiversación de la Historia hasta lo histriónico, la carencia de escrúpulos engañando acerca de la financiación, el intento de apoderarse de un patrimonio por el que han trabajado todos los españoles y escurrir el bulto de las responsabilidades delictivas en la gestión de Cataluña, derivan en un independentismo que pagamos todos para satisfacer los caprichos de unos pocos y algunos, para más inri, necesitados de urgente tratamiento psiquiátrico aunque vistan aparentes como engañosos hábitos de monja.

Algunos estarán como chotas, de acuerdo, pero no nos engañemos en adjudicar responsabilidades. El 9N ha sido un exabrupto ilegal con la aquiescencia de un Gobierno español pasmado y poco dado a seguir las directrices preventivas, obligadas para evitar daños contra el equilibrio que ha permitido una convivencia en paz durante cuarenta años.

El 9N ha demostrado que existe una minoría escandalosa imponiendo una quimera, sin proyecto sólido y con una huída hacia adelante que terminará arruinando a los propios catalanes. No hay Unión Europea, ni euro que valga y las inversiones se espantan cuanto más se ha permitido este teatro de las necedades que han protagonizado tanto Mas como Rajoy por inanidad gubernamental

Da igual forzar lo inadmisible que el plan independentista es inviable, habida cuenta de los forajidos que llevan la rienda política. Si es cuestionable desde cualquier punto de vista formal, el fondo de corrupción que impele al separatismo supone causa mayor para intervenir judicialmente. Rajoy nunca encontrará consenso porque se busca la codicia mantenida con el quiosco autonómico, enarbolando las banderas escapistas que encubren la corrupción en Cataluña. Habrá más trapos sucios por descubrir, seguro, pero ya se sabe que los disfraces para despistar de Mas son todo menos honorables.

Los políticos han arruinado Cataluña y ahora pretenden arrastrar a la ciudadanía hacia un callejón sin salida para ocultar los desmanes que jurídicamente pueden ser perseguidos, después de manejar las arcas al antojo con la excusa del nacionalismo. Aspiran a que la buena gente engatusada, la misma a la que han robado, les salve del atolladero en que se han metido obrando durante años como vulgares delincuentes. La política desintegradora es pretexto perfecto para eludir responsabilidades penales y más si se parapeta tras un pueblo estafado.

No desean preguntar en referéndum al resto de los españoles porque son los más los que pagan las cuentas ajenas de una minoría exaltada cuanto más se ha robado a las arcas públicas, con mordidas habituales. Muchos pensarán que está bien que haya un futuro para el independentismo, pero no a costa del futuro de los españoles. Una independencia sin presupuestarla a las arcas españolas no es posible. Arturo Mas es un engañador que pretende legalizar una trapisonda chapucera de inmenso despilfarro.

Así es fácil financiarse a costa de todos siendo escasos los recursos de los minoritarios. Esa independencia no es tal, sino una tomadura de pelo de alto coste. Tanto que no se puede permitir con una crisis galopante en la que la Generalidad ha colaborado muy especialmente; antes bien deberían pedirse cuentas pendientes, acumuladas con la corruptela catalana durante décadas y muy concretamente durante el periplo confiado de Mas favoreciendo, como cualquier otro común corrupto del resto de España, a familiares y amigachos.

Cataluña es el país del nunca jamás a medida de la inviabilidad de la autodeterminación. Falta saber cómo acaba el cuento de la lechera catalanista; el que Mas y otros se montaron para escapar de una probable acción judicial en territorio español... ergo Cataluña.
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