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NOVELA

Joyce Carol Oates: Carthage

domingo 16 de noviembre de 2014, 19:19h
Joyce Carol Oates: Carthage

Traducción de José Luis López Muñoz. Alfaguara. Madrid, 2014. 530 páginas. 19,50 € La escritora norteamerica, eterna candidata al Nobel, nos ofrece un nuevo e intenso thriller, que nos atrapa desde principio a fin.


Por Carmen R. Santos

A los catorce años Joyce Carol Oates (Lockport, Nueva York, 1938) recibió de su abuela un regalo premonitorio: una máquina de escribir. Desde ese momento, la autora norteamericana no ha dejado de desarrollar su vocación literaria de manera constante, hasta convertirse en uno de los escritores más prolíficos. A veces, su gran fecundidad, desplegada sobre todo en la narrativa, aunque sin olvidar otros géneros como el ensayo, el teatro o la literatura infantil, se le ha reprochado como algo negativo y la propia Joyce Carol Oates se ha visto en la obligación de defenderse. Interrogada por ello en varias ocasiones, ha señalado que, en realidad, no es más prolífica que otros autores contemporáneos como John Updike o Norman Mailer, y no digamos ya si nos remontamos a otras épocas, en donde recuerda los nombres, por ejemplo, de un Charles Dickens o un D. H. Lawrence.

En cualquier caso, su condición de prolífica ha alcanzado el carácter de tópico al tratar de la escritora neoyorquina, al igual que tildarla de “la eterna candidata” al Nobel, un premio que se resiste a sumarse a los numerosos que ya atesora, como el National Book Award, el PEN/Malamud Award, o la National Humanities Medal, el más alto galardón concedido por el Gobierno de Estados Unidos en el ámbito de las Humanidades. Y, en cualquier caso también, lo que realmente importa es que indiscutiblemente Joyce Carol Oates ha creado un mundo propio que ofrece en obras de extraordinaria intensidad, difícilmente olvidables. En su producción no escasean, sino todo lo contrario, grandes novelas. Títulos como Que fue de los Mulvaney, La hija del sepulturero, Hermano, mía, mi amor, o Mujer de barro forman ya parte del canon de la gran novela americana. A ellos puede añadirse la novela de Joyce Carol Oates que ahora aparece en España, Carthage, donde demuestra que no ha perdido ni un ápice de sus cualidades como narradora.

Carthage comienza con un planteamiento que invita a seguir leyendo: la desaparición y posible asesinato de Cressida Catherine Mayfield, una joven de diecinueve años. Es hija de Zeno Mayfield, abogado que fue boy scout y en su día alcalde de Carthage -pueblo ficticio del Estado de Nueva York, escenario principal de los hechos-, y de Arlette, que tiene una enorme fe religiosa. Y es hermana de Juliet. Las dos hermanas tienen muy distinto carácter y, sobre todo, son vistas de muy diferente manera: Cressida es la “la lista” y “la fea”, mientras que Juliet es “la guapa”. Cressida tiene una personalidad en la que “le resultaba más fácil burlarse que admirar. Más fácil distanciarse de los demás que tratar de identificarse con ellos”. Por el contrario, Juliet es bondadosa y se cuida mucho de no hacer daño a los otros. En medio de las dos se encuentra Brett Kincaid.

Después del 11-S, el nefasto día del atentado contra las Torres Gemelas, a Brett Kincaid la decisión de alistarse como voluntario para combatir en Irak le cambia la vida. Kincaid vuelve de la guerra con terribles heridas físicas, tiene la cara quemada, y psicológicas, tras participar en la barbarie bélica. Kincaid fue novio de Juliet, aunque rompen el compromiso, y es el principal sospechoso de la desaparición y presumible asesinato de Cressida. La figura de Kincaid como veterano de guerra fue el origen de la novela, según ha explicado la propia Joyce Carol Oates: “Estaba de visita en una pequeña universidad de Virginia occidental; andaba dando un paseo por la orilla de un río y no pude evitar fijarme en una serie de hombres jóvenes en sillas de ruedas o con muletas. Me conmovió de tal manera que le pregunté a mi anfitrión quiénes eran. ‘Son veteranos. De la guerra’ me dijo, y eso que probablemente ni llegaban a los treinta años. Pensé mucho en aquello y comencé a documentarme, a leer libros y periódicos, ver fotografías, obras de arte…a darle vueltas”.

La denuncia de esa situación, de la locura de la contienda, de lo que sucedió en la intervención norteamericana en Irak, es un eje de la historia, pero no el único. Como es habitual en Joyce Carol Oates, se combinan aquí con maestría variados elementos y registros que componen un thriller de gran fuerza, poblado de personajes potentes y repletos de claroscuros, con un trasfondo que enlaza con fuentes primigenias del arte de contar: “Existen cuentos de hadas en los que una hermana es la buena y la guapa; en los que una hermana ha recibido todas las bendiciones. Y la otra hermana está maldita”.

Joyce Carol Oates vuelve a mostrarse como una sagaz analista de la realidad social de su país, de lo que se oculta bajo una apariencia sin aristas. Y sabe otorgar a ese examen un carácter universal, al combinarlo con una tan lúcida como inquietante exploración de las zonas más sombrías del alma humana donde se enseñorea la semilla del mal, donde la culpa, y el posible o imposible perdón, libran muchas veces una gran batalla. Aquí lo hace en una novela que te atrapa de principio al fin, desde esa cita de Crimen y castigo que muy significativamente la encabeza, cuando Sonia le dice a Raskólnikov: “Ve de inmediato, sal en este mismo instante a los caminos, besa primero la tierra que has mancillado, luego inclina la cabeza ante todo el mundo y di a todos los hombres: ‘¡Soy un asesino!’. Será después cuando Dios te devuelva la vida”.

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