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¿Qué fue del Arca perdida?

miércoles 21 de mayo de 2008, 19:14h
La saga de Indiana Jones se completa con la cuarta entrega de las aventuras del arqueólogo más famoso del cine. En esta ocasión, varía un poco la temática de anteriores entregas, en las que se afanaba por buscar reliquias sagradas. Comenzaba con el Arca de la Alianza, y lo dejábamos tras los pasos del Santo Grial. El éxito de anteriores taquillas, independientemente de la excelente calidad de director y actores, parece avalar el gusto del público por este tipo de fantasías ¿O quizá no son tales? En el caso del Arca de la Alianza, desde luego, no. Hay pruebas de que Nabucodonosor, cuando saquea Jerusalén allá por el 587 a. C., ordena buscar el Arca, aunque no se sabe a ciencia cierta si llegó a dar con ella. Sin embargo, todo apunta a que no fue así. Nace aquí otro de los mitos de la Ciudad Dorada, y es la ubicación del tesoro del Templo, Arca incluida.

El Arca en cuestión, según la Biblia, era de madera de acacia recubierta de oro puro, y coronada por dos querubines. La portaban cuatro levitas, y dice la tradición que intervino -con éxito- en muchas de las batallas más famosas de Israel. El poder que se le atribuía era digno del mismo Yahvé, y en base a ello se esbozaron las teoría más peregrinas que se puedan imaginar, como que el Arca escondía una especie de meteorito, y de ahí los ropajes y precauciones de los levitas para con ella (¡!). De lo que no hay duda alguna es que su búsqueda ha sido una constante durante muchos siglos. Hay quien dice que los Templarios eligieron su primigenio emplazamiento con miras a encontrar la santa reliquia. No se sabe si se toparon o no con ella, pero parece claro que algo de valor sí debieron de hallar. En 1867, durante unas excavaciones en la Explanada de las Mezquitas, arqueólogos británicos descubrieron una serie de túneles que comunicaban la mezquita de Al-Aqsa con la Cúpula de la Roca, donde se suponía que estuvo anteriormente el Templo de Salomón. Dentro de los túneles, toda suerte de enseres utilizados por los templarios, prueba de que buscaban algo allí. En cualquier caso, el secreto murió en la hoguera con Jacques de Molay, último Gran Maestre del Temple, quemado en París en 1314. Hoy en día, otras fuentes cifran la ubicación del Arca en Etiopía, en los dominios que fueran de la Reina de Saba. Verdad o leyenda, lo cierto es que la historia rezuma un poso romántico que la hace sumamente atractiva. A propósito, no hay que confundir un Arca con otra. Más que nada, porque “la otra”, la de Noé, hay quien jura haberla visto -o lo que queda de ella- entre las nieves del monte Ararat, Turquía. Será cuestión de ir...

Antonio Hualde

Abogado

ANTONIO HUALDE es abogado e investigador de la Fundación Ortega y Gasset

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