David Safier (Bremen, 1966) renueva el tema de la Segunda Guerra Mundial tomando una nueva dirección en su carrera novelística: frente a Maldito karma o ¡Muuu!, 28 días es una novela sobre el drama y el milagro de la existencia humana. La obra mezcla la trágica historia de una joven que se dedica al estraperlo para sobrevivir y que terminará alistándose en la resistencia del gueto de Varsovia. Para construir la trama y actualizar este decisivo acontecimiento histórico, David Safier mezcla motivos recurrentes de la literatura universal. Por ejemplo, aparece en primera instancia el loco que dice la verdad y que atrae con su magnetismo a Mira, la joven protagonista de dieciséis años que narra sus experiencias en el gueto. En segundo lugar, el motivo del amor socialmente aceptado: el de Daniel y Mira y la atracción de otro amor, el prohibido y tabú, en este caso el de Mira con Stefan.
David Safier inserta reflexiones metaliterarias en su obra, empleando el tópico de la literatura como consuelo. Para Mira y su familia la construcción de historias fantásticas son una ayuda para seguir viviendo, el alimento de la imaginación aparece como recurso de supervivencia. En la obra, Hanah, la hermana pequeña de Mira, tiene muy buen carácter y no se desanima, infundiendo ánimos a sus familiares, gracias a su fabulosa virtud de recrear historias maravillosas a partir de cualquier asunto. Todos ellos colorean y dan perspectivismo a la trama: una tragedia absoluta y una lectura dolorosa por la cantidad de crímenes y barbaridades que se relatan.
Pero no todo son dolores en esta lectura, David Safier con su arte da profundidad a la historia, planteando los errores y las virtudes humanas de esos personajes que viven una situación extrema donde todas las reacciones se radicalizan. Nos encontramos pues ante personajes que se erigen en héroes o se condenan de forma monstruosa. Y el miedo en el que viven los protagonistas se contagia en el pálpito del lector que queda sumergido inmediatamente en el marco del gueto de Varsovia.
La historia se va tejiendo desde la primera escena con Mira en el mercado polaco, comprando mercancía que luego revenderá en el mercado negro, pues tiene que mantener a su familia tras la trágica muerte del padre, la depresión de su madre que se mantiene postrada, la huida de su hermano que ahora trabaja con la policía judía para los alemanes y la necesidad de proteger a su hermana pequeña por encima de todo. Es este instinto, el amor por su gente, el que llevará a Mira a superar todas las dificultades que la vida le impone, el amor más primitivo y arraigado brota en los momentos de más penuria, y si falta el contacto familiar, ahí está la literatura y las historias de ficción para atraerlos en la imaginación y seguir conservando los ideales por los que seguir adelante. La humanidad se eleva así, al generar ese valor y esa fortaleza sobrehumanos, y al mismo tiempo se condena por producir ese destrozo abominable que supuso la Segunda Guerra Mundial.
Mientras unos se aman con la mayor intensidad que pueda existir, otros cometen las mayores barbaridades, las más horrendas. Pero esta obra, en palabras de su autor, “no trata de cómo matar sino de vivir”. Y la pregunta fundamental surge en un monólogo que sostiene la narradora consigo misma: ¿Qué clase de persona quieres ser?, ¿Cómo te comportarías? En esta obra la grandeza y el horror cobran tales magnitudes que parecen inventados pero son reales. El sabor de la novela quedará en el paladar del lector para posteriores reflexiones gracias al final abierto.