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TRIBUNA

I love money

viernes 26 de diciembre de 2014, 20:22h

El altruismo no es más que una forma perversa de egoísmo, ya que el altruista disfruta dando a los otros, pero de este modo también disfruta él […]. Por otra parte, el altruista necesita de egoístas ‘insanos’, personas que se habitúan a recibir sin dar y que, en consecuencia, no desarrollan su propio sentido de la responsabilidad”, (‘Psicosoluciones’. Giorgio Nardone).

La biología es muy poderosa y de la misma forma que el instinto sexual nos empuja a multiplicarnos (por mucho que queramos controlarlo), la codicia nos ayuda a imponernos (por mucho que queramos negarlo).Nos guste o no, la mayoría de los humanos viven, sueñan y luchan por dinero, cuando lo tienen desean no perderlo y casi siempre buscan multiplicarlo, la naturaleza de la especie, alimentada por el mismo elixir. ¡Es así!, al menos desde mi propia experiencia.

De familia de clase media, decidí estudiar Ciencias Económicas cuando tenía 16 años. En aquella época conocí al novio de una prima mía que conducía un flamante BMW 525 blanco. Tenía 40 años, llevaba una vida a ‘todo trapo’ y decía haber estudiado Económicas. Con el tiempo resultó no estar licenciado, su tren de vida estaba financiado por los demás y aprovechó cualquier oportunidad para ganar dinero y, por supuesto, para gastarlo. Conocerle fue definitivo en mi elección. Él, como yo, amaba el dinero, aunque tuvimos relaciones diferentes. Después de mis estudios, de unos cuantos bancos de inversión y de cinco años de ‘retiro financiero’, les puedo asegurar que he aprendido más sobre el dinero fuera del mundo de la banca que dentro.

En el mundo de las finanzas las reglas están muy claras, casi todos juegan a lo mismo, ganarlo y multiplicarlo, como en el Monopoly, no hay malentendidos ni confusiones. Como en los juegos, los participantes quieren ganar, unos harían cualquier cosa por vencer pero otros no desean hacerlo a costa de la desgracia ajena. No ‘todo vale’, para todos. Los tramposos aprenden rápido, es su naturaleza, observan cómo se hace, lo copian y lo perfeccionan. Aprovechados y honrados los hay en todas partes, aquí abundan los que hacen la vista gorda (por miedo). Y por desgracia, como en política, son muy pocos los que denuncian las injusticias, ‘normas de caballeros’ lo llaman.

Fuera del mundo financiero he amado pero también he sufrido por dinero. Desde pequeño, siempre tuve una extraña sensación que todavía hoy me acompaña, mi amor por ganar dinero ha sido casi tan fuerte como la necesidad de compartirlo, todavía hoy me sorprendo de los efectos que éste puede llegar a producir en mí y, por supuesto, en los demás.

Cuando lo he tenido, por poco o mucho que fuera, lo he mostrado como el pavo real que extiende sus plumas de vistosos colores, ‘aquí estoy yo, miradme’. La mayoría de las veces, al compartirlo he conseguido efectos no deseados, recelo o deseo, o se han aprovechado o me han rechazado. En algunas personas no ha provocado ni lo uno ni lo otro, seguramente han sentido cierta pena o indiferencia. No puedo culpar a nadie, sin quererlo yo he ido creando esas relaciones, mis propias plumas me cegaban y aún me nublan de vez en cuando. A medida que acumulaba, como la hormiga que guarda para peores momentos, el dinero iba creando en mí cierto temor. Curiosamente, el miedo puede cegar y el temor a perderlo puede hacer que se tomen decisiones de inversión equivocadas, por exceso o por defecto.No hay mejor forma de protegerlo que multiplicarlo, entonces el miedo puede convertirse en codicia. Invertirlo donde y cuando menos se debe puede hacer cumplir la profecía. Otras veces uno se queda congelado y no hace nada, dejar de ganar cuando el momento es claramente favorable tampoco es una buena inversión. Reconozco haber vivido y aprendido de lo uno y lo otro y doy gracias por no haber sido ni muy miedoso ni muy codicioso.

El dinero nos da poder, como la gran cornamenta se la da al ciervo, y éste puede ser utilizado de muchas maneras: para imponerse o para ayudar. Parece que sentirse superior por el hecho de tener más dinero es malo y que repartirlo es bueno, pero, ¿acaso hay mucha diferencia? El papel de generoso filántropo da mucho poder, como el gorila de lomo plateado que tiene bajo su manto a toda una manada de seguidores. Esta faceta, como no podía ser de otra forma, también produjo efectos colaterales no esperados, al menos en mi caso. Atraje muchas veces, sin quererlo, a quien menos lo necesitaba pero más lo deseaba. Ellos arriesgaban muy poco pero me regalaban mucho los oídos, oídos que no querían escuchar lo evidente: en el fondo lo hacía por mí y no por ellos, estaba pagando por su atención.

Por último, como el perro que protege su hueso y gruñe para alejar a quien se lo quiere arrebatar, el dinero me ha causado gran desazón cada vez que han intentado quitármelo a través del engaño o del abuso; depredadores modernos del nuevo ecosistema. Este efecto perverso aún me acompaña y demuestra que sufro de mal de amores, amor por lo mío y por mí mismo, por instinto y por supervivencia.

Como escribieron tantos sabios, ‘dios mío, concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valor para cambiar aquellas que sí puedo y sabiduría para diferenciar las unas de las otras’. Siento ser humano, qué le voy a hacer, saber cómo soy no quiere decir que quiera cambiarlo, es mi naturaleza, cada cual tiene una relación muy íntima con el dinero y yo tengo la mía. Ahora sé que el amor por el dinero, como los fármacos, tiene sus contraindicaciones, tanto el exceso como su ausencia nos debilita y nos hace más vulnerables.

¡Felices fiestas y próspero año nuevo!

Nacho López

Asesor Financiero

NACHO LÓPEZ, dedicado al mundo de la banca de inversión y comercial, al mercado de capitales, al análisis y al asesoramiento bursátil, ha trabajado en los principales bancos españoles y en otros internacionales de primera línea.

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