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TRIBUNA

Religión y terrorismo

sábado 10 de enero de 2015, 19:51h

La condena del acto terrorista de París debe ir acompañada de un esfuerzo de reflexión para explicar, jamás para justificar, la tragedia. La vida siempre está necesitada de un concepto para que no se nos pierda en el torbellino de su irracionalidad. De la vida, sí, puede aprenderse si somos capaces de darle claridad a través de la razón. El esclarecimiento, la interpretación, en fin, la explicación de una tragedia es una obligación moral de quien escribe y opina sobre el mundo. Lo diré de otro modo, los fanáticos y los asesinos siempre va a existir, pero nosotros tenemos el deber de combatirlos no sólo con las armas sino también con las letras, como diría Cervantes. Necesitamos conceptos para saber qué está pasando. Y creo que uno de ellos, y de momento fundamental, es saber qué es una religión. Europa en este punto parece perdida. Navega sin rumbo. Se desprecia tanto la noción, el concepto, de religión que parece que todo nos estuviera permitido a la hora de reírse y despreciar al ciudadano religioso.

Los asesinos de Paris son, en efecto, crueles terroristas y parece que matan en nombre de Alá, pero eso no implica que nosotros estigmaticemos a una religión, en este caso el islam. Eso sería peor que arbitrario, sería confundir no sólo causas y efectos, sino desconocer el poderío de una religión para comprender y vivir en el mundo. Millones de europeos se sienten tan orgullosos de la modernidad como de su origen, el cristianismo. Millones de europeos son, en efecto, extremadamente respetuosos con todas las religiones, porque son sistemas de creencias que dan sentido a la existencia. Pero, por otro lado, también hay millones de europeos que consideran un mal, uno de los peores males de la humanidad, practicar cualquier religión. Por ahí viene, en mi opinión, uno de los grandes problemas de Europa. La falta de respeto por la religión puede traernos consecuencias gravísimas.

El problema, pues, no es la religión sino la gente que no tiene respeto alguno por ella. El problema en Francia no es el islam, sino la negación gratuita y blasfema de los creyentes musulmanes. El problema en Europa no es el islam, sino la negación despectiva de millones de europeos que hacen del Islam su primera seña de identidad. El problema no es condenar el acto terrorista del semanario Charlie Hebdo, sino culpabilizar a la religión islámica de esos terribles crímenes como ha hecho la señora Marine le Pen, principal dirigente del Frente Nacional. Quien generaliza el pavoroso crimen contra los periodistas deCharlie Hebdo a toda una religión está cometiendo algo peor que un error, oculta los problemas esenciales a los que se enfrenta Europa, entre los que ocupa la primera posición: convertir al islam en el chivo expiatorio de todos los males de Europa. Tampoco creo que contribuya al afán de convivencia con los musulmanes que habitan Europa, un 3´9 % de la población, más o menos veinte millones de personas, la simple apelación genérica a la libertad de expresión… Una libertad de expresión que no vaya acompañada de contenidos concretos apenas es un flatus vocis. Nadie tiene libertad para insultar gratuitamente a otro, y menos por practicar una religión, aunque los insultos se apoyasen en alguna verdad.

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