Arriesgarse
jueves 22 de mayo de 2008, 17:30h
No he leído todavía las memorias de Manuel Jiménez de Parga. Francesc de Carreras, que es un agudo testigo de buena parte del tiempo del magisterio de su maestro, en la presentación del libro que las contiene Vivir es arriesgarse nos ha trasladado el ánimo con que don Manuel ha afrontado las circunstancias, nada fáciles que le ha tocado vivir, tanto durante la dictadura como en el tiempo presente. El perfil corresponde a un hombre de convicciones serias. Un hombre reflexivo, un intelectual con la función de entender la realidad y, en lo posible transformarla, según los propios ideales. Como procede en alguien que cree en la virtud del dialogo, argumentado y libre, no exige complacencia con sus planteamientos, sólo comprensión y voluntad de discusión.
Me acuerdo muchas veces de él. Nadie como don Manuel ha dominado el análisis breve, sobre un aspecto, un momento de la realidad, que puede ser compleja y enrevesada, pero que tras la reflexión inteligente y sosegada queda manifiesta o al menos clarificada. Sus “noticias con acento” son verdaderamente un modelo periodístico bien difícil de superar.
Recuerdo la primera vez que lo vi. Se trataba de una visita que hizo a Valladolid. Curiosamente no fue la Universidad la institución que como parecía propio le invitó, pues don Manuel era a la sazón catedrático de Derecho Político de Barcelona, sino el Norte de Castilla, periódico en cuya sala de máquinas tuvo lugar la multitudinaria y brillante conferencia que impartió. Se trataba de un profesor cuya influencia rebasaba el recinto de las pobres paredes universitarias, entonces tan angostas, y llegaba a la mejor sociedad del momento, estimulando con su discurso las demandas de apertura y libertad de ésta. Casi cuando acababa mi licenciatura de derecho, no mucho tiempo después hacia 1968, tendría ocasión de visitar la facultad de Barcelona, en la que se procedía a leer una tesis monumental, por su calidad y extensión, sobre la Lliga regionalista de Cambó. En el recinto universitario catalán se estaba formando un plantel excelente de profesores a quienes el doctor Jiménez de Parga no preguntaba cómo pensaban, sino qué querían estudiar y con qué animo se ponían a la tarea. En el seminario de don Manuel se leería la primera tesis en catalán de toda la Universidad de Barcelona.
Para nosotros el profesor Jiménez de Parga era la referencia de un ambiente intelectual, el de las revistas Destino o El Ciervo, y de un mundo editorial universitario, que contrastaba con la pobreza de nuestra vida provinciana. Algo sabíamos ya de Vicens Vives y de Pierre Vilar. Todo ello constituía, como la nova cançó, una alternativa que quizás el tiempo calibraría como exageradamente imaginada, pero que nos deslumbró.
Son momentos de una biografía, de la que hemos hurtado episodios de censura y procesos judiciales ante los tribunales del franquismo, cuyo significado no debe ocultarse a quienes puedan pensar que la democracia constitucional ha llegado a España sola.
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Catedrático
Juan José Solozabal es catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad Autónoma de Madrid.
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