TRIBUNA
Paralelismos (históricos) inexactos
José Manuel Cuenca Toribio
viernes 12 de diciembre de 2014, 19:55h
Un más grande escritor que articulista –(existe la frontera, aunque a las veces, muy sutil, entre el oficio de ambos lletraferits)- de un reputado diario de tirada nacional anatematizaba no ha mucho al actual presidente de gobierno por su obnubilación con la recuperación económica del país, con ostensible y flagrante descuido por la trepidante degradación del clima moral que lo envuelve hodierno. Para tan noble fin se valía del resonante discurso pronunciado en el Congreso de los Diputados por Donoso Cortés en diciembre de 1851 contra la política del mismo signo auspiciada decididamente por el general Narváez al frente del partido moderado, en los días de la formidable expansión económica de los inicios del reinado isabelino.
En tiempos de incurable miseria cultural e indecible postración de las Humanidades, bienvenido sea cualquier uso de la Historia. Pero, en verdad, para que éste sea el adecuado en orden a rendir frutos sociales de mínima entidad ha de hacerse con suma pulcritud, cuando no acribia. En el plano en que situaba el referido autor su excelente artículo –primordialmente por su envidiable escritura-, la indiscutible autoridad moral con la que se revestía al más famoso, junto con Castelar, orador de nuestro siglo XIX, adolecía de imprecisión. No obstante las elevadas dotes de inteligencia y saber del tribuno extremeño –para algunos de sus más prestigiosos biógrafos, el mayor talento político del ochocientos europeo…- , su perfil caracterológico no estaba, desde luego, a idéntica altura. Secretario y ninfa Egeria de la más aurívora de las reinas de España y aún de todas las dinastías hispánicas, y colaborador igualmente, en medida siquiera parcial, de uno de los personajes más tábidos que se desenvolvieron en sus cortes, el marido morganático de la antedicha regente, el exguardia de corps Fernando Muñoz, Donoso no estaba muy legitimado para investirse del papel de fiscal implacable del ambiente agiotista de la década moderada –repleto de mohatras, fraudes y delitos de toda suerte contra la Hacienda y la moral públicas-, en nombre de una pureza cívica a todas luces desmentida por buena parte de su vida a la sombra de la cuarta y bellísima mujer de Fernando VII.
Tampoco por la propia marcha de un país desprovisto, en el espacio de una generación, de su rango de potencia mundial y escenario durante un septenio de una excruciante y eversiva guerra civil. Tras coyuntura semejante, resultaba normal, si no lógico, que las generaciones nacidas con el consolidamiento del régimen liberal se entregaran con ardor a la creación y disfrute de bienes materiales, ausentes de España casi desde comienzos de siglo y la devastadora contienda contra el francés. Adentrada la nación por la senda de una nueva cultura no sólo política e ideológica sino igualmente económica y social, sus dirigentes no tenían otra opción que la de favorecer dicho proceso. En su construcción y recorrido se contaron, innegablemente, excesos y hasta desmanes y tropelías, registrándose sobre todo un pesaroso languidecer de la mos maiorum. De ahí, empero, a refrendar con datos inconcusos la catilinaria donosiana contra el tercer y más dilatado gabinete de “El Espadón de Loja” existe todo un ancho tramo que no puede documentarse historiográficamente. Índices varios y muy expresivos del estado de salud moral de una colectividad descubren una comunidad sin atrofia alguna relevante en su sistema circulatorio ético, aunque en pleno tránsito hacia una nueva etapa, con vigencias morales distintas en parte a las imperantes en el Antiguo Régimen.
¿Se podría hoy trazar un cuadro de la sociedad con semejanzas sobresalientes y peraltadas con la de hace más de siglo y medio? Muy aventurado. Por ello, es muy conveniente que en el análisis del pasado sus posibles paralelismos con el presente se dibujen con línea firme y honda sensibilidad temporal. Lección destacada de antiguos manuales y prontuarios hoy olvidados en la confusión universal de la pedagogía y en el extravío de las luchas banderizas.