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A PEDRO ARRIOLA LE SALEN LAS CUENTAS, PERO NO LOGRA CONTAGIAR EL OPTIMISMO

El Partido Popular prepara actos ordinarios para una campaña sin precedentes en España

Alberto López Marín
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albertolopezelimparciales/13/7/13/25
lunes 12 de enero de 2015, 11:52h
Carlos Floriano dirigirá la campaña de los populares.
Mariano Rajoy, presidente del Gobierno y del Partido Popular. Efe
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Mariano Rajoy, presidente del Gobierno y del Partido Popular. Efe

La campaña ha comenzado. Mariano Rajoy reunió el sábado a la dirección del Partido Popular en Toledo, donde trataron de definir el estado de las cosas y una estrategia a la medida. Hay unidad en torno a la intención de conseguir los objetivos, pero demasiadas dudas en relación con el lugar que ocupan en el mapa electoral. Pedro Arriola sitúa la intención de voto próxima al 30 por ciento, muy por encima de las estimaciones de recientes sondeos en prensa, y no cree que los apoyos perdidos se hayan mudado a otras siglas sino que engrosan la abstención, por lo que hay margen para recuperarlos.

No todos son tan optimistas. La idea generalizada entre los poderes de Génova es que las generales no están ganadas, pero tampoco, ni mucho menos, perdidas. Por este motivo, y por las cercanas autonómicas y municipales –no lo suficientemente próximas como para que Rajoy se decida con los candidatos en algunos de los principales feudos-, la cúpula ha determinado ocupar los fines de semana que restan en movilizar a los principales dirigentes por la geografía nacional, empezando por el propio presidente de los 'populares' y del Gobierno.

En línea con el carácter de este último o del asesor Arriola, no hay que esperar discursos rompedores o grandes cambios en las formas de comunicar, con actos en espacios cerrados a discrepantes, amplias sonrisas, apariencia de unidad y un concepto fundamental: estabilidad. El PP quiere liderar la consigna del orden frente a, aseguran, un hipotético desequilibrio causado por fuerzas de distinta naturaleza dentro de la izquierda que han llegado para destruir lo construido.

Un PSOE débil
Si este bloque hostil consigue el poder o un importante número de escaños, añaden, España será vista con desconfianza desde Europa y los inversores se decantarán por opciones más seguras; afirmaciones que irán seguidas de predicciones con parecido resultado sobre la deuda o el paro. Podemos, al que no habrá menciones explícitas pero sí permanentes, es la amenaza por lo agresivo de sus proclamas y el rupturismo de sus propuestas en comparación con los programas de los tradicionales. El Partido Socialista les preocupa poco y, paradójicamente, desearían que no fuera así.

Como admitió ante los periodistas asistentes a la copa de Navidad en La Moncloa, Rajoy no entiende la marcha de Alfredo Pérez Rubalcaba, la considera un "gran error", más aún tras conocer a su relevo, Pedro Sánchez, en quien ve mera fachada e indefinición. De hecho, no lo encuentra rival duro de cara al debate sobre el estado de la Nación, previsiblemente en febrero, sobre todo al haberse impuesto en anteriores al hábil orador Pérez Rubalcaba. En definitiva, el PP no desea un hundimiento del PSOE en pro de necesidad de una alianza frente a los nuevos.

Aunque "sólo" se trate de encuestas, Albert Rivera empieza a suponer otro problema que urge resolver. El mensaje de unidad, seña de identidad del PP, gana peso en Ciudadanos en detrimento de sus tradicionales abanderados. Génova también ha de calmar su relación con las víctimas del terrorismo y no menos con los círculos antiabortistas, para los que habrá algún que otro anuncio en las próximas semanas por parte de Alfonso Alonso. La victoria, por último, pasa por convencer de que España hoy crece, y que Rajoy es merecedor de la reelección para poder gestionar aquello que ha levantado porque dejar el país en otras manos, razonarán, significará que estos cuatro años no han servido de nada.

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