Prometió explicar "mejor" sus "argumentos" sobre Cataluña. Por A.L.M.
En su ‘Canela Fina’ de este martes en El Mundo, Luis María Anson sostiene que, pese a que “el entorno arriólico de Rajoy justifica el retroceso del PP por la dureza de las medidas económicas y la reforma laboral”, habría que echar un vistazo a cómo se ha portado el presidente con las consideradas “bases del centro derecha”, que concreta en el respeto a los principios de derecho público cristiano, el trato a las víctimas del terrorismo y la defensa de la unidad de España. En la primera cuestión, el periodista denuncia “regateo” -cita la reforma de la ley del aborto-, en la segunda, “indiferencia”, y en la tercera, “pasividad”.
Quizá movido por los buenos profesionales y estrategas de la comunicación que ha encontrado en Brisbane, Australia, donde ha compartido tiempo con los líderes del G-20, Rajoy admitió el fin de semana que se ha equivocado y que tendrá que “explicar mejor” sus “argumentos” sobre Cataluña, palabras que cayeron bien entre los suyos, no pocos de acuerdo con la citada tesis de la falta no ya de contundencia sino de mera acción.
Sin embargo, las dos primeras oportunidades de demostrar el cambio se han confirmado más de lo mismo. Una ya se ha desperdiciado y la otra tendrá lugar en unos días. La carta de respuesta de Rajoy a Mas de este lunes va “en la misma línea” que los discursos anteriores, como la propia Moncloa explicita, y emplea las mismas expresiones ya escuchadas estos meses atrás. El fondo, esto ya más comprensible, no varía: la soberanía no es negociable.
El segundo de los cartuchos es un gran acto en Barcelona el sábado 29. La pretensión de Rajoy es escenificar esa nueva forma de decir y hacer frente al independentismo. El evento central hasta el momento es uno más de tantos de partido. El presidente clausurará una jornada sobre buenas prácticas en los ayuntamientos arropado por los suyos y en lugar cerrado, por lo que la forma de verlo y escucharlo será la habitual, a través de la televisión, tal y como si el mitin para seducir a los catalanes se celebrara en Toledo, Santiago o Madrid.
Rajoy ha de vencer la batalla de la credibilidad y buena parte de esta pasa por exhibir esas otras maneras. Dijo que no habría consulta en Cataluña y la hubo, si bien no de la forma en que se compuso inicialmente, y ahora asegura que no la habrá "definitiva", al tiempo que la Fiscalía no ha sido capaz de articular una respuesta a un 9-N que según el Ejecutivo no tuvo agarradera legal ni garantía algunas. Sensación generalizada de que Mas se ha salido con la suya.
El desafío desde Cataluña se le arrima peligrosamente a las generales y su electorado espera pasos en la dirección que apuntan las “bases” a las que se refería Anson. Rajoy viaja el 29 al epicentro de la amenaza y a más de una semana tiene un peso sobre la espalda –el deber de cumplir la promesa de un cambio real en la comunicación- y una gran ventaja: la agenda de esa jornada sigue abierta y los folios que leerá ese día aún están en blanco.