PASO CAMBIADO
Mas, de la chulería al victimismo
José Antonio Sentís
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directorgeneralelimparciales/15/15/27
miércoles 19 de noviembre de 2014, 21:07h
Después de la apoteosis de chulería de Artur Mas, con su inmenso despliegue de provocaciones a Rajoy, al Gobierno, a la Fiscalía, a la Constitución y, en suma, al Estado, toca ahora su arrebato de victimismo trascendental. Porque la Fiscalía General del Estado, después de muchos dimes y diretes, ha decidido presentar una querella contra el presidente de la Generalidad de Cataluña, tal como él mismo había solicitado en plan torero al hacerse responsable de la mamarrachada del 9-N. Y Mas y los suyos se van a rasgar las vestiduras en una perfomance épica que va a empalidecer a los coros de las tragedias griegas.
No es cuestión ya de debatir sobre si el simulacro de referéndum había de tratarse de una u otra forma. Ni siquiera sobre el futuro judicial de la querella. Porque Mas ha hecho lo posible para que no hubiera otro camino. Probablemente porque se considera el más listo a este lado del Pirineo. Y no es el único que lo piensa, porque de hecho, son menos los que critican la traición de Mas que los que se irritan por la actuación de Rajoy.
En el aparente razonamiento de Mas, con el desplante al requerimiento del Tribunal Constitucional, con su taimada consultita que no hacía pero que sí recontaba; que no decretaba pero sí enarbolaba; que delegaba pero de la que se responsabilizaba, no sólo tomaba ventaja dentro del soberanismo en su batalla interna con Junqueras, sino que ridiculizaba a Rajoy, y con él a España. Y, si Junqueras no le seguía, quedaría como un traidor a Cataluña; y si lo hacía parecería el chico de los recados. Y si Rajoy lo confrontaba, quedaría él mismo como el cordero en el ara del sacrificio; y si no lo hacía, tendría al presidente del Gobierno como un pelele en manos del estadista catalán.
Pues bien, ya hemos llegado a la segunda fase. Y como para nada interesa ya lo que haga Junqueras, y si es siervo o amo en el independentismo, solo es importante la opción elegida por el Estado que gobierna Rajoy, que, en este caso ha sido la querella que propiciará la imagen de martirologio de Mas.
Bien, como comentaba arriba, había ya poco que elegir, salvo la actuación fiscal. Y ya puestos, quizá sea interesante ver el lado positivo (para el Estado) de esta elección. Porque, desde luego, la opción de dejar a Mas como el astuto genio que lleva del dogal a España entera, a su Gobierno y a sus instituciones, no era de recibo. Ha sido un juego excesivamente poco sutil, aunque su autor crea de sí mismo que es un genio de la estrategia.
En realidad, con Mas, Maquiavelo se hubiera echado a llorar. A los enemigos hay que engañarles, pero no una vez: todas, hasta la aniquilación. Y no puedes reírte de ellos mientras están vivitos y coleando. Porque igual parecen inofensivos, pero quizá lo sean algo menos, y simplemente te la guardan para cuando puedan.
Pongamos que Mas gana puntos en su territorio en el papel de víctima. Pongamos, incluso, que además aparece como victorioso, si la querella de la Fiscalía no prospera, que es una posibilidad nada desdeñable, ya que aún no están tipificados como delitos la burla y el cachondeo. Pero el ajedrez no se acaba hasta la captura del rey.
Ahora, Mas, después de hincharse como un globo satisfecho, se va a poner como una plañidera ofendida. Pero el victimismo es un arma de una sola bala. Es cierto que el Gobierno, la Fiscalía, tal vez la Justicia, hayan quedado desconcertados por las triquiñuelas de Mas alrededor del 9-N. Pero no van a estar perplejos siempre. Y como Mas tendrá que hacer más jugadas, pues, que se sepa, Cataluña aún no es independiente, la siguiente será más difícil. Porque, según se crece, más se confía. Y quizá haya todavía dudas sobre la incursión en delitos de Mas, pero a poco que continúe caminando por el precipicio va a estar más próximo a despeñarse.
De momento, Mas ha jugado su envite. La Justicia podrá verlo o no, quién sabe. Si no lo hace, si inadmite la querella de la Fiscalía, tendrá Mas una segunda oportunidad. Pero si, por casualidad los jueces quieren saber del asunto, Mas va a tener que empezar a dar explicaciones. Y eso, cuando menos, es molesto, porque la épica de declarar en los juzgados es más bien escasa.
Pero, pongamos que sale de rositas de ésta. Que no sueñe con que lo hará de la siguiente. Porque, aunque estemos en un despliegue de paciencia estatal, la Ley sigue siendo la Ley, y a poco que se descuide terminará cayéndole encima. Y para entonces todo será espeso y nada heroico. Y el papel de víctima ya estará más que gastado, especialmente para una persona que quiere a la vez ser emperador romano y cristiano en el circo.
En fin, Artur Mas puede lograr lo que parece un imposible. Que Rajoy termine por enfadarse de verdad. Y mira que le ha echado paciencia, para no hacer irreversible una confrontación. Pero no creo que le quede demasiada. Desde luego, la inmensa mayoría de los españoles ya la ha perdido en este cansino asunto, y teniendo en cuenta que Rajoy es su representante, no va a tener más remedio que actuar como le piden sus representados. Bueno, espero que con más sutileza.
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Director general de EL IMPARCIAL.
JOSÉ A. SENTÍS es director Adjunto de EL IMPARCIAL
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