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EL CHIVATO

Campañas publicitarias

sábado 13 de diciembre de 2014, 18:52h
Actualizado el: 13 de diciembre de 2014, 19:36h
Cómicos, periodistas, presentadores, caras conocidas y campeones de cosas, venden sus voluntades a cambio de dineros, en un intento de convencernos de que los productos que exhiben resultan imprescindibles para disfrutar la modernidad que nos aplasta. Sin tales bienes no merece la pena seguir viviendo: colchones, teléfonos, mágicos potingues rejuvenecedores y toda suerte de complementos fundamentales que, aconsejados por esos rostros tan familiares, pretenden gozar de nuestra confianza y que los compremos.

Los publicistas convencen –antes que a los receptores de sus mensajes- a sus paganos (que pagan) para gastar enormes cantidades, en la utilización de rostros conocidos (pronto propondrán a Nicolasito) sin que hayan demostrado aun, que el trasero de Julia Roberts vende más Lancôme que el de otra bella desconocida mucho menos costosa.

Además, el empleo de dignidades consejeras, siembra dudas sobre credibilidad de los personajes protagonistas: si el producto aconsejado con fruición, no cumple con lo prometido por el periodista conductor de nuestro informativo de referencia, ¿hemos de creer en su opinión sobre la actitud de tal o cual político? O lo del cómico que aconseja una especie de yogur conseguidor de felicidad y el presentador que se arroga su adscripción a la empresa propietaria del producto que anuncia: “somos; te vendemos; te ofrecemos…”. Todos arriesgan demasiado su prestigio profesional y su participación resulta inútilmente costosa para el anunciante.

Hubo un tiempo en que los periodistas, presentadores o actores participantes en programas en emisión, debían respetar un periodo establecido para prestar su colaboración en campañas publicitarias; en ningún país de nuestra Europa se permite que un periodista de aparición cotidiana participe en anuncios -­menos si son intercalados durante el informativo al que pertenece-. En Italia hasta se castiga con apartar de la profesión a quienes contravengan la existente Ley. Jeremy Bentham en su Deontology or the Science of Morality afirmaba ya en 1834: “La deontología es una rama de la ética cuyo propósito es establecer los deberes y obligaciones morales y éticas que tienen que asumir quienes ejercen una determinada profesión”. Aquí y ahora, ¡vale todo!
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